Agridulce.
Claroscuro.
Altibajo.
Vaivén.
Tragicómico.
Duermevela...
Antónimos abrazados en la misma palabra -igual que esos contrastes que albergamos dentro-. Contrarios que no se contrarían. Opuestos que no se oponen, que se atraen como polos eléctricos.
Contra(di)cción es contracción. O, como decía Machado: contrario suele ser complementario.
No sé quiénes inventaron esas voces híbridas, pero seguro que al hacerlo se miraron a sí mismos.
Thursday, January 31, 2008
Wednesday, January 30, 2008
Sostenerla o enmendarla
Ni el soy ni el seré son rehenes del fui. Así que permitámonos cambiar. De ideas, de criterios, de valores, de fines… Con el único filtro, quizás, de poner por escrito por qué cambiamos: qué nos ha llevado a mudar de opinión. Primero lo escribiremos (para nosotros, no para los demás), luego lo leeremos y por último, si nos convence, consumaremos el cambio. “-A partir de ahora pienso así”.
Pagado ese pequeño tributo a aquello en lo que creímos, permitámonos cambiar sin miedo.
Pagado ese pequeño tributo a aquello en lo que creímos, permitámonos cambiar sin miedo.
Memorias de África
Un médico español viaja periódicamente a países africanos (Mozambique, Malawi, Etiopía, Tanzania…), donde pasa temporadas asistiendo, con su experiencia clínica, a los enfermos de aquellos lugares. Al final del día escribe, en unos cuadernos (y con el corazón), sus vivencias. Esos cuadernos, ahora publicados en forma de libro, recogen historias de enorme crudeza, realidades que desearíamos que no existiesen. Pero existen.
Como ésta:
Tenía un año apenas y yacía delante de mí. Hacía tan sólo unas horas, justo antes de que viniera a buscarme el enfermero, había ingresado. Se llamaba Elsa. Elsa Mkwoyani, y yo la había visto convulsionar hacía poco, con los ojitos desquiciados, mirando más allá de las estrellas; en plena pelea, luchando, jadeando y en silencio, mientras su madre agarraba el brazo del suero en mitad de las convulsiones. Malaria cerebral. Llegó hoy. Cinco días febril. Medicina tradicional. Ningún resultado.
Elsa respira a bocanadas breves y muy rápidas. Elsa mira hacia la nada. Elsa inunda sus mejillas con espumarajos de algodón. Elsa se cansó. Reventó su cerebro infantil devorado por la malaria… Cuando llegué, aún estaba caliente… aunque ella ya se había marchado. Elsa ya no estaba. Hacía muy poco que se había ido, cruzando el firmamento. Tenía la piel templada aún por la fiebre y comenzaban a saltar los piojos del cabello, correteando por la camilla. Ellos ya habían adivinado que se terminaba la vida…
Leo: el coste de una mosquitera impregnada con piretrinas es de 10 dólares, y el mantenimiento anual de las piretrinas para impregnarla entre 0,5 y 1 dólar. Si se utilizaran en los lugares donde la malaria campa a sus anchas, se salvaría la vida de uno de cada cuatro niños que mueren por culpa del mosquito. Esto supone menos gasto que una hora de aparcamiento de París, Londres o Nueva York.
Entonces lloro. Lloro como un niño asustado. Lloro de rabia, de impotencia, de culpa, mientras vuelvo a iluminar con mi linterna las pupilas de Elsa, por si por un milagro aún no escrito hubiera en ellas alguna reacción. Lloro asustado y culpable mientras los ojos cristalinos de Elsa, negros como esta noche africana huérfana de estrellas, se tornan lacios y hueros…
La imagen del día, de la noche, la imagen de la vida es el rostro ausente y sin luz de Elsa. Sus manos a medio cerrar, su apenas un año arrancado de cuajo en el silencio, todas sus sonrisas y sus lágrimas aún por hacer, su piel de ébano tibio y marchito como una acacia abrasada. Y sobre todo el brillo exangüe de sus ojos azabaches, que se me han clavado en la frente como dos disparos de rabia, creo que para siempre.
El libro se llama Piel de azabache y quien narra sus vivencias es Francisco J. Panadero. Los beneficios obtenidos con su venta se destinan a ONGs de ayuda al desarrollo en África. El libro puede encargarse en www.publicacionesacuman.unlugar.com
Obviamente yo no soy nadie para pedirte que lo compres. Pero, aun así, te lo pido.
Como ésta:
Tenía un año apenas y yacía delante de mí. Hacía tan sólo unas horas, justo antes de que viniera a buscarme el enfermero, había ingresado. Se llamaba Elsa. Elsa Mkwoyani, y yo la había visto convulsionar hacía poco, con los ojitos desquiciados, mirando más allá de las estrellas; en plena pelea, luchando, jadeando y en silencio, mientras su madre agarraba el brazo del suero en mitad de las convulsiones. Malaria cerebral. Llegó hoy. Cinco días febril. Medicina tradicional. Ningún resultado.
Elsa respira a bocanadas breves y muy rápidas. Elsa mira hacia la nada. Elsa inunda sus mejillas con espumarajos de algodón. Elsa se cansó. Reventó su cerebro infantil devorado por la malaria… Cuando llegué, aún estaba caliente… aunque ella ya se había marchado. Elsa ya no estaba. Hacía muy poco que se había ido, cruzando el firmamento. Tenía la piel templada aún por la fiebre y comenzaban a saltar los piojos del cabello, correteando por la camilla. Ellos ya habían adivinado que se terminaba la vida…
Leo: el coste de una mosquitera impregnada con piretrinas es de 10 dólares, y el mantenimiento anual de las piretrinas para impregnarla entre 0,5 y 1 dólar. Si se utilizaran en los lugares donde la malaria campa a sus anchas, se salvaría la vida de uno de cada cuatro niños que mueren por culpa del mosquito. Esto supone menos gasto que una hora de aparcamiento de París, Londres o Nueva York.
Entonces lloro. Lloro como un niño asustado. Lloro de rabia, de impotencia, de culpa, mientras vuelvo a iluminar con mi linterna las pupilas de Elsa, por si por un milagro aún no escrito hubiera en ellas alguna reacción. Lloro asustado y culpable mientras los ojos cristalinos de Elsa, negros como esta noche africana huérfana de estrellas, se tornan lacios y hueros…
La imagen del día, de la noche, la imagen de la vida es el rostro ausente y sin luz de Elsa. Sus manos a medio cerrar, su apenas un año arrancado de cuajo en el silencio, todas sus sonrisas y sus lágrimas aún por hacer, su piel de ébano tibio y marchito como una acacia abrasada. Y sobre todo el brillo exangüe de sus ojos azabaches, que se me han clavado en la frente como dos disparos de rabia, creo que para siempre.
El libro se llama Piel de azabache y quien narra sus vivencias es Francisco J. Panadero. Los beneficios obtenidos con su venta se destinan a ONGs de ayuda al desarrollo en África. El libro puede encargarse en www.publicacionesacuman.unlugar.com
Obviamente yo no soy nadie para pedirte que lo compres. Pero, aun así, te lo pido.
Tuesday, January 29, 2008
Borra eso
Irreversibilidad de los pasos. Actos sin marcha atrás, sin tecla supr para cancelarlos ni botón rewind para rebobinar.
Puedes quemar algo, pero no desquemarlo.
Puedes freír un huevo, pero no desfreírlo.
Puedes cortar a un pájaro sus alas, pero no -después- unírselas.
Puedes difamar a alguien, pero no desdifamarle.
Puedes herir a otro, pero no desherirle. Matarle, pero no devolverle a la vida.
Irreparabilidad de tus hechos. Puedes (a veces) enmendarlos, pero no deshacerlos. Puedes tacharlos y encima escribir perdón, lo siento…, pero no puedes suprimirlos con goma de borrar.
Puedes quemar algo, pero no desquemarlo.
Puedes freír un huevo, pero no desfreírlo.
Puedes cortar a un pájaro sus alas, pero no -después- unírselas.
Puedes difamar a alguien, pero no desdifamarle.
Puedes herir a otro, pero no desherirle. Matarle, pero no devolverle a la vida.
Irreparabilidad de tus hechos. Puedes (a veces) enmendarlos, pero no deshacerlos. Puedes tacharlos y encima escribir perdón, lo siento…, pero no puedes suprimirlos con goma de borrar.
Monday, January 28, 2008
Cómo lo ves
Cuando subimos por una superficie inclinada, es una rampa. Cuando bajamos, es una pendiente.
Un ángulo formado por dos paredes, visto desde dentro, es un rincón. Visto desde fuera, es una esquina.
Los mismos animales que cuando están en el mar o en el río son peces, en la tienda y en la mesa son pescado.
Más puntos de vista:
Si lo que varios gritan nos agrada, esas personas dan gritos. Si nos molesta, entonces profieren gritos.
Si una creencia se mira con respeto, es una religión. Si se mira sin respeto, es una superstición. En el primer caso sus seguidores forman una confesión religiosa. En el segundo caso forman una secta.
Matar a una persona en tiempo de paz es un homicidio o un asesinato. Durante una guerra es un deber patriótico.
Ocupar por la fuerza un terreno ajeno se llama usurpación. Ocupar por la fuerza un país o un continente se llama conquista.
Cuestión de perspectiva, de ángulo de enfoque; de cómo contemplar ( no con los ojos, sino con la intención) las mismas cosas.
Un ángulo formado por dos paredes, visto desde dentro, es un rincón. Visto desde fuera, es una esquina.
Los mismos animales que cuando están en el mar o en el río son peces, en la tienda y en la mesa son pescado.
Más puntos de vista:
Si lo que varios gritan nos agrada, esas personas dan gritos. Si nos molesta, entonces profieren gritos.
Si una creencia se mira con respeto, es una religión. Si se mira sin respeto, es una superstición. En el primer caso sus seguidores forman una confesión religiosa. En el segundo caso forman una secta.
Matar a una persona en tiempo de paz es un homicidio o un asesinato. Durante una guerra es un deber patriótico.
Ocupar por la fuerza un terreno ajeno se llama usurpación. Ocupar por la fuerza un país o un continente se llama conquista.
Cuestión de perspectiva, de ángulo de enfoque; de cómo contemplar ( no con los ojos, sino con la intención) las mismas cosas.
Saturday, January 26, 2008
Gente importante
He oído (y supongo que será verdad) que, de todas las especies que pueblan el planeta, sólo una depende absolutamente del ser humano para subsistir.
Esa especie es el piojo. Aunque tampoco todos los piojos: sólo la variedad que parasita al hombre.
Al parecer, esta clase de piojo solamente puede alimentarse de sangre humana. Evolucionó con nosotros y por eso no le sirve la sangre de ningún otro animal.
Así que, si de pronto un día todos los humanos nos extinguiéramos, la única especie que automáticamente desaparecería sería ésta. El piojo y nadie más.
Ninguna otra especie nos necesita. Ningún otro ser nos echaría en falta.
Tan importantes somos.
Esa especie es el piojo. Aunque tampoco todos los piojos: sólo la variedad que parasita al hombre.
Al parecer, esta clase de piojo solamente puede alimentarse de sangre humana. Evolucionó con nosotros y por eso no le sirve la sangre de ningún otro animal.
Así que, si de pronto un día todos los humanos nos extinguiéramos, la única especie que automáticamente desaparecería sería ésta. El piojo y nadie más.
Ninguna otra especie nos necesita. Ningún otro ser nos echaría en falta.
Tan importantes somos.
Friday, January 25, 2008
Desconsciencia
Me inertizaré. Se reordenarán las moléculas. Mi carbono, mi hidrógeno, mi oxígeno, mi sodio... pasarán a estar de otra manera. Ya no componiéndome, ya no en este cuerpo, ya no míos. Pero seguirán. Ellos por su lado y yo por ninguno.
Thursday, January 24, 2008
Bajas
Hay otros eufemismos, pero tal vez ninguno tan cínico como éste.
Seguramente se usó antes, pero (quizás por la edad que tengo) empecé a oírlo con motivo de las intervenciones militares en Kuwait, Irak y Afganistán.
Me refiero al término bajas para referirse a soldados muertos en combate (especialmente a los del ejército propio).
Baja en vez de hombre o mujer muertos. Baja en vez de cadáver. Baja en vez de ataúd…
En el fondo no creo que nadie se llame a engaño. No creo que nadie se deje estafar por la fonética (igual que si alguien dice “voy al baño” todos sabemos a qué va). No creo en el poder de las palabras para cambiar (ni siquiera amortiguar) la realidad que designan. Esas máscaras léxicas son casi de cristal.
Pero quienes emplean el término bajas para aludir a muertos de guerra están demostrando que, si pudieran ocultárnoslos, si pudieran mentirnos… lo harían.
Seguramente se usó antes, pero (quizás por la edad que tengo) empecé a oírlo con motivo de las intervenciones militares en Kuwait, Irak y Afganistán.
Me refiero al término bajas para referirse a soldados muertos en combate (especialmente a los del ejército propio).
Baja en vez de hombre o mujer muertos. Baja en vez de cadáver. Baja en vez de ataúd…
En el fondo no creo que nadie se llame a engaño. No creo que nadie se deje estafar por la fonética (igual que si alguien dice “voy al baño” todos sabemos a qué va). No creo en el poder de las palabras para cambiar (ni siquiera amortiguar) la realidad que designan. Esas máscaras léxicas son casi de cristal.
Pero quienes emplean el término bajas para aludir a muertos de guerra están demostrando que, si pudieran ocultárnoslos, si pudieran mentirnos… lo harían.
Wednesday, January 23, 2008
Fracción
Cada yo, cada tú, cada él somos (aproximadamente) 1/7.000.000.000 de humanidad. Una porción ínfima. El cociente resulta 0,00000000014. Según esto, individualmente somos -desde un punto de vista estadístico- desechables, marginales, prescindibles. Evitemos el término despreciables. Despreciable es más bien ese modo estadístico de ver a cada uno.
Tuesday, January 22, 2008
Qué dolor
Nadie estuvo nunca dentro de un animal para saber lo que siente, así que no conocemos a ciencia cierta cómo experimentan dolor los animales.
Querría que alguien me aclarara, sobre bases científicas, si todos los animales sienten dolor.
He oído que los insectos y otros invertebrados no experimentan dolor debido al escaso desarrollo de su sistema nervioso. También se dice que la percepción del dolor en peces y reptiles, en el supuesto de que exista, no sería comparable a la nuestra. No sé si todo esto es riguroso.
Pero de los animales más complejos (aves y, sobre todo, mamíferos), con un sistema neurológico desarrollado, no cabe dudar de que sienten dolor.
A los caballos se los espolea para forzarles a galopar, a las vacas se las rodea de vallas electrificadas para que no las salten por temor a la descarga, etc. O sea, que sienten dolor. Los amos de un perro o de un gato saben bien que el animal emite una especie de chillido cuando se le pisa por descuido. Con buen criterio, estas personas generalmente optan por sacrificar al animal para evitarle dolor cuando su muerte es ya inevitable.
O sea, que no es dudoso que los animales, o al menos buena parte de ellos, experimentan dolor.
Los defensores de la lidia arguyen interesadamente que los toros bravos no sufren dolor, pero saben bien que tal afirmación carece de consistencia. El dolor físico tiene unas bases neurofisiológicas que no dependen de la inteligencia, sino de la transmisión y recepción de impulsos por las fibras nerviosas.
Siendo así, no existe diferencia sustancial entre el dolor animal y el dolor humano.
Constituye una exigencia ética de nuestro desarrollo intelectivo el rechazo de todo dolor gratuito. El dolor sólo está legitimado para evitar otro dolor mayor. De otro modo, causar dolor es obsceno.
Si los humanos disponemos de medios para evitar el sufrimiento incluso en la crianza y sacrificio de animales para alimentación, debemos aplicar tales métodos.
Lo contrario es una actitud irresponsable, contraria a nuestra estatura moral como especie. Y por encima de eso no debería prevalecer ninguna consideración estética, ni festiva, ni de ningún otro tipo.
Este planteamiento puede ser burdamente criticado. Se nos dirá que en tal caso no deberíamos eliminar a los mosquitos, las plagas de langosta, los piojos, etc. Pero es una argucia tramposa: no se trata de excluir la eliminación de animales dañinos para el hombre, sino de hacerlo sin producirles dolor innecesario.
La no causación de dolor es el primer deber de la inteligencia. Justificar a quien causa dolor pudiendo no causarlo, es legitimar el ensañamiento.
Querría que alguien me aclarara, sobre bases científicas, si todos los animales sienten dolor.
He oído que los insectos y otros invertebrados no experimentan dolor debido al escaso desarrollo de su sistema nervioso. También se dice que la percepción del dolor en peces y reptiles, en el supuesto de que exista, no sería comparable a la nuestra. No sé si todo esto es riguroso.
Pero de los animales más complejos (aves y, sobre todo, mamíferos), con un sistema neurológico desarrollado, no cabe dudar de que sienten dolor.
A los caballos se los espolea para forzarles a galopar, a las vacas se las rodea de vallas electrificadas para que no las salten por temor a la descarga, etc. O sea, que sienten dolor. Los amos de un perro o de un gato saben bien que el animal emite una especie de chillido cuando se le pisa por descuido. Con buen criterio, estas personas generalmente optan por sacrificar al animal para evitarle dolor cuando su muerte es ya inevitable.
O sea, que no es dudoso que los animales, o al menos buena parte de ellos, experimentan dolor.
Los defensores de la lidia arguyen interesadamente que los toros bravos no sufren dolor, pero saben bien que tal afirmación carece de consistencia. El dolor físico tiene unas bases neurofisiológicas que no dependen de la inteligencia, sino de la transmisión y recepción de impulsos por las fibras nerviosas.
Siendo así, no existe diferencia sustancial entre el dolor animal y el dolor humano.
Constituye una exigencia ética de nuestro desarrollo intelectivo el rechazo de todo dolor gratuito. El dolor sólo está legitimado para evitar otro dolor mayor. De otro modo, causar dolor es obsceno.
Si los humanos disponemos de medios para evitar el sufrimiento incluso en la crianza y sacrificio de animales para alimentación, debemos aplicar tales métodos.
Lo contrario es una actitud irresponsable, contraria a nuestra estatura moral como especie. Y por encima de eso no debería prevalecer ninguna consideración estética, ni festiva, ni de ningún otro tipo.
Este planteamiento puede ser burdamente criticado. Se nos dirá que en tal caso no deberíamos eliminar a los mosquitos, las plagas de langosta, los piojos, etc. Pero es una argucia tramposa: no se trata de excluir la eliminación de animales dañinos para el hombre, sino de hacerlo sin producirles dolor innecesario.
La no causación de dolor es el primer deber de la inteligencia. Justificar a quien causa dolor pudiendo no causarlo, es legitimar el ensañamiento.
Monday, January 21, 2008
Del mismo material
Si la bioquímica del amor, la bioquímica del odio, la bioquímica del egoísmo, la bioquímica de la piedad son, desde el punto de vista material, una misma bioquímica; si todos ellos se generan y accionan mediante idénticos procesos neuronales... entonces, ¿en qué se diferencian, cerebralmente, unos y otros?
Saturday, January 19, 2008
Huéspedes
Cuando yo tenía 12 años sabía hacer raíces cuadradas. Ahora no sé.
Cuando tenía 14 años sabía hallar fórmulas químicas. Ahora no sé.
Cuando tenía 16 años conocía las cinco declinaciones latinas. Ahora no las sé.
El cerebro las borró, las difuminó. Tuvo que dejar sitio a otros huéspedes. No había espacio para todos los inquilinos.
A la mayoría de los adultos nos suspenderían en un examen de primaria. Nos excusaríamos: "Esto una vez lo supimos, pero ya no lo sabemos. Lo hemos olvidado".
¿Sé más ahora que cuando tenía 12 ó 14 años? No, tal vez incluso sepa menos. Lo único claro es que sé cosas distintas.
Cuando tenía 14 años sabía hallar fórmulas químicas. Ahora no sé.
Cuando tenía 16 años conocía las cinco declinaciones latinas. Ahora no las sé.
El cerebro las borró, las difuminó. Tuvo que dejar sitio a otros huéspedes. No había espacio para todos los inquilinos.
A la mayoría de los adultos nos suspenderían en un examen de primaria. Nos excusaríamos: "Esto una vez lo supimos, pero ya no lo sabemos. Lo hemos olvidado".
¿Sé más ahora que cuando tenía 12 ó 14 años? No, tal vez incluso sepa menos. Lo único claro es que sé cosas distintas.
Friday, January 18, 2008
Franco
Franco, según el diccionario, es "liberal, dadivoso, bizarro y elegante".
Franqueza significa "liberalidad, generosidad, sinceridad, lisura, abertura de corazón, ingenuidad".
Francamente quiere decir "con franqueza y sinceridad".
Quizá sean las palabras más bonitas del idioma. Pero Franco es también un apellido en nuestra historia, y de ahí que actualmente se asocie a dictadura, a sesgo, a ocultación... O sea, a lo contrario de lo que significa.
Seguramente por eso apenas empleamos la palabra franco. El concepto sigue ahí, en el diccionario de la Academia, pero la palabra nos la han ensuciado.
¿Cuándo perderá su actual resonancia, su connotación? ¿Cuándo la palabra volverá a ser lo que era?
Franqueza significa "liberalidad, generosidad, sinceridad, lisura, abertura de corazón, ingenuidad".
Francamente quiere decir "con franqueza y sinceridad".
Quizá sean las palabras más bonitas del idioma. Pero Franco es también un apellido en nuestra historia, y de ahí que actualmente se asocie a dictadura, a sesgo, a ocultación... O sea, a lo contrario de lo que significa.
Seguramente por eso apenas empleamos la palabra franco. El concepto sigue ahí, en el diccionario de la Academia, pero la palabra nos la han ensuciado.
¿Cuándo perderá su actual resonancia, su connotación? ¿Cuándo la palabra volverá a ser lo que era?
Thursday, January 17, 2008
A quién creer
Una reciente sentencia del Tribunal Constitucional español ha declarado que no es delictivo negar la realidad histórica de los campos de concentración nazis. El tribunal viene a decir que una manifestación de este tipo está amparada por la libertad de expresión, por el derecho a exponer libremente opiniones; y sólo puede criminalizarse si se hace con un fin denigrante o de apología del racismo.
A fin de cuentas, a nadie debe encarcelarse por el simple hecho de sostener disparates históricos. Afirmar que las pirámides de Egipto fueron erigidas por extraterrestres o que Alejandro Magno descubrió América, son aberraciones intelectuales, pero no actos sancionables por el Código Penal.
Lo anterior no es muy distinto de lo que ocurre actualmente con la llamada “novela histórica”: narraciones en que se mezclan, sin distinción alguna, hechos históricos contrastados y suposiciones fantasiosas carentes de rigor.
Tampoco puede criminalizarse a quienes, en contra de criterios científicos generalmente aceptados, niegan la realidad de la evolución y la selección natural de las especies. En la actualidad hay varios grupos “creacionistas” (no sólo en los Estados Unidos) que por motivos religiosos defienden tesis contrarias a las expuestas por Darwin y comúnmente admitidas por la moderna biología.
Parece ser, por otro lado, que algunos científicos falsean o exageran el resultado de sus experimentos para así obtener apoyo económico (público o privado) a sus investigaciones, haciendo creer a los financiadores que sus proyectos progresan exitosamente.
El problema de todo esto es cómo conocer la verdad histórica, la verdad científica, la verdad que nos rodea…Cómo distinguir las afirmaciones honestas y veraces de aquéllas que no lo son.
Aunque la verdad pueda ser dura, difícil de aceptar o incluso aburrida, lo que está claro es que resulta necesaria.
Y si quienes defienden posturas inveraces (por motivos económicos, de creencias, etc) son intelectuales investidos de un título académico, ¿cómo entonces saber que lo que afirman no es real?
Se supone que la mayoría de los investigadores actúan con honestidad intelectual, pero nadie puede estar seguro de que siempre sea así. ¿Qué pasará si un día son mayoritarios los que deforman la realidad?
Tal vez haya que acabar creando “comisiones de la verdad”, grupos de trabajo integrados por estudiosos que, exentos de intereses personales y de prejuicios religiosos e ideológicos, indaguen y difundan imparcialmente la verdad.
Esto podría ser una solución. Pero ¿existen personas absolutamente limpias de intereses y prejuicios? Y si las hay, ¿cómo seleccionarlas?
A fin de cuentas, a nadie debe encarcelarse por el simple hecho de sostener disparates históricos. Afirmar que las pirámides de Egipto fueron erigidas por extraterrestres o que Alejandro Magno descubrió América, son aberraciones intelectuales, pero no actos sancionables por el Código Penal.
Lo anterior no es muy distinto de lo que ocurre actualmente con la llamada “novela histórica”: narraciones en que se mezclan, sin distinción alguna, hechos históricos contrastados y suposiciones fantasiosas carentes de rigor.
Tampoco puede criminalizarse a quienes, en contra de criterios científicos generalmente aceptados, niegan la realidad de la evolución y la selección natural de las especies. En la actualidad hay varios grupos “creacionistas” (no sólo en los Estados Unidos) que por motivos religiosos defienden tesis contrarias a las expuestas por Darwin y comúnmente admitidas por la moderna biología.
Parece ser, por otro lado, que algunos científicos falsean o exageran el resultado de sus experimentos para así obtener apoyo económico (público o privado) a sus investigaciones, haciendo creer a los financiadores que sus proyectos progresan exitosamente.
El problema de todo esto es cómo conocer la verdad histórica, la verdad científica, la verdad que nos rodea…Cómo distinguir las afirmaciones honestas y veraces de aquéllas que no lo son.
Aunque la verdad pueda ser dura, difícil de aceptar o incluso aburrida, lo que está claro es que resulta necesaria.
Y si quienes defienden posturas inveraces (por motivos económicos, de creencias, etc) son intelectuales investidos de un título académico, ¿cómo entonces saber que lo que afirman no es real?
Se supone que la mayoría de los investigadores actúan con honestidad intelectual, pero nadie puede estar seguro de que siempre sea así. ¿Qué pasará si un día son mayoritarios los que deforman la realidad?
Tal vez haya que acabar creando “comisiones de la verdad”, grupos de trabajo integrados por estudiosos que, exentos de intereses personales y de prejuicios religiosos e ideológicos, indaguen y difundan imparcialmente la verdad.
Esto podría ser una solución. Pero ¿existen personas absolutamente limpias de intereses y prejuicios? Y si las hay, ¿cómo seleccionarlas?
Wednesday, January 16, 2008
¿Y luego qué?
Una vez leí un antiguo relato chino, que dice así:
“Un hombre se creía más inteligente que nadie. Un día, viendo que uno de sus vecinos pescaba con su caña en un estanque y que no había cogido muchos peces, se burló de lo torpe que era.
-Hombre, no cunde mucho esa manera de pescar. Voy a enseñarte otro método mejor.
Y empezó a evacuar las aguas del estanque…”.
Lo que estamos haciendo con el planeta, con sus recursos naturales, con su temperatura y su clima (la única temperatura y el único clima -que sepamos- compatibles con la vida) se parece mucho a eso.
“Un hombre se creía más inteligente que nadie. Un día, viendo que uno de sus vecinos pescaba con su caña en un estanque y que no había cogido muchos peces, se burló de lo torpe que era.
-Hombre, no cunde mucho esa manera de pescar. Voy a enseñarte otro método mejor.
Y empezó a evacuar las aguas del estanque…”.
Lo que estamos haciendo con el planeta, con sus recursos naturales, con su temperatura y su clima (la única temperatura y el único clima -que sepamos- compatibles con la vida) se parece mucho a eso.
Tuesday, January 15, 2008
Guerra y paz
El escritor francés André Malraux estuvo en España durante la Guerra Civil de 1936-9. Se alistó, como otros intelectuales europeos, en las Brigadas Internacionales y organizó una escuadrilla aérea para colaborar en la defensa de la República.
Malraux recopiló sus experiencias de aquella guerra en un libro titulado L´ Espoir (La Esperanza).
Entre los hechos que narra está lo ocurrido cuando, para preparar una operación de guerra, pidió a unos hombres (colaboradores improvisados) que le llevaran un camión cargado de granadas. Se refería lógicamente a granadas de mano, pero aquellos hombres (en su mayoría campesinos) entendieron que aludía a frutos del granado, y le proporcionaron un cargamento de granadas comestibles. En vez de granadas de guerra, le llevaron granadas de paz.
Malraux añade que finalmente hubieron de improvisar unas “granadas” artesanales, que confeccionaron metiendo pólvora dentro de cencerros metálicos (de ésos que se cuelgan a las vacas).
La lectura de estas vivencias refleja la gran distorsión que aquel enfrentamiento debió de causar en la vida de muchos hombres y mujeres, por si no tuvieran ya bastante con afrontar su pobreza y su ignorancia. En el caso de aquellos campesinos, a la habitual adversidad natural (el pedrisco, las sequías, las heladas…) se añadió la adversidad artificial que toda guerra implica.
Malraux recopiló sus experiencias de aquella guerra en un libro titulado L´ Espoir (La Esperanza).
Entre los hechos que narra está lo ocurrido cuando, para preparar una operación de guerra, pidió a unos hombres (colaboradores improvisados) que le llevaran un camión cargado de granadas. Se refería lógicamente a granadas de mano, pero aquellos hombres (en su mayoría campesinos) entendieron que aludía a frutos del granado, y le proporcionaron un cargamento de granadas comestibles. En vez de granadas de guerra, le llevaron granadas de paz.
Malraux añade que finalmente hubieron de improvisar unas “granadas” artesanales, que confeccionaron metiendo pólvora dentro de cencerros metálicos (de ésos que se cuelgan a las vacas).
La lectura de estas vivencias refleja la gran distorsión que aquel enfrentamiento debió de causar en la vida de muchos hombres y mujeres, por si no tuvieran ya bastante con afrontar su pobreza y su ignorancia. En el caso de aquellos campesinos, a la habitual adversidad natural (el pedrisco, las sequías, las heladas…) se añadió la adversidad artificial que toda guerra implica.
Monday, January 14, 2008
Microhistoria
¿Para cuándo una microhistoria de la humanidad? Una historia de los que sostienen el mundo. Una historia de los hombres anónimos. Que no hable de estirpes ni de hazañas ni de imperios. Que nos muestre cómo vivía un esclavo del Egipto faraónico; cómo vivía un siervo en la Edad Media; cómo vivía un obrero de la Europa industrial; cómo viven hoy un operador de telemárketing, un repartidor, un inmigrante...
¿Para cuándo una microhistoria que nos permita comparar; que nos revele si la gente de abajo ha avanzado (o retrocedido), y cuánto?
¿Para cuándo una microhistoria que nos permita comparar; que nos revele si la gente de abajo ha avanzado (o retrocedido), y cuánto?
Sunday, January 13, 2008
Ha pasado un Ángel
Se ha ido Ángel González. Escribía para mí, estaba a mi servicio como un empleado fiel al que hubiera contratado. Yo leía sus poemas, incluso me aprendía de memoria algunos a fuerza de releerlos. Y seguiré haciéndolo. Es lo que tiene la poesía: que se lee y no se gasta. No era yo, desde luego, el único beneficiario de su labor, pero lo fui (y lo seré tras su marcha). Qué curioso que haya personas, como Ángel González, trabajando para mí sin yo pagarles nada: ni en metálico ni en especie. (Bien pensado, el mundo está lleno de gente así: servidores a quienes no pagamos y ni siquiera conocemos.) Como soy un gorrón pero intento no ser desagradecido, digo al menos gracias, Ángel.
Friday, January 11, 2008
Despeñaperros
De pequeño, cuando el coche de mi padre atravesaba el paso de Despeñaperros (en el límite entre Andalucía y La Mancha), yo miraba los barrancos y desfiladeros y, sugestionado por el nombre del lugar, veía perros imaginarios despeñándose por esas estribaciones escarpadas, incapaces de trepar por sus pendientes.
Años después, he sabido que el nombre de Despeñaperros no procede de ningún animal. Que los perros a que alude eran la denominación despreciativa que se daba a los musulmanes (perros infieles), y la acción de despeñar equivalía a arrojar los cuerpos de los vencidos en la batalla allí librada en 1212 (batalla de las Navas de Tolosa).
(No se trata de arremeter contra uno de los bandos de aquella contienda. Probablemente si los vencedores hubieran sido los musulmanes, los despeñados habrían sido los otros.)
Algo parecido ocurre con el paraje de Cuelgamuros, en la sierra de Guadarrama. Su denominación originaria era Cuelgamoros (no hace falta decir por qué) y, cuando tras la Guerra Civil de 1936-9 se edificó allí el Valle de los Caídos, se cambió el originario nombre medieval para no molestar a los norteafricanos que lucharon en el bando franquista.
En contraste con la belleza natural de esas montañas, sus nombres recuerdan que (desgraciadamente y como el resto de la Tierra) un día fueron sede de crueldad y discordia.
Años después, he sabido que el nombre de Despeñaperros no procede de ningún animal. Que los perros a que alude eran la denominación despreciativa que se daba a los musulmanes (perros infieles), y la acción de despeñar equivalía a arrojar los cuerpos de los vencidos en la batalla allí librada en 1212 (batalla de las Navas de Tolosa).
(No se trata de arremeter contra uno de los bandos de aquella contienda. Probablemente si los vencedores hubieran sido los musulmanes, los despeñados habrían sido los otros.)
Algo parecido ocurre con el paraje de Cuelgamuros, en la sierra de Guadarrama. Su denominación originaria era Cuelgamoros (no hace falta decir por qué) y, cuando tras la Guerra Civil de 1936-9 se edificó allí el Valle de los Caídos, se cambió el originario nombre medieval para no molestar a los norteafricanos que lucharon en el bando franquista.
En contraste con la belleza natural de esas montañas, sus nombres recuerdan que (desgraciadamente y como el resto de la Tierra) un día fueron sede de crueldad y discordia.
Thursday, January 10, 2008
No me esperes en el cielo
Lo cuenta Bartolomé de las Casas en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, compendio de desmanes cometidos durante la conquista y cristianización de América. Lo que narra ocurrió en el año 1511. Lo transcribo (con la sola licencia de poner algunas palabras en castellano moderno):
“Un cacique y señor muy principal, que por nombre tenía Hatuey, que se había pasado de la isla Española a Cuba con mucha gente por huir de las calamidades e inhumanas obras de los cristianos, y estando en aquella isla de Cuba, y dándole noticias ciertos indios de que pasaban a ella los cristianos, juntó mucha de toda su gente y les dijo: “Ya sabéis como se dice que los cristianos pasan acá, y tenéis experiencia de lo que ha pasado a los señores fulano y fulano y fulano; y aquellas gentes de Haití (que es la Española) lo mismo vienen a hacer acá. ¿Sabéis quizá por qué lo hacen?” Dijeron: “No; sino porque son por naturaleza crueles y malos”. Dice él: “No lo hacen sólo por eso, sino porque tienen un dios a quien ellos adoran y quieren mucho y por hacerlo de nosotros para adorarlo, nos tratan de sojuzgar y nos matan”…
Este cacique y señor anduvo siempre huyendo de los cristianos desde que llegaron a aquella isla de Cuba, como quien los conocía, y se defendía cuando se los topaba, y al fin lo prendieron. Y sólo porque huía de gente tan inicua y cruel y se defendía de quien lo quería matar y oprimir hasta la muerte a él y toda su gente y generación, lo hubieron de quemar vivo. Atado a un palo le decía un religioso de San Francisco, santo varón que allí estaba, algunas cosas de Dios y de nuestra fe (el cual nunca las había jamás oído), lo que podía bastar aquel poquillo tiempo que los verdugos le daban, y que si quería creer aquello que le decía iría al cielo, donde había gloria y eterno descanso, y si no, que había de ir al infierno a padecer perpetuos tormentos y penas. Él, pensando un poco, preguntó al religioso si iban cristianos al cielo. El religioso le respondió que sí, pero que iban los que eran buenos. Dijo luego el cacique, sin más pensar, que no quería él ir allá, sino al infierno, por no estar donde estuviesen y por no ver tan cruel gente…”.
En verdad la narración conmueve, aunque la respuesta del indígena, deseando ir al infierno (y no al cielo) con tal de no encontrarse con cristianos, nos provoque cierta sonrisa cómplice.
El empleo de las religiones como coartada al servicio de las mayores iniquidades parece una constante en la historia de la humanidad. Y también lo es, por desgracia, el consentimiento (o al menos inhibición) de los ministros religiosos a propósito de esa instrumentalización de la fe.
La conquista de América y el sometimiento de sus aborígenes, realizado en nombre de la evangelización, no encontró reparo formal ni condena activa por parte de las autoridades eclesiásticas.
Es verdad que no todos fueron iguales: que, en medio de la masacre y el expolio, hubo algunos hombres justos. Fue el caso de Bartolomé de las Casas. Pero, como de ordinario, también en el ámbito en que se desenvolvía De las Casas las personas dignas y decentes fueron las menos.
“Un cacique y señor muy principal, que por nombre tenía Hatuey, que se había pasado de la isla Española a Cuba con mucha gente por huir de las calamidades e inhumanas obras de los cristianos, y estando en aquella isla de Cuba, y dándole noticias ciertos indios de que pasaban a ella los cristianos, juntó mucha de toda su gente y les dijo: “Ya sabéis como se dice que los cristianos pasan acá, y tenéis experiencia de lo que ha pasado a los señores fulano y fulano y fulano; y aquellas gentes de Haití (que es la Española) lo mismo vienen a hacer acá. ¿Sabéis quizá por qué lo hacen?” Dijeron: “No; sino porque son por naturaleza crueles y malos”. Dice él: “No lo hacen sólo por eso, sino porque tienen un dios a quien ellos adoran y quieren mucho y por hacerlo de nosotros para adorarlo, nos tratan de sojuzgar y nos matan”…
Este cacique y señor anduvo siempre huyendo de los cristianos desde que llegaron a aquella isla de Cuba, como quien los conocía, y se defendía cuando se los topaba, y al fin lo prendieron. Y sólo porque huía de gente tan inicua y cruel y se defendía de quien lo quería matar y oprimir hasta la muerte a él y toda su gente y generación, lo hubieron de quemar vivo. Atado a un palo le decía un religioso de San Francisco, santo varón que allí estaba, algunas cosas de Dios y de nuestra fe (el cual nunca las había jamás oído), lo que podía bastar aquel poquillo tiempo que los verdugos le daban, y que si quería creer aquello que le decía iría al cielo, donde había gloria y eterno descanso, y si no, que había de ir al infierno a padecer perpetuos tormentos y penas. Él, pensando un poco, preguntó al religioso si iban cristianos al cielo. El religioso le respondió que sí, pero que iban los que eran buenos. Dijo luego el cacique, sin más pensar, que no quería él ir allá, sino al infierno, por no estar donde estuviesen y por no ver tan cruel gente…”.
En verdad la narración conmueve, aunque la respuesta del indígena, deseando ir al infierno (y no al cielo) con tal de no encontrarse con cristianos, nos provoque cierta sonrisa cómplice.
El empleo de las religiones como coartada al servicio de las mayores iniquidades parece una constante en la historia de la humanidad. Y también lo es, por desgracia, el consentimiento (o al menos inhibición) de los ministros religiosos a propósito de esa instrumentalización de la fe.
La conquista de América y el sometimiento de sus aborígenes, realizado en nombre de la evangelización, no encontró reparo formal ni condena activa por parte de las autoridades eclesiásticas.
Es verdad que no todos fueron iguales: que, en medio de la masacre y el expolio, hubo algunos hombres justos. Fue el caso de Bartolomé de las Casas. Pero, como de ordinario, también en el ámbito en que se desenvolvía De las Casas las personas dignas y decentes fueron las menos.
Wednesday, January 09, 2008
Que empiece por art-
Crea. Crea arte, o artesanía, o artículos, o artificios, o artimañas, o artilugios, o artefactos... Crea para no reventar. Crea para no morir de aburrimiento. Crea para no petrificarte. Aunque nadie lea lo que has escrito, aunque nadie vea lo que has pintado, aunque nadie oiga lo que has compuesto... crea algo que empiece por art-. Crea.
Tuesday, January 08, 2008
No ser
Las piedras no oyen música. No leen ni escriben. Las piedras no recuerdan ni tampoco olvidan. Las piedras nunca gozan. Las piedras nunca sufren. Nunca odian. Nunca aman. Nunca ríen ni sonríen ni lloran ni sonlloran. No ser debe de ser como ser una piedra.
La noche de los tiempos
En occidente contamos el tiempo (aproximadamente) desde el nacimiento de Jesús. Antes se hacía desde la hipotética fundación de Roma. Otros cuentan los años desde la teórica creación del mundo, o desde la hégira (marcha de Mahoma de La Meca a Medina), o sencillamente desde que sus conocimientos astronómicos les permitieron llevar la cuenta. Y he oído que la mayoría de los sistemas informáticos datan el tiempo desde 1 de enero de 1970.
Obviamente son convencionalismos, porque ¿desde cuándo debería contarse el tiempo? ¿Desde que se formó la Tierra? ¿Desde que surgió la vida? ¿Desde que apareció el homo sapiens? ¿...?
Y, de hacerse así, ¿cómo fijar el momento exacto en que lo inerte dejó de ser inerte y pasó a estar vivo? ¿Cómo concretar el día preciso en que un primate dejó de ser simio y se hizo humano?
En buena lógica, el cómputo del tiempo debería comenzarse desde el inicio del... tiempo. Supuestamente ello coincidió con la irrupción del universo y del espacio: el llamado Big Bang.
El gran problema es que no sabemos, y es probable que no sepamos nunca, cuándo exactamente ocurrió aquello. O mejor dicho: desconocemos el tiempo transcurrido desde entonces, pero sí sabemos su fecha precisa. Fue el día cero del mes cero del año cero.
Obviamente son convencionalismos, porque ¿desde cuándo debería contarse el tiempo? ¿Desde que se formó la Tierra? ¿Desde que surgió la vida? ¿Desde que apareció el homo sapiens? ¿...?
Y, de hacerse así, ¿cómo fijar el momento exacto en que lo inerte dejó de ser inerte y pasó a estar vivo? ¿Cómo concretar el día preciso en que un primate dejó de ser simio y se hizo humano?
En buena lógica, el cómputo del tiempo debería comenzarse desde el inicio del... tiempo. Supuestamente ello coincidió con la irrupción del universo y del espacio: el llamado Big Bang.
El gran problema es que no sabemos, y es probable que no sepamos nunca, cuándo exactamente ocurrió aquello. O mejor dicho: desconocemos el tiempo transcurrido desde entonces, pero sí sabemos su fecha precisa. Fue el día cero del mes cero del año cero.
Verdadero o falso
El afán de penetrar en la mente ajena, de poder saber (al menos) si nuestro interlocutor dice la verdad o se aparta de ella, ha llevado al uso de diversas técnicas. Todas las modalidades de “suero de la verdad”, polígrafo, “detector de mentiras”, etc. se enmarcan en este propósito.
Sin embargo, ninguno de esos dispositivos ofrece una fiabilidad completa, y de ahí su rechazo como medio de prueba por los tribunales de justicia, que sin embargo no tienen reparos en aceptar otras técnicas (analíticas, de muestras de ADN...) científicamente avaladas.
Los avances de la neuroimagen (obtención de imágenes del cerebro por resonancia magnética neuronal) pueden permitir un avance en esta dirección. Al parecer, cuando una persona miente se activan dos zonas cerebrales: la que expresa la mentira y la que reprime la verdad. Y es significativamente más intenso el esfuerzo energético que la mente ha de hacer para reprimir la verdad que para exteriorizar la mentira.
Esto último no es raro. El cerebro humano tiene una propensión a la verdad labrada durante millones de años de evolución. A fin de cuentas, cuando tomamos un alimento lo hacemos porque es verdad (porque está realmente ahí), cuando huimos de una situación de peligro lo hacemos porque es real, etc. Nuestra mente está evolutivamente orientada a lo veraz.
De ahí, probablemente, el valor ético que asignamos a la verdad. No mentirás, manda el decálogo, y ni siquiera exceptúa los casos en que la verdad pueda ser dañina o ponernos en un aprieto.
Tal vez mediante estas técnicas de neuroimagen pueda llegarse a saber si un cerebro está reprimiendo la verdad, es decir, mintiendo.
Pero aún escaparán de compulsa los casos más intensos de tergiversación, aquéllos en que el primer mentido es el propio sujeto: los supuestos de autoengaño, alucinaciones, mentiras compulsivas, subjetivización de las vivencias, falsos recuerdos, creencias inducidas y en general cuando las deformaciones y errores se asumen como ingredientes de la verdad.
Sin embargo, ninguno de esos dispositivos ofrece una fiabilidad completa, y de ahí su rechazo como medio de prueba por los tribunales de justicia, que sin embargo no tienen reparos en aceptar otras técnicas (analíticas, de muestras de ADN...) científicamente avaladas.
Los avances de la neuroimagen (obtención de imágenes del cerebro por resonancia magnética neuronal) pueden permitir un avance en esta dirección. Al parecer, cuando una persona miente se activan dos zonas cerebrales: la que expresa la mentira y la que reprime la verdad. Y es significativamente más intenso el esfuerzo energético que la mente ha de hacer para reprimir la verdad que para exteriorizar la mentira.
Esto último no es raro. El cerebro humano tiene una propensión a la verdad labrada durante millones de años de evolución. A fin de cuentas, cuando tomamos un alimento lo hacemos porque es verdad (porque está realmente ahí), cuando huimos de una situación de peligro lo hacemos porque es real, etc. Nuestra mente está evolutivamente orientada a lo veraz.
De ahí, probablemente, el valor ético que asignamos a la verdad. No mentirás, manda el decálogo, y ni siquiera exceptúa los casos en que la verdad pueda ser dañina o ponernos en un aprieto.
Tal vez mediante estas técnicas de neuroimagen pueda llegarse a saber si un cerebro está reprimiendo la verdad, es decir, mintiendo.
Pero aún escaparán de compulsa los casos más intensos de tergiversación, aquéllos en que el primer mentido es el propio sujeto: los supuestos de autoengaño, alucinaciones, mentiras compulsivas, subjetivización de las vivencias, falsos recuerdos, creencias inducidas y en general cuando las deformaciones y errores se asumen como ingredientes de la verdad.
Friday, January 04, 2008
Bombas fétidas
Cuando yo era pequeño, uno de los artículos de broma que solíamos adquirir en tiendas navideñas eran las llamadas bombas fétidas. Se vendían con ocasión del día de los Inocentes y eran unas ampollas que, al arrojarlas al suelo, dejaban escapar un líquido con olor a huevos podridos.
Hace poco he leído que inicialmente las bombas fétidas se concibieron, no como artículo de broma, sino como verdaderas bombas para uso en tiempos de guerra:
“Durante la Segunda Guerra Mundial las bombas de olor se distribuyeron a los rebeldes franceses, quienes debían acercarse con disimulo a los oficiales alemanes y vaciarles encima el preparado. El resultado esperado era convertir al enemigo en objeto de irrisión para minar su moral, ya que es difícil respetar a una autoridad que apesta a heces. La idea chocó con algunos problemas: su olor se imponía con la simple apertura del vial, impidiendo al portador acercarse a su objetivo, que huía despavorido. Además, el propio guerrillero quedaba tan impregnado con los vapores de su artefacto que él mismo acababa odiando su misión”.
La realidad de las guerras pone de relieve hasta qué punto es posible la mezcla de inteligencia y estupidez, su aleación dentro de un mismo cerebro. Se hace duro imaginar a los mejores científicos del mundo aplicados a diseñar bombas de racimo, bombas atómicas y… bombas fétidas.
En medio de este aquelarre de irracionalidad, no sorprende que irrumpan ideas tan disparatadas como las bombas de olor. Aunque, puestos a oler mal, lo más nauseabundo no son las bombas fétidas, sino nuestra irrefrenable propensión a la estupidez.
Hace poco he leído que inicialmente las bombas fétidas se concibieron, no como artículo de broma, sino como verdaderas bombas para uso en tiempos de guerra:
“Durante la Segunda Guerra Mundial las bombas de olor se distribuyeron a los rebeldes franceses, quienes debían acercarse con disimulo a los oficiales alemanes y vaciarles encima el preparado. El resultado esperado era convertir al enemigo en objeto de irrisión para minar su moral, ya que es difícil respetar a una autoridad que apesta a heces. La idea chocó con algunos problemas: su olor se imponía con la simple apertura del vial, impidiendo al portador acercarse a su objetivo, que huía despavorido. Además, el propio guerrillero quedaba tan impregnado con los vapores de su artefacto que él mismo acababa odiando su misión”.
La realidad de las guerras pone de relieve hasta qué punto es posible la mezcla de inteligencia y estupidez, su aleación dentro de un mismo cerebro. Se hace duro imaginar a los mejores científicos del mundo aplicados a diseñar bombas de racimo, bombas atómicas y… bombas fétidas.
En medio de este aquelarre de irracionalidad, no sorprende que irrumpan ideas tan disparatadas como las bombas de olor. Aunque, puestos a oler mal, lo más nauseabundo no son las bombas fétidas, sino nuestra irrefrenable propensión a la estupidez.
Caminito
Rutina. Según el diccionario, costumbre inveterada, hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y sin razonarlas. Palabra traída del francés, donde routine deriva de route: ruta. Por tanto, algo así como ruta pequeña, caminito. Vereda que primeramente hicimos y ahora nos hace a nosotros. (Algo parecido a lo que ocurre con el agua y el cauce: ¿quién manda en quién?, ¿no es ahora el agua presa del cauce que excavó?) ¡ Y ya es tan difícil salir del camino que trazamos, pretender siquiera alterar nuestra rut(in)a !
Monday, December 31, 2007
La caja de los truenos
Tómese una base de extrema desigualdad social. Añádase masificación, un gran rencor acumulado y una generalizada sensación de impunidad. Por último, provéase de armas a los intervinientes. El cóctel explosivo está preparado.
Se trata de la fórmula infalible para hacer aflorar los demonios interiores. Para extraer lo peor de cada uno. Para sacar la parte más agresiva y cruel de los hombres.
Todos estos ingredientes se mezclaron trágicamente en España en el año 1936.
Sin duda no debía de ser fácil gestionar una sociedad tan desigual y, por tanto, tan proclive al conflicto. La caja de los truenos tenía una tapa muy frágil. Y así, la rebelión de una parte del ejército contra el régimen emanado de las urnas provocó que todos los factores de enfrentamiento social se tensaran al máximo.
Aunque no ha transcurrido demasiado tiempo, ahora nos resulta muy difícil entender cómo pudieron desencadenarse las atrocidades que nuestros padres o abuelos protagonizaron en España, en particular las matanzas y asesinatos de personas consideradas desafectas (sacerdotes, políticos, sindicalistas, propietarios agrícolas, periodistas, escritores, maestros...) en uno y otro bando.
Nos resulta casi incomprensible (pese a que sólo han pasado dos generaciones) porque generalmente ignoramos hasta dónde puede llegarse una vez abierta la caja de los truenos. Ésa que, por desgracia, anida en cada sociedad y también en cada corazón humano.
Se trata de la fórmula infalible para hacer aflorar los demonios interiores. Para extraer lo peor de cada uno. Para sacar la parte más agresiva y cruel de los hombres.
Todos estos ingredientes se mezclaron trágicamente en España en el año 1936.
Sin duda no debía de ser fácil gestionar una sociedad tan desigual y, por tanto, tan proclive al conflicto. La caja de los truenos tenía una tapa muy frágil. Y así, la rebelión de una parte del ejército contra el régimen emanado de las urnas provocó que todos los factores de enfrentamiento social se tensaran al máximo.
Aunque no ha transcurrido demasiado tiempo, ahora nos resulta muy difícil entender cómo pudieron desencadenarse las atrocidades que nuestros padres o abuelos protagonizaron en España, en particular las matanzas y asesinatos de personas consideradas desafectas (sacerdotes, políticos, sindicalistas, propietarios agrícolas, periodistas, escritores, maestros...) en uno y otro bando.
Nos resulta casi incomprensible (pese a que sólo han pasado dos generaciones) porque generalmente ignoramos hasta dónde puede llegarse una vez abierta la caja de los truenos. Ésa que, por desgracia, anida en cada sociedad y también en cada corazón humano.
Sunday, December 30, 2007
El hombre delincuente
Cesare Lombroso fue un médico italiano aficionado a la Criminología. Obsesionado con la idea de que los delincuentes tienen una naturaleza que les predispone y aboca al crimen, elaboró su teoría del criminal nato en un libro que tituló, a las claras, L´ uomo delinquente (publicado en 1875).
Durante años estuvo analizando la complexión, la anatomía y los rasgos morfológicos de los delincuentes que podía examinar (algunos de ellos internados en el manicomio del que el propio Lombroso era director).
Su conclusión fue que la mayoría de los delincuentes presentaban signos anatómicos comunes y que, por tanto, eran criminales por naturaleza. Llegó a afirmar que comparten anomalías atávicas propias de los vertebrados inferiores, siendo una especie de salvajes resucitados por un error biológico.
Tras la muerte de Lombroso se han estudiado con métodos más modernos los signos morfológicos por él descritos, llegándose a una conclusión bien distinta: La mayoría de esos rasgos no son congénitos, sino que se trata de caracteres desarrollados después del nacimiento, y favorecidos precisamente por la malnutrición, el desamparo y el maltrato en la infancia.
De modo que los delincuentes estudiados por Lombroso no nacieron así, sino que se hicieron. Adquirieron esos estigmas físicos por las circunstancias o carencias de su vida familiar y social. No por causas biológicas, sino biográficas.
Las pruebas irrefutables que según Lombroso demostraban su tesis del criminal nato, en realidad venían a apoyar exactamente la tesis contraria. Pero él no lo sabía, o no quería saberlo.
Durante años estuvo analizando la complexión, la anatomía y los rasgos morfológicos de los delincuentes que podía examinar (algunos de ellos internados en el manicomio del que el propio Lombroso era director).
Su conclusión fue que la mayoría de los delincuentes presentaban signos anatómicos comunes y que, por tanto, eran criminales por naturaleza. Llegó a afirmar que comparten anomalías atávicas propias de los vertebrados inferiores, siendo una especie de salvajes resucitados por un error biológico.
Tras la muerte de Lombroso se han estudiado con métodos más modernos los signos morfológicos por él descritos, llegándose a una conclusión bien distinta: La mayoría de esos rasgos no son congénitos, sino que se trata de caracteres desarrollados después del nacimiento, y favorecidos precisamente por la malnutrición, el desamparo y el maltrato en la infancia.
De modo que los delincuentes estudiados por Lombroso no nacieron así, sino que se hicieron. Adquirieron esos estigmas físicos por las circunstancias o carencias de su vida familiar y social. No por causas biológicas, sino biográficas.
Las pruebas irrefutables que según Lombroso demostraban su tesis del criminal nato, en realidad venían a apoyar exactamente la tesis contraria. Pero él no lo sabía, o no quería saberlo.
Friday, December 28, 2007
En busca del prepucio perdido
Como todos los judíos de la época, Jesús fue circuncidado. Las preguntas sobre el destino del prepucio (piel que cubre el glande) de Jesús dieron lugar a la aparición de supuestas reliquias de dicho pellejo.
Algunos teólogos afirmaban que el prepucio ascendió al cielo al mismo tiempo que el resto del cuerpo de Jesús. Otros sostenían que este detalle no aparece en las Escrituras, y por tanto esa piel debía de seguir en la Tierra, al no resultar admisible que una parte corporal de Jesús pudiera corromperse.
El resultado es que son numerosos los templos en que todavía se conserva el supuesto prepucio de Jesús (nada diferente de lo que ocurre con otras reliquias, evidentemente falsas).
Todo este montaje en torno al Santo Prepucio pone de manifiesto hasta qué punto puede degradarse y adulterarse una doctrina por sus (supuestos) seguidores.
Acerca de Jesús sabemos lo suficiente para apreciar el sentido ético de sus enseñanzas. Aunque en los relatos evangélicos puedan existir sesgos o interpolaciones, lo que está claro es que el mensaje de Jesús nada tenía que ver con reliquias y prepucios.
Por eso es lícito preguntarse cómo reaccionaría Jesús al saber que sus prosélitos se plantean cuestiones tan absurdas e irrisorias como la búsqueda de su prepucio.
En general es ya un tópico afirmar que, si Jesús viera lo que sus continuadores han hecho con su doctrina, se moriría del susto. (Esto, por cierto, también se dice de Karl Marx, si pudiera contemplar todos los desmanes que los marxistas han hecho con sus postulados.)
Yo no creo que Jesús ni Marx se murieran del susto, pero sí creo que experimentarían una muy amarga mezcla de decepción y de rabia.
Algunos teólogos afirmaban que el prepucio ascendió al cielo al mismo tiempo que el resto del cuerpo de Jesús. Otros sostenían que este detalle no aparece en las Escrituras, y por tanto esa piel debía de seguir en la Tierra, al no resultar admisible que una parte corporal de Jesús pudiera corromperse.
El resultado es que son numerosos los templos en que todavía se conserva el supuesto prepucio de Jesús (nada diferente de lo que ocurre con otras reliquias, evidentemente falsas).
Todo este montaje en torno al Santo Prepucio pone de manifiesto hasta qué punto puede degradarse y adulterarse una doctrina por sus (supuestos) seguidores.
Acerca de Jesús sabemos lo suficiente para apreciar el sentido ético de sus enseñanzas. Aunque en los relatos evangélicos puedan existir sesgos o interpolaciones, lo que está claro es que el mensaje de Jesús nada tenía que ver con reliquias y prepucios.
Por eso es lícito preguntarse cómo reaccionaría Jesús al saber que sus prosélitos se plantean cuestiones tan absurdas e irrisorias como la búsqueda de su prepucio.
En general es ya un tópico afirmar que, si Jesús viera lo que sus continuadores han hecho con su doctrina, se moriría del susto. (Esto, por cierto, también se dice de Karl Marx, si pudiera contemplar todos los desmanes que los marxistas han hecho con sus postulados.)
Yo no creo que Jesús ni Marx se murieran del susto, pero sí creo que experimentarían una muy amarga mezcla de decepción y de rabia.
La casa del poeta
He visitado, en Granada, la casa de García Lorca. Se llama huerta de San Vicente y es el lugar donde el escritor pasaba los veranos, en compañía de su familia, hasta su asesinato en 1936. Aunque el entorno está cambiado, la casa se mantiene intacta. He visto la cama donde dormía, la mesa en la que escribía sus obras, incluso la cocina familiar. Para bien o para mal, no se muestra a los visitantes el cuarto de baño.
No negaré que me ha emocionado contemplar el sitio donde Lorca compuso algunos poemas que me deslumbran. Poemas como:
La aurora de Nueva York tiene / cuatro columnas de cieno...
O
Empieza el llanto de la guitarra. / Es inútil callarla. / Es imposible callarla...
Pero, al mismo tiempo, no sé qué relación puede haber entre aquellos versos y la materialidad de esa cama, esa mesa, esas sillas, esas paredes...
Entonces se me ocurre que aquellas creaciones tienen vida al margen de su autor, y que entre los poemas y su artífice no cabe buscar vinculación ni afinidad.
Y me pregunto también si no sería mejor que todas las creaciones fueran anónimas. Y que, al editarse una obra, en lugar del nombre del autor apareciera un rótulo diciendo Noimporta.
No negaré que me ha emocionado contemplar el sitio donde Lorca compuso algunos poemas que me deslumbran. Poemas como:
La aurora de Nueva York tiene / cuatro columnas de cieno...
O
Empieza el llanto de la guitarra. / Es inútil callarla. / Es imposible callarla...
Pero, al mismo tiempo, no sé qué relación puede haber entre aquellos versos y la materialidad de esa cama, esa mesa, esas sillas, esas paredes...
Entonces se me ocurre que aquellas creaciones tienen vida al margen de su autor, y que entre los poemas y su artífice no cabe buscar vinculación ni afinidad.
Y me pregunto también si no sería mejor que todas las creaciones fueran anónimas. Y que, al editarse una obra, en lugar del nombre del autor apareciera un rótulo diciendo Noimporta.
Wednesday, December 26, 2007
Cuando seamos historia
Posiblemente dentro de un siglo, los historiadores (si es que hay alguno) describirán nuestra época como un tiempo crítico, un momento decisivo y crucial en la historia de la humanidad. Se referirán a él como una encrucijada en que pudimos autodestruirnos, pero finalmente imperó la sensatez y no lo hicimos.
Si no sucede así, no habrá ningún historiador para narrarlo.
Parece claro que el que este tiempo que vivimos se recoja, o no, por la historia futura va a depender de nuestra capacidad para desfronterizar el mundo. O acabamos con las fronteras o las fronteras acaban con nosotros... y con la historia.
Si no sucede así, no habrá ningún historiador para narrarlo.
Parece claro que el que este tiempo que vivimos se recoja, o no, por la historia futura va a depender de nuestra capacidad para desfronterizar el mundo. O acabamos con las fronteras o las fronteras acaban con nosotros... y con la historia.
Después de este destierro
Mientras hacía las camas, mi madre cantaba la Salve. No la rezaba, la cantaba. Con la misma entonación decía las palabras alegres (vida, dulzura, esperanza nuestra) y las frases terribles (los desterrados, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas).
Mientras ajustaba sábanas y sin variar de melodía (sí, sin cambio de ritmo) recitaba unas y otras palabras. Y a mí se me hacía raro.
Mientras ajustaba sábanas y sin variar de melodía (sí, sin cambio de ritmo) recitaba unas y otras palabras. Y a mí se me hacía raro.
Posaos
Río, nube, silla, rosa...
Y ahora posaos cada una en un sitio. Tú, en un flujo; tú, en vapor de agua; tú, en un mueble; tú en una flor...
Y ahora posaos cada una en un sitio. Tú, en un flujo; tú, en vapor de agua; tú, en un mueble; tú en una flor...
Antediluvianos
La presencia de fósiles de almejas, caracolas y otros animales marinos en montañas y desiertos influyó probablemente en el surgimiento de leyendas sobre grandes diluvios e inundaciones; es decir, en la creencia de que durante un tiempo el agua cubrió esos territorios. Una de esas fabulaciones es el relato bíblico del diluvio universal.
Curiosamente, mucho tiempo después la historia de Noé sirvió para explicar el descubrimiento de restos de dinosaurios y el porqué de que esos animales ya no existieran. Se habrían extinguido, sencillamente, porque no cabían en el arca. Debido a su gran tamaño Noé no pudo salvarlos y perecieron ahogados.
Por muy ridículo o pueril que ahora nos resulte, lo cierto es que durante bastante tiempo a los saurios se les llamó animales antediluvianos, y así aparecieron nombrados, incluso, en libros científicos.
Cabe preguntarse cuál será, de entre todas nuestras actuales convicciones científicas, la que más mofa y rechifla provocará en el futuro, en ese porvenir en que los antediluvianos seremos nosotros.
Curiosamente, mucho tiempo después la historia de Noé sirvió para explicar el descubrimiento de restos de dinosaurios y el porqué de que esos animales ya no existieran. Se habrían extinguido, sencillamente, porque no cabían en el arca. Debido a su gran tamaño Noé no pudo salvarlos y perecieron ahogados.
Por muy ridículo o pueril que ahora nos resulte, lo cierto es que durante bastante tiempo a los saurios se les llamó animales antediluvianos, y así aparecieron nombrados, incluso, en libros científicos.
Cabe preguntarse cuál será, de entre todas nuestras actuales convicciones científicas, la que más mofa y rechifla provocará en el futuro, en ese porvenir en que los antediluvianos seremos nosotros.
Tuesday, December 25, 2007
Autodiseño
¿Quién inventó los ojos?
¿Quién inventó los dientes, las garras, las espinas...?
¿Quién inventó las patas, las alas, las aletas...?
¿Quién inventó los brazos, las pinzas del crustáceo, la trompa, los cuernos, los tentáculos...?
¿Quién inventó los árboles?
¿Quién inventó las flores, los frutos, las semillas...?
¿Quién inventó las branquias, los pulmones...?
¿Quién inventó el hígado, el cerebro, el corazón...?
Parece ser que nadie. No los inventó nadie. Por lo que se ve, se idearon y se diseñaron a sí mismos.
¿Quién inventó los dientes, las garras, las espinas...?
¿Quién inventó las patas, las alas, las aletas...?
¿Quién inventó los brazos, las pinzas del crustáceo, la trompa, los cuernos, los tentáculos...?
¿Quién inventó los árboles?
¿Quién inventó las flores, los frutos, las semillas...?
¿Quién inventó las branquias, los pulmones...?
¿Quién inventó el hígado, el cerebro, el corazón...?
Parece ser que nadie. No los inventó nadie. Por lo que se ve, se idearon y se diseñaron a sí mismos.
Marginados
Nadie viene a vernos desde el futuro. Nadie viene a vernos, tampoco, desde otros sistemas estelares. Puede que, aun disponiendo de tecnología para ello, no quieran saber nada de nosotros. En tal caso, sus razones tendrán.
Monday, December 24, 2007
No quiero / No puedo
Nos avergüenza reconocer que no somos capaces de algo (de levantar un peso, de recorrer una distancia, de dejar una adicción...) y decimos que no lo hacemos porque no queremos: -Podría hacerlo, pero es que no quiero.
Nos avergüenza reconocer que no estamos dispuestos a hacer algo (un esfuerzo, una renuncia, ayudar a los otros...) y decimos que no podemos: -Me gustaría hacerlo, pero es que no puedo.
Disfrazamos de irresolución la incapacidad, y disfrazamos de incapacidad la irresolución.
Ante los demás y ante nosotros mismos, nuestra endeblez (debilidad innata) y nuestra indolencia (debilidad adquirida) se excusan mutuamente.
Nos avergüenza reconocer que no estamos dispuestos a hacer algo (un esfuerzo, una renuncia, ayudar a los otros...) y decimos que no podemos: -Me gustaría hacerlo, pero es que no puedo.
Disfrazamos de irresolución la incapacidad, y disfrazamos de incapacidad la irresolución.
Ante los demás y ante nosotros mismos, nuestra endeblez (debilidad innata) y nuestra indolencia (debilidad adquirida) se excusan mutuamente.
Friday, December 21, 2007
Te resistes
Ellos creen que aún tú crees
en los reyes de enero
(compran furtivamente, escribís una carta,
el día de antes, por la tarde, vais a verlos pasar)
y tú con tus seis años
no quieres, te resistes
a arrancar su ilusión.
FELIZ NAVIDAD A TODOS
en los reyes de enero
(compran furtivamente, escribís una carta,
el día de antes, por la tarde, vais a verlos pasar)
y tú con tus seis años
no quieres, te resistes
a arrancar su ilusión.
FELIZ NAVIDAD A TODOS
Thursday, December 20, 2007
¿Por qué lo hago?
¿Por qué esta ciudad?
¿Por qué esta bandera?
¿Por qué esta rutina?
¿Por qué este partido?
¿Por qué esta religión?
¿Por qué esta lucha?
¿Por qué este trajín?
¿Por qué esta forma de gastar el tiempo?...
¿Qué parte de nuestros actos son conscientes? ¿Qué parte de nuestras acciones hemos decidido? ¿Cuántas cosas hacemos sabiendo por qué?
¿Por qué esta bandera?
¿Por qué esta rutina?
¿Por qué este partido?
¿Por qué esta religión?
¿Por qué esta lucha?
¿Por qué este trajín?
¿Por qué esta forma de gastar el tiempo?...
¿Qué parte de nuestros actos son conscientes? ¿Qué parte de nuestras acciones hemos decidido? ¿Cuántas cosas hacemos sabiendo por qué?
Se aburrían
Se ve que la materia se aburría. Se aburrían el carbono, el oxígeno, el fósforo, el potasio… Y por hastío de ser inertes, se mezclaron. Para pasar juntos una temporada: unos años de vida buscando emociones.
Bien, de acuerdo: es respetable. Pero ¿por qué me han involucrado? ¿Por qué me han compuesto? ¿Por qué han tenido que convertirse en mí?
¿Acaso no merezco una explicación?
Bien, de acuerdo: es respetable. Pero ¿por qué me han involucrado? ¿Por qué me han compuesto? ¿Por qué han tenido que convertirse en mí?
¿Acaso no merezco una explicación?
Wednesday, December 19, 2007
Translaciones
El diccionario define la “vergüenza ajena” como aquélla que se siente por lo que hacen o dicen otras personas. Hay también otra palabra, de origen incierto, para denominar esta percepción: “alipori”.
Sentir en nosotros mismos la vergüenza que surge de actos ajenos es una singular transferencia de sensaciones, una forma de ponerse en el lugar de otro, aunque no exactamente dentro de él: es posible que quien realice los actos que a nosotros nos sonrojan no sienta, él mismo, vergüenza.
Aunque no existen expresiones equivalentes (“ira ajena”, “enojo ajeno”), también a veces nos indignamos por la humillación o la injusticia que se inflige a otra persona, aun cuando quien la sufra la acepte con resignación. Incluso este aquietamiento ajeno ante la injuria puede generarnos rabia. Y eso que la cosa no iba con nosotros…
Pero hay una forma deleznable de translación, que es la “venganza ajena”. Consiste en descargar sobre otros (a menudo los más débiles o los que más nos aprecian) la furia generada por actos de terceras personas. Habría que acuñar esta expresión -“venganza ajena”- u otra similar, para nombrar esa actitud, quizá entendible pero también cobarde, de pagarla con los otros; de transferir a nuestro entorno o a nuestros subordinados el enfado provocado por los atropellos sufridos.
Hacer recaer sobre personas inocentes la cólera que sentimos por los agravios que otros nos irrogaron, en lugar de enfrentarnos directamente con quienes nos los produjeron, es probablemente la más triste forma de translación emocional.
Sentir en nosotros mismos la vergüenza que surge de actos ajenos es una singular transferencia de sensaciones, una forma de ponerse en el lugar de otro, aunque no exactamente dentro de él: es posible que quien realice los actos que a nosotros nos sonrojan no sienta, él mismo, vergüenza.
Aunque no existen expresiones equivalentes (“ira ajena”, “enojo ajeno”), también a veces nos indignamos por la humillación o la injusticia que se inflige a otra persona, aun cuando quien la sufra la acepte con resignación. Incluso este aquietamiento ajeno ante la injuria puede generarnos rabia. Y eso que la cosa no iba con nosotros…
Pero hay una forma deleznable de translación, que es la “venganza ajena”. Consiste en descargar sobre otros (a menudo los más débiles o los que más nos aprecian) la furia generada por actos de terceras personas. Habría que acuñar esta expresión -“venganza ajena”- u otra similar, para nombrar esa actitud, quizá entendible pero también cobarde, de pagarla con los otros; de transferir a nuestro entorno o a nuestros subordinados el enfado provocado por los atropellos sufridos.
Hacer recaer sobre personas inocentes la cólera que sentimos por los agravios que otros nos irrogaron, en lugar de enfrentarnos directamente con quienes nos los produjeron, es probablemente la más triste forma de translación emocional.
¿Puede ser?
¿El universo piensa? ¿Puede ser que, en su conjunto, el universo (el universo-todo) no piense, y sin embargo una ínfima parte de él (por ejemplo, tú o yo) sí?
Monday, December 17, 2007
Verbos arbitrarios
Los niños que están aprendiendo a hablar no dicen “se ha roto el juguete”. Dicen “se ha rompido”.
Tampoco dicen “yo pondré” ni “yo quise”, sino “yo poneré” y “yo querí”.
Su lógica les lleva a aplicar nuestros esquemas sintácticos generales, de modo que los verbos irregulares son percibidos por ellos con gran desconcierto.
Es conocida la anécdota del niño que afirmó “andé y me cansé”, y al ser corregido por el maestro (“se dice anduve”), afirmó “anduve y me cansuve”.
Parece ser que en los albores del lenguaje cada verbo tenía sus propias formas para cada tiempo, pasándose posteriormente a una progresiva homogeneización de las formas.
Pero los verbos más usados y repetidos escaparon a esta regularización. Por inercia y pereza de los hablantes, siguieron conjugándose arbitrariamente. De ahí que ser, estar, saber, decir sean verbos irregulares.
De este modo, los niños no sólo tienen que interiorizar los esquemas sintácticos lógicos, sino también los retorcimientos y arbitrariedades de sus progenitores.
Al igual que en los demás ámbitos, les transmitimos estas contradicciones -como dice Serrat- “con la leche templada y en cada canción”. Y al final las aprenden.
Se cuenta que un niño le preguntó a otro: ¿Cómo se dice: no sabo o no sepo? Y el otro respondió: “Pues no sé”.
Tampoco dicen “yo pondré” ni “yo quise”, sino “yo poneré” y “yo querí”.
Su lógica les lleva a aplicar nuestros esquemas sintácticos generales, de modo que los verbos irregulares son percibidos por ellos con gran desconcierto.
Es conocida la anécdota del niño que afirmó “andé y me cansé”, y al ser corregido por el maestro (“se dice anduve”), afirmó “anduve y me cansuve”.
Parece ser que en los albores del lenguaje cada verbo tenía sus propias formas para cada tiempo, pasándose posteriormente a una progresiva homogeneización de las formas.
Pero los verbos más usados y repetidos escaparon a esta regularización. Por inercia y pereza de los hablantes, siguieron conjugándose arbitrariamente. De ahí que ser, estar, saber, decir sean verbos irregulares.
De este modo, los niños no sólo tienen que interiorizar los esquemas sintácticos lógicos, sino también los retorcimientos y arbitrariedades de sus progenitores.
Al igual que en los demás ámbitos, les transmitimos estas contradicciones -como dice Serrat- “con la leche templada y en cada canción”. Y al final las aprenden.
Se cuenta que un niño le preguntó a otro: ¿Cómo se dice: no sabo o no sepo? Y el otro respondió: “Pues no sé”.
Friday, December 14, 2007
Alectura
Durante casi toda su historia la humanidad fue ágrafa. La alfabetización sólo se ha generalizado en tiempos recientes. Todavía hoy, de los aproximadamente 6.000 millones de humanos que habitamos el planeta, la mayoría vive sin leer. Por desgracia, muchos no saben qué es leer, no lo han probado nunca. Así ni siquiera pueden echarlo de menos (lo que, en medio de todo, es un consuelo: de este modo no sienten esa carencia). Y obviamente tienen otras necesidades más perentorias.
Lo paradójico es que, a muchos de quienes sí lo hemos probado, nos resultaría ahora casi imposible vivir sin leer.
Borges decía que el paraíso terrenal podría ser un vergel, pero no un paraíso, porque a él le resultaba inconcebible un paraíso sin libros.
Si nos quedáramos sin libros o sin ojos, ¿encontraríamos algo que sustituyera a la dicha de leer?
Me pregunto cuánto aguantaría yo si se me privara de leer: cuánto tardaría en morir de alectura.
Lo paradójico es que, a muchos de quienes sí lo hemos probado, nos resultaría ahora casi imposible vivir sin leer.
Borges decía que el paraíso terrenal podría ser un vergel, pero no un paraíso, porque a él le resultaba inconcebible un paraíso sin libros.
Si nos quedáramos sin libros o sin ojos, ¿encontraríamos algo que sustituyera a la dicha de leer?
Me pregunto cuánto aguantaría yo si se me privara de leer: cuánto tardaría en morir de alectura.
Wednesday, December 12, 2007
Lo normal
Conducimos por la derecha. Nos paramos cuando el semáforo está en rojo y continuamos la marcha cuando se pone verde. Y actuamos así porque nos parece lo normal.
Nadie, cuando hace eso, repara en las normas jurídicas, las leyes o reglamentos que obligan a circular por la derecha y regulan la señalización por semáforos.
Entregamos un papel (un billete de diez euros) al frutero y él a cambio nos da manzanas, peras… Y ni él ni nosotros pensamos en las normas jurídicas que hacen que ese papel tenga valor y permita comprar cosas. Simplemente es lo normal.
Tendemos a interiorizar las normas jurídicas de modo que terminan pareciéndonos reglas naturales de conducta. Acabamos asumiéndolas acríticamente, hasta el punto de que lo que disponen nos parece lo lógico, lo normal, lo natural.
El problema viene cuando esas normas recogen pautas denigrantes, ignominiosas.
También los sistemas políticos totalitarios tienen su propio entramado jurídico. Y así, la persecución racial en la Alemania nazi se instrumentó mediante normas jurídicas: ilegalización de partidos, leyes confiscatorias y discriminatorias, prohibición de matrimonios mixtos de judíos y arios…
La segregación racial en Suráfrica, el denominado apartheid, se articuló asimismo jurídicamente.
Y de igual modo ocurrió con la esclavitud. Allí donde ha existido, las normas jurídicas vigentes han regulado el derecho de propiedad de los dueños de esclavos, la compra y venta de éstos, la manumisión, etc.
Me pregunto cuántas personas, a lo largo de la historia, habrán considerado naturales estas prácticas aberrantes, sin llegar siquiera a cuestionarse su moralidad o su decencia, por el mero hecho de que eran legales y lícitas. Porque las normas jurídicas las admitían y las regulaban. Porque eran lo normal.
Nadie, cuando hace eso, repara en las normas jurídicas, las leyes o reglamentos que obligan a circular por la derecha y regulan la señalización por semáforos.
Entregamos un papel (un billete de diez euros) al frutero y él a cambio nos da manzanas, peras… Y ni él ni nosotros pensamos en las normas jurídicas que hacen que ese papel tenga valor y permita comprar cosas. Simplemente es lo normal.
Tendemos a interiorizar las normas jurídicas de modo que terminan pareciéndonos reglas naturales de conducta. Acabamos asumiéndolas acríticamente, hasta el punto de que lo que disponen nos parece lo lógico, lo normal, lo natural.
El problema viene cuando esas normas recogen pautas denigrantes, ignominiosas.
También los sistemas políticos totalitarios tienen su propio entramado jurídico. Y así, la persecución racial en la Alemania nazi se instrumentó mediante normas jurídicas: ilegalización de partidos, leyes confiscatorias y discriminatorias, prohibición de matrimonios mixtos de judíos y arios…
La segregación racial en Suráfrica, el denominado apartheid, se articuló asimismo jurídicamente.
Y de igual modo ocurrió con la esclavitud. Allí donde ha existido, las normas jurídicas vigentes han regulado el derecho de propiedad de los dueños de esclavos, la compra y venta de éstos, la manumisión, etc.
Me pregunto cuántas personas, a lo largo de la historia, habrán considerado naturales estas prácticas aberrantes, sin llegar siquiera a cuestionarse su moralidad o su decencia, por el mero hecho de que eran legales y lícitas. Porque las normas jurídicas las admitían y las regulaban. Porque eran lo normal.
Resiliencia
Resiliencia es un término que proviene de la física y se refiere a la capacidad de un material de recobrar su forma original después de haber estado sometido a altas presiones.
Por analogía, empezó a usarse esta palabra para designar la facultad que permite a las personas, a pesar de atravesar situaciones adversas, salir no solamente a salvo (para eso ya existe el término “resistencia”), sino transformados por la experiencia vivida.
Por extraño que parezca, no todas las personas que vivieron la barbarie de los campos de concentración y el holocausto nazi enloquecieron. Muchos supervivientes lograron rehacer sus vidas.
Uno de ellos fue Boris Cyrulnik, quien sobrevivió a su internamiento en un campo de concentración (no así sus padres) y tras ello consiguió estudiar Psiquiatría. Fue uno de los investigadores del fenómeno (que estudió también en muchachos que habían sufrido maltrato infantil) y promotor de esta palabra: resiliencia.
Con todo, la mayor expresión de resiliencia no consiste en encajar la tragedia, asimilarla y escapar de la locura. Esto puede ser válido para quienes sufren accidentes o catástrofes naturales. Pero, para quienes han sido víctimas de acciones intencionalmente dañinas (crímenes, atentados, actos de sadismo…), la mayor expresión de resiliencia consiste en superar el rencor. En la habilidad de ponerse en el lado del agresor y entender su naturaleza: sus razones subjetivas, sus desequilibrios, sus carencias… En la capacidad de perdonar lo imperdonable.
Por analogía, empezó a usarse esta palabra para designar la facultad que permite a las personas, a pesar de atravesar situaciones adversas, salir no solamente a salvo (para eso ya existe el término “resistencia”), sino transformados por la experiencia vivida.
Por extraño que parezca, no todas las personas que vivieron la barbarie de los campos de concentración y el holocausto nazi enloquecieron. Muchos supervivientes lograron rehacer sus vidas.
Uno de ellos fue Boris Cyrulnik, quien sobrevivió a su internamiento en un campo de concentración (no así sus padres) y tras ello consiguió estudiar Psiquiatría. Fue uno de los investigadores del fenómeno (que estudió también en muchachos que habían sufrido maltrato infantil) y promotor de esta palabra: resiliencia.
Con todo, la mayor expresión de resiliencia no consiste en encajar la tragedia, asimilarla y escapar de la locura. Esto puede ser válido para quienes sufren accidentes o catástrofes naturales. Pero, para quienes han sido víctimas de acciones intencionalmente dañinas (crímenes, atentados, actos de sadismo…), la mayor expresión de resiliencia consiste en superar el rencor. En la habilidad de ponerse en el lado del agresor y entender su naturaleza: sus razones subjetivas, sus desequilibrios, sus carencias… En la capacidad de perdonar lo imperdonable.
Tuesday, December 11, 2007
Neuroimágenes
Las técnicas de neuroimagen muestran el cerebro en acción, las funciones cerebrales, pero no el contenido mental. Examinando con los aparatos de tomografía más sofisticados el interior de un cerebro, no puede saberse en qué está pensando la persona. A lo sumo podría atisbarse si está experimentando emociones placenteras o desagradables, o si está recibiendo un estímulo visual, auditivo o motoro. Pero poco más.
Al igual que las manos no cambian su composición celular según que se usen para manejar un bisturí o para empuñar un arma; al igual que la sintaxis francesa ha servido para escribir Le Petit Prince pero también para guillotinar gente..., unas mismas conexiones neuronales permiten producir pensamientos positivos o destructores, altruistas o dañinos.
La decisión de ejecutar unos u otros actos tampoco deja rastros neuronales diferenciados.
En nuestros cerebros no hay, al parecer, estructuras bioquímicas propias para el bien y para el mal.
¿Dónde, entonces, residen uno y otro?
Al igual que las manos no cambian su composición celular según que se usen para manejar un bisturí o para empuñar un arma; al igual que la sintaxis francesa ha servido para escribir Le Petit Prince pero también para guillotinar gente..., unas mismas conexiones neuronales permiten producir pensamientos positivos o destructores, altruistas o dañinos.
La decisión de ejecutar unos u otros actos tampoco deja rastros neuronales diferenciados.
En nuestros cerebros no hay, al parecer, estructuras bioquímicas propias para el bien y para el mal.
¿Dónde, entonces, residen uno y otro?
Sunday, December 09, 2007
Con buen humor
De la persona que se muestra alegre decimos que está de buen humor. Y de quien está enfadado o irascible decimos que está malhumorado.
Detrás de estas expresiones (buen humor, mal humor), que continuamente empleamos sin reparar en su origen, hay una larga historia.
Humor, según el diccionario, es cada uno de los líquidos de un organismo vivo.
Aristóteles (siglo IV a. de C.) escribió que los tres humores del cuerpo son “la flema, la bilis negra y la bilis amarilla”.
Esta idea debió de tomarla de Hipócrates, el médico más famoso de la antigüedad, quien un siglo antes dejó escrito que “el cuerpo del hombre contiene sangre, mucosidad, bilis amarilla y bilis negra, y esa es su naturaleza, y a causa de ello tiene dolores y puede estar sano. Su salud es óptima cuando estos humores se encuentran en relación recíproca correcta, en lo que a su potencia y cantidad se refiere, así como a su relación. Los dolores aparecen cuando hay algo de más o de menos, o es segregado en el cuerpo sin estar mezclado con el conjunto”.
Galeno, otro reputado médico (siglos II-III d. de C.), abundó en esta creencia, añadiendo que en cada persona predomina desde el nacimiento uno de esos humores, condicionando su predisposición a unas u otras enfermedades.
La creencia en los humores del cuerpo permaneció viva durante muchos siglos, pasando al lenguaje popular. De aquí vienen las expresiones buen humor y mal humor en el sentido con que actualmente las empleamos. Así, la alegría y el enfado irían parejos al predominio de una u otra clase de líquido corporal.
Ahora nos reímos de las afirmaciones de esos autores, que nos parecen fantasías o desvaríos. Igual que, sin duda, en el futuro otros se reirán de nuestras convicciones, de nuestras certezas científicas, de nuestras seguridades.
Hay más textos médicos de Aristóteles que mueven a risa. Como éste: “La sangre se genera en el hígado, circula muy lentamente por los vasos transformándose en carne, pasa de las aurículas a los ventrículos a través de poros y llega a los pulmones. El aire equilibra allí los tres humores del cuerpo”.
Podemos reírnos de lo que creían quienes vivieron hace varios siglos, a condición de que asumamos que nuestras actuales certezas científicas también harán reír a quienes en el futuro las juzguen.
Constatar que, con el tiempo, las certezas se vuelven mentiras y las seguridades se tornan errores, es algo que merece tomarse a risa. O sea, con buen humor.
Detrás de estas expresiones (buen humor, mal humor), que continuamente empleamos sin reparar en su origen, hay una larga historia.
Humor, según el diccionario, es cada uno de los líquidos de un organismo vivo.
Aristóteles (siglo IV a. de C.) escribió que los tres humores del cuerpo son “la flema, la bilis negra y la bilis amarilla”.
Esta idea debió de tomarla de Hipócrates, el médico más famoso de la antigüedad, quien un siglo antes dejó escrito que “el cuerpo del hombre contiene sangre, mucosidad, bilis amarilla y bilis negra, y esa es su naturaleza, y a causa de ello tiene dolores y puede estar sano. Su salud es óptima cuando estos humores se encuentran en relación recíproca correcta, en lo que a su potencia y cantidad se refiere, así como a su relación. Los dolores aparecen cuando hay algo de más o de menos, o es segregado en el cuerpo sin estar mezclado con el conjunto”.
Galeno, otro reputado médico (siglos II-III d. de C.), abundó en esta creencia, añadiendo que en cada persona predomina desde el nacimiento uno de esos humores, condicionando su predisposición a unas u otras enfermedades.
La creencia en los humores del cuerpo permaneció viva durante muchos siglos, pasando al lenguaje popular. De aquí vienen las expresiones buen humor y mal humor en el sentido con que actualmente las empleamos. Así, la alegría y el enfado irían parejos al predominio de una u otra clase de líquido corporal.
Ahora nos reímos de las afirmaciones de esos autores, que nos parecen fantasías o desvaríos. Igual que, sin duda, en el futuro otros se reirán de nuestras convicciones, de nuestras certezas científicas, de nuestras seguridades.
Hay más textos médicos de Aristóteles que mueven a risa. Como éste: “La sangre se genera en el hígado, circula muy lentamente por los vasos transformándose en carne, pasa de las aurículas a los ventrículos a través de poros y llega a los pulmones. El aire equilibra allí los tres humores del cuerpo”.
Podemos reírnos de lo que creían quienes vivieron hace varios siglos, a condición de que asumamos que nuestras actuales certezas científicas también harán reír a quienes en el futuro las juzguen.
Constatar que, con el tiempo, las certezas se vuelven mentiras y las seguridades se tornan errores, es algo que merece tomarse a risa. O sea, con buen humor.
Thursday, December 06, 2007
Por inercia
Fuerza de la no-fuerza. Fuerza de la inercia (“incapacidad de los cuerpos para salir del estado de reposo, para cambiar las condiciones de su movimiento o para cesar en él”). Fuerza que nos lleva a dejarnos llevar. (Como tronco que se deja transportar por el río; como océanos que arrastra la rotación de la Tierra.) Dinamismo de lo estático. Actividad de lo pasivo. Voluntad de lo involuntario. Fuerza que nos fuerza a no resistir; a actuar sin actuar. Inercia.
¿De dónde viene, quién genera esa no-fuerza?
¿De dónde viene, quién genera esa no-fuerza?
Wednesday, December 05, 2007
Lo normal
Veo una foto de la superficie de Marte. No sé si los colores son reales. Hay un cielo rojizo y un suelo marrón sembrado de rocas. Lo que impresiona no es lo que se ve, sino lo que se echa en falta. No hay ni un árbol, ni un arbusto, ni una brizna de hierba, ni siquiera musgo sobre las piedras. Ningún insecto, ningún gusano, ningún pájaro. Sólo el suelo, las rocas y la sombra de éstas.
No es muerte (lo que no ha estado vivo no puede estar muerto). Es un vacío de vida. Un mundo de luz, desolación y sombras.
Sin embargo, no cuesta trabajo imaginar una mariposa revoloteando en ese aire, o un conejo asomando por detrás de las piedras.
Pero no. Lo que realmente se ve es yermo e inhóspito. El reino del desierto, la unanimidad de lo inerte.
Eso, al parecer, es lo normal en el cosmos. Lo contrario es una anomalía.
Me pregunto si la Tierra será así alguna vez. Si dejará de ser la excepción que es ahora.
No es muerte (lo que no ha estado vivo no puede estar muerto). Es un vacío de vida. Un mundo de luz, desolación y sombras.
Sin embargo, no cuesta trabajo imaginar una mariposa revoloteando en ese aire, o un conejo asomando por detrás de las piedras.
Pero no. Lo que realmente se ve es yermo e inhóspito. El reino del desierto, la unanimidad de lo inerte.
Eso, al parecer, es lo normal en el cosmos. Lo contrario es una anomalía.
Me pregunto si la Tierra será así alguna vez. Si dejará de ser la excepción que es ahora.
Qué se puede esperar
¿Qué se puede esperar de quienes durante millones de años tuvieron que luchar a vida o muerte contra otras especies?
¿Qué se puede esperar de quienes hubieron de disputar con los demás animales su derecho a una ración de alimento en la Tierra?
¿Qué se puede esperar de quienes escogieron una táctica basada en el cerebro (una inteligencia, un lenguaje, un actuar sobre el entorno con sus miembros prensiles), pero arrastran de por vida la agresividad de sus ancestros?
¿Qué se puede esperar de quienes ya no son reptiles ni gorilas, pero aún no han dejado de serlo?
¿Qué se puede esperar de nosotros?
¿Qué se puede esperar de quienes hubieron de disputar con los demás animales su derecho a una ración de alimento en la Tierra?
¿Qué se puede esperar de quienes escogieron una táctica basada en el cerebro (una inteligencia, un lenguaje, un actuar sobre el entorno con sus miembros prensiles), pero arrastran de por vida la agresividad de sus ancestros?
¿Qué se puede esperar de quienes ya no son reptiles ni gorilas, pero aún no han dejado de serlo?
¿Qué se puede esperar de nosotros?
Monday, December 03, 2007
Demotecnia
Las decisiones por las que una manada de ciervos o búfalos se traslada de un lado a otro se toman por mayoría. Igualmente, ninguna abeja ni ningún cisne deciden en solitario los movimientos que adopta el grupo.
En estas especies existe la capacidad de adivinar cuándo una mayoría decide partir. Mediante diversos gestos, ciertos miembros del grupo formulan su propuesta de desplazamiento, que seguidamente se somete a la consideración del resto de la manada.
El voto se expresa de diversas formas, como levantando las patas o moviendo la cabeza. En el caso de los cisnes, ningún miembro de la manada se desplaza hasta que aproximadamente el 60% del grupo ha tomado una decisión.
Estos animales sólo emprenden la marcha cuando han alcanzado un consenso mayoritario. No hay disidentes que amenacen con retirarse del grupo si no se siguen sus dictados, ni tampoco líderes que impongan su criterio por la fuerza.
Los zoólogos Roper y Conradt aplicaron modelos matemáticos para determinar las ventajas de esta forma de adoptar decisiones. Estos modelos establecieron que, cuando la mayoría decide, aumentan las posibilidades de supervivencia.
Es la denominada democracia animal.
Según esto, la democracia no es un hallazgo humano. Igual que no hemos inventado la territorialidad ni la competencia, tampoco hemos introducido la democracia.
Tendemos a fundamentar la democracia sobre presupuestos éticos, pero su justificación parece residir en meras razones utilitarias. En principio, la democracia viene a ser sólo una técnica para que las decisiones se acepten también por los miembros del grupo que están en desacuerdo.
Cada uno puede hallarse individualmente en contra de una decisión o una medida; pero si la elección ha sido hecha por la mayoría, entonces estamos dispuestos a aceptarla. La acatamos y cumplimos aunque sea a regañadientes. Así lo experimentamos con frecuencia en la vida política.
De este modo, la democracia se desprende de su marchamo moral y deja de ser garantía absoluta de bondad, de equilibrio o de justicia.
La democracia viene imponiéndose porque es útil y eficaz, ya que ahorra disensiones violentas y facilita la gestión de la estructura social. También, porque favorece que las decisiones que se adoptan sean las que concitan mayor grado de consenso. Pero, por sí sola, la democracia no garantiza nada más.
La existencia de Estados que, pese a contar con organización política democrática, han ejercido una acción imperialista o de despojo sobre otros pueblos y territorios (protectorado, colonialismo…) es evidente. También resulta indudable que varios Estados democráticos han apoyado dictaduras en otros países cuando éstas han servido a sus intereses geoestratégicos y económicos. Digamos que los ciudadanos de estas naciones desean la democracia para ellos, pero en cambio no parece importarles contribuir al mantenimiento de sistemas totalitarios en otras partes del mundo.
El hecho de que una decisión haya sido tomada democráticamente es indicio de que quienes la aprobaron la consideran deseable para ellos; pero no siempre lo es para quienes no participaron en su adopción.
La rapacidad, la explotación y el saqueo pueden ejercerse, también, democráticamente.
Cervantes señalaba que incluso entre los delincuentes han de regir unas reglas instauradas por ellos mismos (“Es tan buena la justicia, que es necesario que se use aun entre los mismos ladrones”). Sin estas normas no podrían actuar con una mínima eficacia, igual que en las organizaciones mafiosas existe una estructura política para elegir a sus jefes.
Aunque con carácter general la democracia es siempre preferible a la autocracia o el totalitarismo, no debemos olvidar que puede haber también una democracia mafiosa, un gangsterismo democrático.
En estas especies existe la capacidad de adivinar cuándo una mayoría decide partir. Mediante diversos gestos, ciertos miembros del grupo formulan su propuesta de desplazamiento, que seguidamente se somete a la consideración del resto de la manada.
El voto se expresa de diversas formas, como levantando las patas o moviendo la cabeza. En el caso de los cisnes, ningún miembro de la manada se desplaza hasta que aproximadamente el 60% del grupo ha tomado una decisión.
Estos animales sólo emprenden la marcha cuando han alcanzado un consenso mayoritario. No hay disidentes que amenacen con retirarse del grupo si no se siguen sus dictados, ni tampoco líderes que impongan su criterio por la fuerza.
Los zoólogos Roper y Conradt aplicaron modelos matemáticos para determinar las ventajas de esta forma de adoptar decisiones. Estos modelos establecieron que, cuando la mayoría decide, aumentan las posibilidades de supervivencia.
Es la denominada democracia animal.
Según esto, la democracia no es un hallazgo humano. Igual que no hemos inventado la territorialidad ni la competencia, tampoco hemos introducido la democracia.
Tendemos a fundamentar la democracia sobre presupuestos éticos, pero su justificación parece residir en meras razones utilitarias. En principio, la democracia viene a ser sólo una técnica para que las decisiones se acepten también por los miembros del grupo que están en desacuerdo.
Cada uno puede hallarse individualmente en contra de una decisión o una medida; pero si la elección ha sido hecha por la mayoría, entonces estamos dispuestos a aceptarla. La acatamos y cumplimos aunque sea a regañadientes. Así lo experimentamos con frecuencia en la vida política.
De este modo, la democracia se desprende de su marchamo moral y deja de ser garantía absoluta de bondad, de equilibrio o de justicia.
La democracia viene imponiéndose porque es útil y eficaz, ya que ahorra disensiones violentas y facilita la gestión de la estructura social. También, porque favorece que las decisiones que se adoptan sean las que concitan mayor grado de consenso. Pero, por sí sola, la democracia no garantiza nada más.
La existencia de Estados que, pese a contar con organización política democrática, han ejercido una acción imperialista o de despojo sobre otros pueblos y territorios (protectorado, colonialismo…) es evidente. También resulta indudable que varios Estados democráticos han apoyado dictaduras en otros países cuando éstas han servido a sus intereses geoestratégicos y económicos. Digamos que los ciudadanos de estas naciones desean la democracia para ellos, pero en cambio no parece importarles contribuir al mantenimiento de sistemas totalitarios en otras partes del mundo.
El hecho de que una decisión haya sido tomada democráticamente es indicio de que quienes la aprobaron la consideran deseable para ellos; pero no siempre lo es para quienes no participaron en su adopción.
La rapacidad, la explotación y el saqueo pueden ejercerse, también, democráticamente.
Cervantes señalaba que incluso entre los delincuentes han de regir unas reglas instauradas por ellos mismos (“Es tan buena la justicia, que es necesario que se use aun entre los mismos ladrones”). Sin estas normas no podrían actuar con una mínima eficacia, igual que en las organizaciones mafiosas existe una estructura política para elegir a sus jefes.
Aunque con carácter general la democracia es siempre preferible a la autocracia o el totalitarismo, no debemos olvidar que puede haber también una democracia mafiosa, un gangsterismo democrático.
Ruido
Inventamos preocupaciones. Nos obsesionamos por asuntos triviales y luego, cuando surge un problema realmente grave, nos damos cuenta de que nos preocupábamos por bagatelas.
Y a la inversa. Las personas que han de preocuparse por lo más vital (la subsistencia, la obtención de alimento…) creen que, una vez que consigan eso, no tendrán nada serio de que preocuparse. Y sin embargo no es así. Cuando han logrado lo básico, encuentran otros motivos de preocupación.
Quienes lo tienen todo se desviven porque otros tienen todavía más que ellos, o bien se fabrican sus propios enredos generadores de problemas.
Se ve que buscamos preocupaciones, que no queremos pasar sin turbación.
Preocuparse es ocuparse, mantener la mente llena, ocupada. Incluso mientras dormimos nuestro cerebro conserva su actividad en forma de sueños o pesadillas.
Es posible que nuestro pensamiento quiera estar permanentemente ocupado para no conceder tiempo ni espacio a otras preguntas: a las cuestiones profundas del sentido y el ser.
Si no nos preocupáramos siempre por algo, se haría un profundo silencio interior. Y es probable que, en ese caso, lo que oyéramos no nos gustase.
¿De qué huimos cuando nos refugiamos en las preocupaciones?
Y a la inversa. Las personas que han de preocuparse por lo más vital (la subsistencia, la obtención de alimento…) creen que, una vez que consigan eso, no tendrán nada serio de que preocuparse. Y sin embargo no es así. Cuando han logrado lo básico, encuentran otros motivos de preocupación.
Quienes lo tienen todo se desviven porque otros tienen todavía más que ellos, o bien se fabrican sus propios enredos generadores de problemas.
Se ve que buscamos preocupaciones, que no queremos pasar sin turbación.
Preocuparse es ocuparse, mantener la mente llena, ocupada. Incluso mientras dormimos nuestro cerebro conserva su actividad en forma de sueños o pesadillas.
Es posible que nuestro pensamiento quiera estar permanentemente ocupado para no conceder tiempo ni espacio a otras preguntas: a las cuestiones profundas del sentido y el ser.
Si no nos preocupáramos siempre por algo, se haría un profundo silencio interior. Y es probable que, en ese caso, lo que oyéramos no nos gustase.
¿De qué huimos cuando nos refugiamos en las preocupaciones?
Thursday, November 29, 2007
Descerebradas
Las plantas se mueven, cambian de postura para aprovechar la luz. Algunas, como los girasoles, siguen al sol para tenerlo siempre de cara. Otras, las carnívoras, llegan incluso a atrapar insectos: triunfo de lo vegetal sobre lo animal.
Pero lo hacen sin necesidad de sistema nervioso, sin neuronas de esas que no traen más que disgustos.
Bien mirado, lo de no tener cerebro es una estrategia muy inteligente.
Pero lo hacen sin necesidad de sistema nervioso, sin neuronas de esas que no traen más que disgustos.
Bien mirado, lo de no tener cerebro es una estrategia muy inteligente.
Si esto es amor
“Debido a la extraordinaria duración del período de dependencia de las crías, y a las enormes exigencias de éstas, las hembras se encontraron casi perpetuamente confinadas en el hogar estable. El nuevo estilo de vida del mono cazador creó un problema especial. Al contrario de lo que ocurría con los carnívoros puros, las partidas de caza se convirtieron en grupos compuestos únicamente por machos. Para un primate macho, el hecho de salir en busca de comida y dejar a sus hembras sin protección contra los intentos de cualquier otro macho que pudiera rondar por allí, era algo inaudito. Era algo que requería un cambio importante en el comportamiento social.
La solución consistió en la creación de un lazo que apareaba a los individuos. Los monos cazadores macho y hembra tenían que enamorarse y guardarse fidelidad. Esto es una tendencia corriente en muchos otros animales, pero rara entre los primates. Resolvía tres problemas a la vez. Significaba que las hembras estaban ligadas a sus machos individuales y les permanecían fieles mientras éstos estaban de caza. Significaba una reducción en las grandes rivalidades sexuales entre los machos, lo que contribuía a desarrollar su espíritu de colaboración. Y en tercer lugar, la creación de una unidad familiar a base de un macho y una hembra redundaba en beneficio del retoño. La pesada tarea de criar y adiestrar a un joven que se desarrollaba lentamente exigía una coherente unidad familiar. En otros grupos de animales, ya sean peces, pájaros o mamíferos, observamos que, cuando la carga se hace demasiado pesada, surge entre la pareja un vigoroso lazo que ata al macho y a la hembra. Eso fue también lo que ocurrió en el caso del mono cazador”.
(D. Morris)
Así que “un vigoroso lazo”.
Enamorados de todos los tiempos y todos los lugares: ya sabéis de dónde viene lo vuestro.
Y sin embargo, nadie debería negaros el mérito de añadir emoción a ese lazo. De llenarlo de calor, de comprensión, de ternura.
La solución consistió en la creación de un lazo que apareaba a los individuos. Los monos cazadores macho y hembra tenían que enamorarse y guardarse fidelidad. Esto es una tendencia corriente en muchos otros animales, pero rara entre los primates. Resolvía tres problemas a la vez. Significaba que las hembras estaban ligadas a sus machos individuales y les permanecían fieles mientras éstos estaban de caza. Significaba una reducción en las grandes rivalidades sexuales entre los machos, lo que contribuía a desarrollar su espíritu de colaboración. Y en tercer lugar, la creación de una unidad familiar a base de un macho y una hembra redundaba en beneficio del retoño. La pesada tarea de criar y adiestrar a un joven que se desarrollaba lentamente exigía una coherente unidad familiar. En otros grupos de animales, ya sean peces, pájaros o mamíferos, observamos que, cuando la carga se hace demasiado pesada, surge entre la pareja un vigoroso lazo que ata al macho y a la hembra. Eso fue también lo que ocurrió en el caso del mono cazador”.
(D. Morris)
Así que “un vigoroso lazo”.
Enamorados de todos los tiempos y todos los lugares: ya sabéis de dónde viene lo vuestro.
Y sin embargo, nadie debería negaros el mérito de añadir emoción a ese lazo. De llenarlo de calor, de comprensión, de ternura.
Wednesday, November 28, 2007
Incorporados
Cuando muere un ser querido sentimos que nos arrancan algo, justo lo que esa persona nos ha dado en vida. El idioma debería expresar lo que crecemos gracias al contacto con otras personas, e incluso con los animales y las cosas. Lo que los demás nos transfieren.
Crecemos cuando otros nos dan lo mejor de ellos mismos.
Se dice que los perros, merced a su convivencia milenaria con los humanos, tienen un cerebro humanizado. Pero no es excesivo afirmar que, también, los amos de un perro se perrizan.
Yo puedo ser Luis o Carmen, pero cuando converso con Juan me juanizo. Cuando aprendo de Elena me elenizo. (No me convierto en Juan ni Elena, pero incorporo una parte de ellos.)
Debería poder decirse:
Fui a la montaña y me montañicé.
Alguien te dio ánimo y te animaste.
Se niñizó jugando con un niño.
Crecemos cuando otros nos dan lo mejor de ellos mismos.
Se dice que los perros, merced a su convivencia milenaria con los humanos, tienen un cerebro humanizado. Pero no es excesivo afirmar que, también, los amos de un perro se perrizan.
Yo puedo ser Luis o Carmen, pero cuando converso con Juan me juanizo. Cuando aprendo de Elena me elenizo. (No me convierto en Juan ni Elena, pero incorporo una parte de ellos.)
Debería poder decirse:
Fui a la montaña y me montañicé.
Alguien te dio ánimo y te animaste.
Se niñizó jugando con un niño.
Tuesday, November 27, 2007
Valientes
Aquí estamos, frágiles y vulnerables.
¡Sería tan fácil quedarnos ciegos, tullidos, muertos! Bastaría un golpe, una pedrada, un mordisco bien dados.
Bastaría un loco o un malvado dispuesto a hacerlo.
Se requiere poca fuerza para arrancar los miembros. Y no más para segar la vida.
Ni siquiera es precisa una voluntad homicida. Basta una curva cerrada, un temblor, un vendaval, un objeto que cae... Basta la fatalidad.
¿Cómo, entonces, osamos caminar por la calle? ¿Cómo andamos sin casco ni escudo ni coraza?
¿Qué exceso de confianza nos mueve a actuar así?
Siendo tan vulnerables, ¿cómo nos atrevemos?
Pues porque somos osados y optimistas. Porque somos valientes.
¡Sería tan fácil quedarnos ciegos, tullidos, muertos! Bastaría un golpe, una pedrada, un mordisco bien dados.
Bastaría un loco o un malvado dispuesto a hacerlo.
Se requiere poca fuerza para arrancar los miembros. Y no más para segar la vida.
Ni siquiera es precisa una voluntad homicida. Basta una curva cerrada, un temblor, un vendaval, un objeto que cae... Basta la fatalidad.
¿Cómo, entonces, osamos caminar por la calle? ¿Cómo andamos sin casco ni escudo ni coraza?
¿Qué exceso de confianza nos mueve a actuar así?
Siendo tan vulnerables, ¿cómo nos atrevemos?
Pues porque somos osados y optimistas. Porque somos valientes.
Para ser comidos
La mosca
La mosca vino al mundo para ser comida por la araña.
Antes de ser comida, la mosca puso huevos para que nacieran otras moscas, a las que comerán otras arañas.
Ésta es la finalidad existencial de las moscas (aunque ellas no lo sepan): ser comidas.
La araña
La araña vino al mundo para ser comida por pájaros, por reptiles.
Antes de ser comida, la araña puso huevos para que nacieran otras arañas, a las que comerán otros pájaros, otros reptiles.
Ésta es la finalidad existencial de las arañas (aunque ellas no lo sepan): ser comidas.
Y así...
Así sucesivamente. Seres cuya finalidad vital, la que la vida les ha asignado, consiste en servir de alimento a otros.
Para qué.
¿Y para qué todo eso? Pues, que sepamos, para nada: acaso por mero capricho, por simple entretenimiento de la materia.
La mosca vino al mundo para ser comida por la araña.
Antes de ser comida, la mosca puso huevos para que nacieran otras moscas, a las que comerán otras arañas.
Ésta es la finalidad existencial de las moscas (aunque ellas no lo sepan): ser comidas.
La araña
La araña vino al mundo para ser comida por pájaros, por reptiles.
Antes de ser comida, la araña puso huevos para que nacieran otras arañas, a las que comerán otros pájaros, otros reptiles.
Ésta es la finalidad existencial de las arañas (aunque ellas no lo sepan): ser comidas.
Y así...
Así sucesivamente. Seres cuya finalidad vital, la que la vida les ha asignado, consiste en servir de alimento a otros.
Para qué.
¿Y para qué todo eso? Pues, que sepamos, para nada: acaso por mero capricho, por simple entretenimiento de la materia.
Monday, November 26, 2007
Una tristeza alegre
¿Qué tienen en común Antonio Machado, Franz Kafka, Fernando Pessoa, Miguel Hernández?
Aparte de ser escritores, coinciden en que ninguno de ellos tuvo una existencia feliz.
Antonio Machado se casó con una muchacha llamada Leonor. Él tenía 34 años y ella sólo 15. El matrimonio duró apenas tres años porque, poco después de casarse, Leonor enfermó y murió. Machado nunca se recuperó de aquel golpe. Más tarde sufrió otro derrumbe, cuando hubo de huir de España al perder la República la guerra civil. Murió pocos días después de cruzar la frontera con Francia.
Franz Kafka, en plena juventud, contrajo la tuberculosis. Su padre, que ejerció sobre él una dominación tiránica, se opuso ferozmente a su vocación literaria. Tuvo cinco tentativas matrimoniales frustradas. A pesar de su nulo interés por el trabajo administrativo, hubo de trabajar como empleado en una compañía de seguros, hasta que también dejó ese trabajo a causa de su enfermedad.
A Fernando Pessoa el sufrimiento lo acompañó siempre, tanto a nivel emocional como material. En vida no tuvo nada: carrera, amores, relaciones sociales, ni siquiera obra (sólo vio publicado un libro). Bebió en exceso. Y tenía el vicio de no terminar nunca nada de lo que empezaba. Escribió: Me quedo desolado cuando termino algo… Mi instinto de perfección debería impedirme acabar; debería impedirme incluso empezar.
Miguel Hernández, tras perder la República española la guerra civil, fue apresado a causa de su adhesión al bando derrotado. En la cárcel contrajo la tuberculosis, de la que murió en 1942. Estando en la prisión supo que su mujer y su hijo tenían que alimentarse de cebollas casi únicamente. Lo reflejó en una canción de cuna que escribió para su hijo, las llamadas “Nanas de la Cebolla”.
Es significativo que ninguno de los autores mencionados tuviera una vida fácil. En general, cuesta trabajo encontrar algún escritor valioso que no haya tenido una existencia dura y complicada.
Tal vez la razón sea que las personas felices no escriben libros. Al menos libros profundos. Prefieren la acción: salir a la calle, relacionarse y divertirse.
Borges se lamentaba de no haber sido feliz, pero no por él, sino por su madre. Decía que, si él hubiera sido feliz, su madre también lo habría sido al verle disfrutar de la vida. En cambio, lo insatisfactorio de su existencia contribuyó a entristecer a su madre. En un poema dice: He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz... Mis padres me engendraron para el juego arriesgado y hermoso de la vida, para la tierra, el agua, el aire, el fuego... Los defraudé. No fui feliz. Cumplida no fue su voluntad. Mi mente se aplicó a las simétricas porfías del arte, que entreteje naderías.
Pese a todo, es probable que, a su manera, estos autores no tuvieran una vida triste. Experimentaron otra clase de goce: la magia y el placer de crear. Eso que, por ejemplo, hacía exclamar a Kafka que por nada del mundo le arrancarían de su mesa de trabajo. Eso que a este mismo autor le llevaba a narrar por narrar, aunque nadie fuese a leer sus escritos (llegó a pedir a un amigo que los destruyera a su muerte). Tuvieron otra modalidad de alegría, distinta pero reconfortante.
Así que, pese a todo, fueron felices.
Aparte de ser escritores, coinciden en que ninguno de ellos tuvo una existencia feliz.
Antonio Machado se casó con una muchacha llamada Leonor. Él tenía 34 años y ella sólo 15. El matrimonio duró apenas tres años porque, poco después de casarse, Leonor enfermó y murió. Machado nunca se recuperó de aquel golpe. Más tarde sufrió otro derrumbe, cuando hubo de huir de España al perder la República la guerra civil. Murió pocos días después de cruzar la frontera con Francia.
Franz Kafka, en plena juventud, contrajo la tuberculosis. Su padre, que ejerció sobre él una dominación tiránica, se opuso ferozmente a su vocación literaria. Tuvo cinco tentativas matrimoniales frustradas. A pesar de su nulo interés por el trabajo administrativo, hubo de trabajar como empleado en una compañía de seguros, hasta que también dejó ese trabajo a causa de su enfermedad.
A Fernando Pessoa el sufrimiento lo acompañó siempre, tanto a nivel emocional como material. En vida no tuvo nada: carrera, amores, relaciones sociales, ni siquiera obra (sólo vio publicado un libro). Bebió en exceso. Y tenía el vicio de no terminar nunca nada de lo que empezaba. Escribió: Me quedo desolado cuando termino algo… Mi instinto de perfección debería impedirme acabar; debería impedirme incluso empezar.
Miguel Hernández, tras perder la República española la guerra civil, fue apresado a causa de su adhesión al bando derrotado. En la cárcel contrajo la tuberculosis, de la que murió en 1942. Estando en la prisión supo que su mujer y su hijo tenían que alimentarse de cebollas casi únicamente. Lo reflejó en una canción de cuna que escribió para su hijo, las llamadas “Nanas de la Cebolla”.
Es significativo que ninguno de los autores mencionados tuviera una vida fácil. En general, cuesta trabajo encontrar algún escritor valioso que no haya tenido una existencia dura y complicada.
Tal vez la razón sea que las personas felices no escriben libros. Al menos libros profundos. Prefieren la acción: salir a la calle, relacionarse y divertirse.
Borges se lamentaba de no haber sido feliz, pero no por él, sino por su madre. Decía que, si él hubiera sido feliz, su madre también lo habría sido al verle disfrutar de la vida. En cambio, lo insatisfactorio de su existencia contribuyó a entristecer a su madre. En un poema dice: He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz... Mis padres me engendraron para el juego arriesgado y hermoso de la vida, para la tierra, el agua, el aire, el fuego... Los defraudé. No fui feliz. Cumplida no fue su voluntad. Mi mente se aplicó a las simétricas porfías del arte, que entreteje naderías.
Pese a todo, es probable que, a su manera, estos autores no tuvieran una vida triste. Experimentaron otra clase de goce: la magia y el placer de crear. Eso que, por ejemplo, hacía exclamar a Kafka que por nada del mundo le arrancarían de su mesa de trabajo. Eso que a este mismo autor le llevaba a narrar por narrar, aunque nadie fuese a leer sus escritos (llegó a pedir a un amigo que los destruyera a su muerte). Tuvieron otra modalidad de alegría, distinta pero reconfortante.
Así que, pese a todo, fueron felices.
Auto-miedo
Miedo a nosotros mismos.
Miedo al arrebato. A perder el control. A que la ira o el rencor se instalen dentro y nos conviertan en otro: nos alteren.
Miedo a la obcecación. A empecinarnos. A no aceptar nuestros errores. A anteponer el orgullo a la verdad.
Miedo a rendirnos. A agotar nuestras fuerzas. A degenerar y decaer. A cambiar, con el tiempo, a peor.
Miedo a abrazar la rutina, la indolencia, la ruindad. A que ellas se apoderen de nosotros.
Miedo a perder la razón y la consciencia. Miedo al delirio. A la enajenación (a salir de nosotros: enajenarnos). Al alzheimer. A devenir sólo cuerpo, sin dirección ni memoria.
Miedo a nosotros mismos. Automiedo.
Miedo al arrebato. A perder el control. A que la ira o el rencor se instalen dentro y nos conviertan en otro: nos alteren.
Miedo a la obcecación. A empecinarnos. A no aceptar nuestros errores. A anteponer el orgullo a la verdad.
Miedo a rendirnos. A agotar nuestras fuerzas. A degenerar y decaer. A cambiar, con el tiempo, a peor.
Miedo a abrazar la rutina, la indolencia, la ruindad. A que ellas se apoderen de nosotros.
Miedo a perder la razón y la consciencia. Miedo al delirio. A la enajenación (a salir de nosotros: enajenarnos). Al alzheimer. A devenir sólo cuerpo, sin dirección ni memoria.
Miedo a nosotros mismos. Automiedo.
Friday, November 23, 2007
Así como suena
Las palabras son arbitrarias. Nada hay en el agua que justifique su nombre. Nada tiene el árbol para llamarse árbol. Las montañas podrían llamarse igualmente *rapilas o *solefos.
No se sabe cómo, siendo tan difícil conseguir que muchas personas se pongan de acuerdo en algo, concurre asentimiento general en llamar al frío frío, a la noche noche, al camino camino…
Pero hay algunas palabras no arbitrarias. Son las voces onomatopéyicas: palabras que tienen su origen en los sonidos a que aluden. Palabras que reproducen los ruidos del mundo, la banda sonora de la realidad.
Palabras como grillo, maullido, bufido, ronroneo, croar, aullar, piar, graznar, rugir, mugir... evocan claramente el ruido que emiten los animales a que se refieren. El significante depende del significado. No son, pues, palabras arbitrarias.
Tronar viene del sonido del trueno. Ulular viene del sonido del viento. El agua del río hace flu-flu, o sea, fluye.
Tecla suena como una tecla. Ronquido suena como un ronquido. Pitido suena como un pitido. La palabra crujir cruje. La palabra gemir gime. La palabra zumbar zumba.
Traqueteo suena como un traqueteo. Murmullo suena como un murmullo. Cuchicheo suena como un cuchicheo. Susurro suena como un susurro.
Mama, mamá, mamar son el sonido de los labios que se juntan. Por eso mama es la palabra-madre.
Arrullo viene de la voz dulce con que se habla a los niños pequeños.
Hubo un tiempo en que no había palabras. Entonces un recién nacido dijo ma-ma. Su madre se lo acercó al pecho y le canturreó arru-rú.
No se sabe cómo, siendo tan difícil conseguir que muchas personas se pongan de acuerdo en algo, concurre asentimiento general en llamar al frío frío, a la noche noche, al camino camino…
Pero hay algunas palabras no arbitrarias. Son las voces onomatopéyicas: palabras que tienen su origen en los sonidos a que aluden. Palabras que reproducen los ruidos del mundo, la banda sonora de la realidad.
Palabras como grillo, maullido, bufido, ronroneo, croar, aullar, piar, graznar, rugir, mugir... evocan claramente el ruido que emiten los animales a que se refieren. El significante depende del significado. No son, pues, palabras arbitrarias.
Tronar viene del sonido del trueno. Ulular viene del sonido del viento. El agua del río hace flu-flu, o sea, fluye.
Tecla suena como una tecla. Ronquido suena como un ronquido. Pitido suena como un pitido. La palabra crujir cruje. La palabra gemir gime. La palabra zumbar zumba.
Traqueteo suena como un traqueteo. Murmullo suena como un murmullo. Cuchicheo suena como un cuchicheo. Susurro suena como un susurro.
Mama, mamá, mamar son el sonido de los labios que se juntan. Por eso mama es la palabra-madre.
Arrullo viene de la voz dulce con que se habla a los niños pequeños.
Hubo un tiempo en que no había palabras. Entonces un recién nacido dijo ma-ma. Su madre se lo acercó al pecho y le canturreó arru-rú.
Pasaron
Hechos que recuerdo vagamente. Escenas que no sé si pasaron así, o las recreé y deformé en mi memoria, o las pensé, o soñé que las vivía, o las leí en algún libro, o las vi en una película... Instantes que, de cualquier modo, ya no están. Que tal vez no ocurrieron, pero pasaron. Pasaron y se fueron.
Thursday, November 22, 2007
Chapuza cósmica
Y ahora sabemos:
-Que la Tierra no es una esfera perfecta, sino achatada por los polos.
-Que su eje de rotación está inclinado y se mantiene así por la atracción lunar.
-Que ni siquiera al rodear al Sol traza una circunferencia, sino una especie de elipse. Algo así como un huevo.
O sea: que no es sólo que soy imperfecto. Ni es sólo que la humanidad es defectuosa. Es que el sistema está, todo él, abollado y torcido.
Incluso desde el punto de vista geométrico, la galaxia entera es una chapuza.
-Que la Tierra no es una esfera perfecta, sino achatada por los polos.
-Que su eje de rotación está inclinado y se mantiene así por la atracción lunar.
-Que ni siquiera al rodear al Sol traza una circunferencia, sino una especie de elipse. Algo así como un huevo.
O sea: que no es sólo que soy imperfecto. Ni es sólo que la humanidad es defectuosa. Es que el sistema está, todo él, abollado y torcido.
Incluso desde el punto de vista geométrico, la galaxia entera es una chapuza.
Wednesday, November 21, 2007
Lo que siente por ti
A lo que siente por ti te resistes a llamarle amor y le llamas cariño o le llamas apego o le llamas querencia. Y bueno, sí pero ¿quién eres tú para decir eso, o acaso has estado alguna vez dentro, o es que sabes qué siente cuando te ve venir y hace ese sonido que no es ladrido ni aullido, que a lo mejor no tiene nombre, y a la vez salta y se retuerce y mueve el rabo porque tanta alegría no le cabe en su cuerpo? Y sí, en el fondo puede que eso no sea amor. Puede que, después de todo, la palabra amor se le quede pequeña.
Tuesday, November 20, 2007
Instinto de tribu
Tanto los instintos individuales (de autodefensa, sexual, maternal…) como los grupales o tribales están orientados a la supervivencia. Una característica de los instintos grupales es que se manifiestan de modo contradictorio hacia dentro del grupo (respeto básico, colaboración) y hacia fuera (rivalidad y agresión contra los demás grupos). Era la propio de un tiempo en que los recursos alimenticios escaseaban y había que combatir ferozmente por ellos, de modo que las tribus o grupos más cohesionados (colaboradores hacia dentro y agresivos hacia fuera) tenían más probabilidades de sobrevivir.
En el hombre actual esos instintos siguen presentes, aun cuando su inteligencia le permitiría racionalizarlos.
Partiendo de que esa inteligencia ha posibilitado al ser humano producir recursos que, bien administrados, bastarían para satisfacer las necesidades de todos los individuos, el hombre podría arrinconar sus instintos grupales hacia fuera (de agresividad contra los grupos rivales) y considerar que todos los humanos constituyen un único grupo.
Con ello, sólo los instintos grupales hacia dentro (que están en el origen de la colaboración y el respecto, y que viabilizan la supervivencia del grupo) prevalecerían.
A tal fin, habría que suprimir la “territorialización” del planeta (Estados, fronteras), creando una única organización política a escala mundial.
De momento, no parecer ser éste el camino que seguimos. La inteligencia no ha sustituido a los instintos grupales agresivos, sino que ha sido puesta al servicio de éstos. Las luchas tribales (guerras) no han desaparecido, ni se vislumbra su abolición; simplemente se libran con armas cada vez más sofisticadas y letales.
Si no hay pronto un cambio de rumbo, este confluir de “instinto aplicado a los fines” e “inteligencia aplicada a los medios” lleva camino de ser el germen de nuestra autodestrucción.
En el hombre actual esos instintos siguen presentes, aun cuando su inteligencia le permitiría racionalizarlos.
Partiendo de que esa inteligencia ha posibilitado al ser humano producir recursos que, bien administrados, bastarían para satisfacer las necesidades de todos los individuos, el hombre podría arrinconar sus instintos grupales hacia fuera (de agresividad contra los grupos rivales) y considerar que todos los humanos constituyen un único grupo.
Con ello, sólo los instintos grupales hacia dentro (que están en el origen de la colaboración y el respecto, y que viabilizan la supervivencia del grupo) prevalecerían.
A tal fin, habría que suprimir la “territorialización” del planeta (Estados, fronteras), creando una única organización política a escala mundial.
De momento, no parecer ser éste el camino que seguimos. La inteligencia no ha sustituido a los instintos grupales agresivos, sino que ha sido puesta al servicio de éstos. Las luchas tribales (guerras) no han desaparecido, ni se vislumbra su abolición; simplemente se libran con armas cada vez más sofisticadas y letales.
Si no hay pronto un cambio de rumbo, este confluir de “instinto aplicado a los fines” e “inteligencia aplicada a los medios” lleva camino de ser el germen de nuestra autodestrucción.
Animados o no
Los custodios del lenguaje afirman que el verbo “calcinar” debe aplicarse a las cosas inertes, mientras que “carbonizar” debe aplicarse a los seres vivos. Así, en el incendio de un vehículo éste quedaría calcinado, mientras que sus ocupantes resultarían carbonizados. Viene a ser una forma (otra más) de distinguir entre lo que ya era inerte de antemano, y lo que estaba vivo pero ha devenido inerte.
Se pone demasiado énfasis en diferenciar ambas clases de materia, cuando lo cierto es que la sustancia inerte puede adquirir vida (minerales que las plantas absorben del suelo) y la materia viva deviene inerte (al morir).
Los seres animados somos, en cierto modo, minerales que han cobrado vida. Las plantas y animales son -somos-, parte integrante del planeta, tanto como lo son el agua, el oxígeno o las rocas de que estamos hechos. No hay, por tanto, una radical frontera geológica entre lo animado y lo inanimado.
Al menos en el planeta Tierra, la condición de “vivo” o “inerte” es transitoria y accidental.
Se pone demasiado énfasis en diferenciar ambas clases de materia, cuando lo cierto es que la sustancia inerte puede adquirir vida (minerales que las plantas absorben del suelo) y la materia viva deviene inerte (al morir).
Los seres animados somos, en cierto modo, minerales que han cobrado vida. Las plantas y animales son -somos-, parte integrante del planeta, tanto como lo son el agua, el oxígeno o las rocas de que estamos hechos. No hay, por tanto, una radical frontera geológica entre lo animado y lo inanimado.
Al menos en el planeta Tierra, la condición de “vivo” o “inerte” es transitoria y accidental.
Monday, November 19, 2007
Y decir que te quiero
El lenguaje ha de traducir a palabras las cosas (sustantivos), las acciones (verbos), las cualidades (adjetivos), las circunstancias (adverbios)… Pero también debe transplantar los sentimientos y emociones. Y no es tarea fácil.
Algunos recursos que (obviamente sin saberlo) empleamos para expresar cariño son:
-El diminutivo afectivo: mi hijito, mi casita, qué viejecito, qué solita estás… Este uso a veces lo duplicamos (diminutivo de diminutivo): chica – chiquita - chiquitita. En América incluso aplican el diminutivo a adverbios y gerundios: lueguito, ahorita, corriendito…
-El aumentativo afectivo: muchachote, grandullón…
-El diminutivo y el aumentativo combinados: chiqu-ill-ón.
-El complemento afectivo: mi niño no me come; no te nos vayas…
En relación con esto último, al principio de un poema elegíaco Miguel Hernández dice “… se me ha muerto, como del rayo, Ramón Sijé”. Es verdad que, gramaticalmente, ese me (aparente complemento indirecto) no añade nada. Porque no es una partícula sintáctica: es una partícula amorosa.
Algunos recursos que (obviamente sin saberlo) empleamos para expresar cariño son:
-El diminutivo afectivo: mi hijito, mi casita, qué viejecito, qué solita estás… Este uso a veces lo duplicamos (diminutivo de diminutivo): chica – chiquita - chiquitita. En América incluso aplican el diminutivo a adverbios y gerundios: lueguito, ahorita, corriendito…
-El aumentativo afectivo: muchachote, grandullón…
-El diminutivo y el aumentativo combinados: chiqu-ill-ón.
-El complemento afectivo: mi niño no me come; no te nos vayas…
En relación con esto último, al principio de un poema elegíaco Miguel Hernández dice “… se me ha muerto, como del rayo, Ramón Sijé”. Es verdad que, gramaticalmente, ese me (aparente complemento indirecto) no añade nada. Porque no es una partícula sintáctica: es una partícula amorosa.
Sunday, November 18, 2007
Del aire nacen
"Más vale pan con amor, que gallina con dolor".
"Quien mucho analiza, mucho se martiriza".
"Al presumido y al engolado, dales de lado".
"Amor de madre, y lo demás es aire"...
¿Quién inventó estos refranes, todos los refranes? Nadie.
¿Quién inventa las coplas, los romances anónimos,las canciones de corro ("El patio de mi casa es particular. Cuando llueve se moja como los demás")? Nadie.
¿Quién inventa los chistes? Nadie
Nadie los inventa, nadie los crea. Surgen igual que las setas, las bayas silvestres, los espárragos... Afloran naturalmente, como brotes de la tierra. Por generación espontánea.
"Coplas y refranes, del aire nacen".
A mí, al menos, me gusta pensar que es así.
"Quien mucho analiza, mucho se martiriza".
"Al presumido y al engolado, dales de lado".
"Amor de madre, y lo demás es aire"...
¿Quién inventó estos refranes, todos los refranes? Nadie.
¿Quién inventa las coplas, los romances anónimos,las canciones de corro ("El patio de mi casa es particular. Cuando llueve se moja como los demás")? Nadie.
¿Quién inventa los chistes? Nadie
Nadie los inventa, nadie los crea. Surgen igual que las setas, las bayas silvestres, los espárragos... Afloran naturalmente, como brotes de la tierra. Por generación espontánea.
"Coplas y refranes, del aire nacen".
A mí, al menos, me gusta pensar que es así.
Thursday, November 15, 2007
Hija Objeto
Aurora Rodríguez, testigo de la opresión que viven las mujeres de su tiempo, concibe la idea de tener una hija que, educada desde el principio para ello, pueda consagrarse a la liberación de la mujer. Busca un hombre sano, inteligente y dispuesto a renunciar a la paternidad, con quien engendra una hija. La niña, a la que pone por nombre Hildegart, es educada por su madre para el fin con que la ha traído al mundo. A los 16 años termina la carrera de Derecho y empieza la de Medicina. Para entonces ya escribe libros y artículos. A los 18 años es figura popular en los medios intelectuales y revolucionarios.
Pero, tras alcanzar prestigio internacional en diversos campos, Hildegart intenta alejarse de su madre. Le expone su deseo de elegir por sí misma, de optar incluso por el matrimonio y la maternidad.
Es entonces cuando Aurora entiende que su proyecto ha fracasado. Al comprobar que Hildegart no va a seguir los designios que le ha marcado, Aurora pone fin a la vida de su hija.
Ocurrió en Madrid en el año 1933.
……
La historia de Aurora Rodríguez y su hija Hildegart pone de manifiesto, con trágica crudeza, hasta qué punto es dañino ver en los hijos un medio para satisfacer los pruritos o intereses personales de los padres, por loables que sean. Como abusivo es también no respetar el derecho de los hijos a elegir libremente su camino.
Salvando las distancias, la actitud de la madre de Hildegart no es sustancialmente distinta de la de quienes buscan imbuir a los hijos su propia ideología, sus propias convicciones, sus propias creencias religiosas. Y ello prevaliéndose, además, de la acrítica inmadurez de la infancia.
……
Pero, tras alcanzar prestigio internacional en diversos campos, Hildegart intenta alejarse de su madre. Le expone su deseo de elegir por sí misma, de optar incluso por el matrimonio y la maternidad.
Es entonces cuando Aurora entiende que su proyecto ha fracasado. Al comprobar que Hildegart no va a seguir los designios que le ha marcado, Aurora pone fin a la vida de su hija.
Ocurrió en Madrid en el año 1933.
……
La historia de Aurora Rodríguez y su hija Hildegart pone de manifiesto, con trágica crudeza, hasta qué punto es dañino ver en los hijos un medio para satisfacer los pruritos o intereses personales de los padres, por loables que sean. Como abusivo es también no respetar el derecho de los hijos a elegir libremente su camino.
Salvando las distancias, la actitud de la madre de Hildegart no es sustancialmente distinta de la de quienes buscan imbuir a los hijos su propia ideología, sus propias convicciones, sus propias creencias religiosas. Y ello prevaliéndose, además, de la acrítica inmadurez de la infancia.
……
Aurora Rodríguez perseguía el derecho a decidir de las mujeres. Desgraciadamente se olvidó del derecho a decidir de su hija.
Qué triste
En la segunda mitad del siglo XX surgió la idea de que una guerra nuclear podía ganarse. Que un ataque nuclear limitado podría destruir al enemigo sin darle tiempo a reaccionar.
Frente a esta idea, un grupo de científicos independientes elaboró un estudio acerca del impacto de las cabezas nucleares de que ya entonces se disponía (con potencia muchas veces superior a las bombas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki) sobre la atmósfera terrestre.
Sus conclusiones fueron que las nubes de polvo y ceniza ocultarían el Sol provocando un súbito y generalizado descenso de las temperaturas. La capa de ozono quedaría arrasada con una pérdida superior al 70%.
En definitiva: la guerra no podía ganarse. No sin que sus efectos convirtieran la Tierra en un desierto frío e inhóspito. Es lo que se denominó invierno nuclear. Con la excepción quizá de algunas bacterias, toda la vida desaparecería del planeta.
Así pues, nuestra expectativa de supervivencia no reside en la capacidad humana de resolver conflictos pacíficamente. Nuestra expectativa reside en que una guerra nuclear no puede ganarse. Y en que esto nos disuadirá de intentarlo. Menos mal.
Así pues, nuestra esperanza es el temor, propio y ajeno, a que cualquier ataque nuclear se vuelva en contra de quien lo acometa.
Nuestra esperanza es nuestro miedo.
Frente a esta idea, un grupo de científicos independientes elaboró un estudio acerca del impacto de las cabezas nucleares de que ya entonces se disponía (con potencia muchas veces superior a las bombas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki) sobre la atmósfera terrestre.
Sus conclusiones fueron que las nubes de polvo y ceniza ocultarían el Sol provocando un súbito y generalizado descenso de las temperaturas. La capa de ozono quedaría arrasada con una pérdida superior al 70%.
En definitiva: la guerra no podía ganarse. No sin que sus efectos convirtieran la Tierra en un desierto frío e inhóspito. Es lo que se denominó invierno nuclear. Con la excepción quizá de algunas bacterias, toda la vida desaparecería del planeta.
Así pues, nuestra expectativa de supervivencia no reside en la capacidad humana de resolver conflictos pacíficamente. Nuestra expectativa reside en que una guerra nuclear no puede ganarse. Y en que esto nos disuadirá de intentarlo. Menos mal.
Así pues, nuestra esperanza es el temor, propio y ajeno, a que cualquier ataque nuclear se vuelva en contra de quien lo acometa.
Nuestra esperanza es nuestro miedo.
¿Qué se hizo para qué?
¿Qué se hizo para qué? ¿El sábado para el hombre, o el hombre para el sábado? La pregunta de Jesús a los fariseos sugiere la frecuente confusión de prioridades y fines: ¿Se hizo el hombre para el libro, o el libro para el hombre? Lo mismo puede decirse de las películas, obras teatrales o creaciones en general. Si empezamos a leer un libro y no nos gusta, debemos (por respeto a nosotros mismos) concedernos el derecho a dejarlo. Si no nos gusta una película, tenemos derecho a salirnos del cine. Por muy celebrados que sean los títulos, y aunque hayamos pagado por ellos.
Cuando nos empeñamos en seguir con un libro o una película que no nos agradan, estamos afirmando que no se hicieron para nosotros, sino nosotros para ellos.
Cuando nos empeñamos en seguir con un libro o una película que no nos agradan, estamos afirmando que no se hicieron para nosotros, sino nosotros para ellos.
Wednesday, November 14, 2007
Veo veo
Los colores no existen. Son el modo como percibimos el reflejo de la luz en los objetos.
El cielo de la Tierra nunca ha sido azul. Pero, en cierta forma, empezó a ser azul a partir de que alguien (algún animal emergido del mar) miró hacia arriba. Si no hubiera ojos, no habría colores.
Los primeros ojos, las primeras células sensibles a la luz y conectadas con receptores nerviosos, fueron desarrollados por algunas especies marinas hace (según se cree) unos 500 millones de años. La aparición de los ojos significó que, por primera vez, la materia pudo autocontemplarse.
Aquel pez que veía bultos y sombras era el universo mirándose a sí mismo.
El cielo de la Tierra nunca ha sido azul. Pero, en cierta forma, empezó a ser azul a partir de que alguien (algún animal emergido del mar) miró hacia arriba. Si no hubiera ojos, no habría colores.
Los primeros ojos, las primeras células sensibles a la luz y conectadas con receptores nerviosos, fueron desarrollados por algunas especies marinas hace (según se cree) unos 500 millones de años. La aparición de los ojos significó que, por primera vez, la materia pudo autocontemplarse.
Aquel pez que veía bultos y sombras era el universo mirándose a sí mismo.
Tuesday, November 13, 2007
Otra lógica
El mundo de los sentimientos y las relaciones humanas se rige por otra lógica distinta de la del mundo material. Podemos dar algo y no quedarnos sin ello. Más aún: incrementarlo.
Es lo que sucede con el amor y con la amistad. También, con la transmisión del conocimiento: cuando se da saber, uno aumenta su propio saber. Quien enseña algo está, él también, aprendiendo.
Es una suerte poder dar algo sin desprenderse de ello.
Es lo que sucede con el amor y con la amistad. También, con la transmisión del conocimiento: cuando se da saber, uno aumenta su propio saber. Quien enseña algo está, él también, aprendiendo.
Es una suerte poder dar algo sin desprenderse de ello.
Ahora no
La luz del Sol tarda ocho minutos en llegar a la Tierra.
El brillo de las estrellas que miramos fue emitido días, o años, atrás.
Todo lo que vemos (los objetos, las personas, nosotros mismos en el espejo...) tarda en llegar a nuestros ojos.
Lo mismo ocurre con las palabras que oímos: tardan en llegar a nuestros tímpanos.
Son luz o sonido; y viajar les lleva un tiempo, aunque sea escaso.
Viajan del pasado en que ocurrieron al futuro en que se sienten. El presente no existe.
El brillo de las estrellas que miramos fue emitido días, o años, atrás.
Todo lo que vemos (los objetos, las personas, nosotros mismos en el espejo...) tarda en llegar a nuestros ojos.
Lo mismo ocurre con las palabras que oímos: tardan en llegar a nuestros tímpanos.
Son luz o sonido; y viajar les lleva un tiempo, aunque sea escaso.
Viajan del pasado en que ocurrieron al futuro en que se sienten. El presente no existe.
Monday, November 12, 2007
Y ahora qué
Milenios de poder masculino empiezan, por fin, a declinar. Las mujeres se incorporan al poder político y al núcleo de las decisiones sociales y económicas. En muchas universidades e instituciones las mujeres son ya mayoría; y cada vez va a ir a más.
Bajo el poder masculino tuvimos guerras encadenadas, genocidios encadenados, injusticias encadenadas.
Ahora que las mujeres van a decidir, es posible que sea distinto.
Me pregunto si, en caso de haber gobernado las mujeres a lo largo de los siglos, habría habido Armenia, Hiroshima, Auschwitz, Tiannamen...
Me pregunto si, bajo la dirección de las mujeres, habría habido cabezas nucleares, ántrax, napalm, gas mostaza...
Yo quiero (y en cierto modo necesito) creer que no.
Bajo el poder masculino tuvimos guerras encadenadas, genocidios encadenados, injusticias encadenadas.
Ahora que las mujeres van a decidir, es posible que sea distinto.
Me pregunto si, en caso de haber gobernado las mujeres a lo largo de los siglos, habría habido Armenia, Hiroshima, Auschwitz, Tiannamen...
Me pregunto si, bajo la dirección de las mujeres, habría habido cabezas nucleares, ántrax, napalm, gas mostaza...
Yo quiero (y en cierto modo necesito) creer que no.
Sunday, November 11, 2007
Árabes
Estuvieron aquí. Durante siglos estuvieron aquí. Y sus palabras se mezclaron con las nuestras.
Nos dejaron ojalá (quiera Alá). La palabra con que expresamos el deseo y la esperanza: “Ojalá (quiera Alá) que seas feliz”.
Nos dejaron sus flores y plantas: azahar, azucena, jazmín, nenúfar, albahaca, azafrán, alhucema, alhelí… No se sabe qué es más hermoso: si la flor o la palabra que la nombra.
Nos dejaron las aguas sonoras: Guadalquivir, Guadiana, albufera, rambla, noria, acequia, alberca, aljibe…
Aquellas personas, para intercambiarse afecto, se decían salam (saludo). Por eso, aún hoy a los perros que nos muestran cariño los llamamos “zalameros” (salam-eros).
Si al llegar a casa tu perro te recibe con júbilo, ya sabes qué dice. Te está diciendo salam.
Nos dejaron ojalá (quiera Alá). La palabra con que expresamos el deseo y la esperanza: “Ojalá (quiera Alá) que seas feliz”.
Nos dejaron sus flores y plantas: azahar, azucena, jazmín, nenúfar, albahaca, azafrán, alhucema, alhelí… No se sabe qué es más hermoso: si la flor o la palabra que la nombra.
Nos dejaron las aguas sonoras: Guadalquivir, Guadiana, albufera, rambla, noria, acequia, alberca, aljibe…
Aquellas personas, para intercambiarse afecto, se decían salam (saludo). Por eso, aún hoy a los perros que nos muestran cariño los llamamos “zalameros” (salam-eros).
Si al llegar a casa tu perro te recibe con júbilo, ya sabes qué dice. Te está diciendo salam.
Thursday, November 08, 2007
Malhablados
De niño viví en Andalucía. Recuerdo que, entre las personas que por desgracia no habían tenido acceso a la formación escolar, era habitual el seseo (pasiensia, caserola...). También estaba extendido el uso de “habemos” en vez de “hemos” (habemos comido), de “veros” en lugar de “iros” (veros a la calle), de “de que” en vez de “cuando” (de que vengas, comeremos), de “asín” en lugar de “así”, de “haiga” por "haya”, “jarto” por “harto”, “jondo” por “hondo”, "tamién" por también… Podría seguir recordando desviaciones, pero no se trata de eso.
Se trata de hacer notar que, precisamente porque esas desviaciones no eran lo suficientemente intensas para provocar que el habla resultara ininteligible para los no andaluces, tales apartamientos eran considerados vulgarismos.
Si las desviaciones hubieran sido más extremas, entonces nos hallaríamos ante una lengua: un idioma autóctono. Y ese hablar andaluz estaría envuelto en una pátina de respetabilidad.
Puede decirse que un apartamiento moderado de las reglas lingüísticas es un vulgarismo: una incorrección. En cambio, un apartamiento generalizado es una lengua. Otra lengua distinta.
Aunque no quiera reconocerse, me parece claro que lenguas tan respetables como el francés, el castellano, el portugués, el catalán, el gallego, el italiano, etc no son sino corrupciones o deformaciones intensas de la lengua latina.
Cada uno de esos idiomas constituye una forma, una modalidad distinta de corromperse el latín.
Se da así la paradoja de que a unas personas (por ejemplo, esos andaluces) se les reprochan vulgarismos expresivos, mientras que a otras, por esta misma realidad (sólo que más acentuada), se las considera titulares de un patrimonio idiomático.
Se trata de hacer notar que, precisamente porque esas desviaciones no eran lo suficientemente intensas para provocar que el habla resultara ininteligible para los no andaluces, tales apartamientos eran considerados vulgarismos.
Si las desviaciones hubieran sido más extremas, entonces nos hallaríamos ante una lengua: un idioma autóctono. Y ese hablar andaluz estaría envuelto en una pátina de respetabilidad.
Puede decirse que un apartamiento moderado de las reglas lingüísticas es un vulgarismo: una incorrección. En cambio, un apartamiento generalizado es una lengua. Otra lengua distinta.
Aunque no quiera reconocerse, me parece claro que lenguas tan respetables como el francés, el castellano, el portugués, el catalán, el gallego, el italiano, etc no son sino corrupciones o deformaciones intensas de la lengua latina.
Cada uno de esos idiomas constituye una forma, una modalidad distinta de corromperse el latín.
Se da así la paradoja de que a unas personas (por ejemplo, esos andaluces) se les reprochan vulgarismos expresivos, mientras que a otras, por esta misma realidad (sólo que más acentuada), se las considera titulares de un patrimonio idiomático.
Tuesday, November 06, 2007
Instintos básicos
La selección natural no solamente prima los caracteres físicos más ventajosos. También favorece los instintos más proclives a la vida. Es probable que, en la lotería genética que implica la reproducción y mutabilidad de los seres vivos, ocasionalmente nazcan animales sin instinto sexual, sin instinto maternal o sin instinto de supervivencia.
Es decir, sin los instintos básicos de la vida.
Pues bien: precisamente por la carencia de tales instintos, estos animales no se reproducirán. Morirán por carecer de instinto de supervivencia, o no dejarán descendientes por carecer de instinto sexual, o sus descendientes no prevalecerán por carecer los progenitores de instinto maternal.
Carl Sagan alude al caso de los cocodrilos. Recorren grandes distancias llevando en su boca los huevos de los que han de nacer sus crías, para depositarlos en un sitio seguro. Puede que algún cocodrilo, por no tener bien desarrollado su instinto maternal, sucumba a la tentación de comerse los huevos. En tal caso, es claro que ese cocodrilo no deja descendencia. Y así, con el tiempo sólo quedan cocodrilos dispuestos a cuidar de sus crías.
O sea, que los animales que no posean estos instintos básicos tienen asegurada su desaparición.
De este modo, la naturaleza filtra y deja pasó sólo a quienes tienen bien arraigados esos instintos (de supervivencia, sexual, maternal…). De ahí que éstos se manifiesten con tan arrebatadora intensidad en todas las especies.
Es decir, sin los instintos básicos de la vida.
Pues bien: precisamente por la carencia de tales instintos, estos animales no se reproducirán. Morirán por carecer de instinto de supervivencia, o no dejarán descendientes por carecer de instinto sexual, o sus descendientes no prevalecerán por carecer los progenitores de instinto maternal.
Carl Sagan alude al caso de los cocodrilos. Recorren grandes distancias llevando en su boca los huevos de los que han de nacer sus crías, para depositarlos en un sitio seguro. Puede que algún cocodrilo, por no tener bien desarrollado su instinto maternal, sucumba a la tentación de comerse los huevos. En tal caso, es claro que ese cocodrilo no deja descendencia. Y así, con el tiempo sólo quedan cocodrilos dispuestos a cuidar de sus crías.
O sea, que los animales que no posean estos instintos básicos tienen asegurada su desaparición.
De este modo, la naturaleza filtra y deja pasó sólo a quienes tienen bien arraigados esos instintos (de supervivencia, sexual, maternal…). De ahí que éstos se manifiesten con tan arrebatadora intensidad en todas las especies.
Querer y desear
Personas que no controlan sus instintos, sus pulsiones. ¿Es porque su voluntad es demasiado débil? ¿O es porque sus instintos son demasiado fuertes?
Algunos son conscientes de ello, como ciertos violadores que piden su castración química. Sintiéndose incapaces de controlar su voluntad, desean que un agente externo debilite sus instintos.
Pero ¿se puede fortalecer la voluntad? ¿No hace falta fuerza de voluntad para aumentar la voluntad? Y quien carezca de voluntad, ¿de dónde sacará esa fuerza?
Un alcohólico o un toxicómano necesitan voluntad para salir de su adicción. Pero precisamente la adicción tiende a anular su voluntad. Es como un círculo vicioso. Algo parecido a aquel borracho que aparece en “El Principito”: “bebo para olvidar que bebo”, decía.
Por otro lado, ¿quién ha logrado someter a sus instintos? ¿Acaso los países o Estados no son un trasunto del instinto tribal? ¿Acaso no son las guerras una explosión de las pulsiones agresivas?
Hay, en cada uno de nosotros, una tensión entre pulsiones y voluntad de la que apenas somos conscientes, porque en esa pugna estamos en ambos lados.
Y sin embargo no debemos ser neutrales. La voluntad es tal vez la única fuerza del universo capaz de regirse (aunque sea mínimamente) a sí misma. La única fuerza no ciega del todo.
Si nos rendimos a las pulsiones y dejamos que la voluntad se apague, quizá no vuelva ya a encenderse.
Algunos son conscientes de ello, como ciertos violadores que piden su castración química. Sintiéndose incapaces de controlar su voluntad, desean que un agente externo debilite sus instintos.
Pero ¿se puede fortalecer la voluntad? ¿No hace falta fuerza de voluntad para aumentar la voluntad? Y quien carezca de voluntad, ¿de dónde sacará esa fuerza?
Un alcohólico o un toxicómano necesitan voluntad para salir de su adicción. Pero precisamente la adicción tiende a anular su voluntad. Es como un círculo vicioso. Algo parecido a aquel borracho que aparece en “El Principito”: “bebo para olvidar que bebo”, decía.
Por otro lado, ¿quién ha logrado someter a sus instintos? ¿Acaso los países o Estados no son un trasunto del instinto tribal? ¿Acaso no son las guerras una explosión de las pulsiones agresivas?
Hay, en cada uno de nosotros, una tensión entre pulsiones y voluntad de la que apenas somos conscientes, porque en esa pugna estamos en ambos lados.
Y sin embargo no debemos ser neutrales. La voluntad es tal vez la única fuerza del universo capaz de regirse (aunque sea mínimamente) a sí misma. La única fuerza no ciega del todo.
Si nos rendimos a las pulsiones y dejamos que la voluntad se apague, quizá no vuelva ya a encenderse.
Monday, November 05, 2007
Va por libre
Va por libre. La memoria va por libre. ¿Quién no olvidó, justo el día del examen, lo que sí había estudiado? Deseamos recordar un nombre o un dato y no podemos; todo lo más se queda “en la punta de la lengua”. Decimos que la memoria nos traiciona: ella, como si tuviera vida propia (¿la tiene?).
Más que olvidar nosotros, son las cosas las que se nos olvidan: las que eligen entre persistir o borrarse. ¿Cuántas veces retenemos lo nimio y olvidamos lo importante? O tal vez lo nimio era lo que, en el fondo, nos importaba...
Se olvidan las calles, los números de teléfono… justo cuando queremos recordarlos. Luego, de pronto, cuando no los necesitamos acuden a la memoria. ¡A buenas horas...!
Y, en cambio, recordamos lo que queremos olvidar: dolores viejos, traiciones, cicatrices… Se instalan ahí, en la memoria, y no hay quien los expulse.
¿Alguien sabe por qué juega con nosotros? ¿Tiene alguien idea de por qué va por libre?
Más que olvidar nosotros, son las cosas las que se nos olvidan: las que eligen entre persistir o borrarse. ¿Cuántas veces retenemos lo nimio y olvidamos lo importante? O tal vez lo nimio era lo que, en el fondo, nos importaba...
Se olvidan las calles, los números de teléfono… justo cuando queremos recordarlos. Luego, de pronto, cuando no los necesitamos acuden a la memoria. ¡A buenas horas...!
Y, en cambio, recordamos lo que queremos olvidar: dolores viejos, traiciones, cicatrices… Se instalan ahí, en la memoria, y no hay quien los expulse.
¿Alguien sabe por qué juega con nosotros? ¿Tiene alguien idea de por qué va por libre?
Monstruos
Hay humanos capaces de estafar a quienes emigran de África a Europa. A esa pobre gente que cruza el Atlántico en una barcaza para huir de la miseria. Les venden bidones de gasolina que en realidad contienen agua. Después, cuando en alta mar abren el bidón, descubren que lo que hay dentro es agua. Como no pueden hacer que el motor funcione, mueren de sed y hambre.
No es ficción (ojalá).Viene en el periódico: “Cuando se les acabó el combustible del primer bidón, abrieron el segundo y descubrieron que les habían vendido agua en vez de gasolina, lo que les sentenció a muerte a 157 kilómetros de Canarias”.
Como humanos, podemos ser –somos- capaces de eso.
Así que, si alguien nos hizo, hay que llamarle y decirle: -Míranos. Mira tu obra. Esto es lo que has engendrado.
No es ficción (ojalá).Viene en el periódico: “Cuando se les acabó el combustible del primer bidón, abrieron el segundo y descubrieron que les habían vendido agua en vez de gasolina, lo que les sentenció a muerte a 157 kilómetros de Canarias”.
Como humanos, podemos ser –somos- capaces de eso.
Así que, si alguien nos hizo, hay que llamarle y decirle: -Míranos. Mira tu obra. Esto es lo que has engendrado.
Mutación
Destruiremos las banderas, los escudos, las rayas de los mapas, las partituras de los himnos… Cada cual quemará los suyos. Saldremos todos, a la vez, de nuestra tribu. Alumbraremos una especie: el mamífero no territorial, la nueva clase de humanos.
No será un hito en la Historia, sino un paso en la cadena evolutiva. Un salto biológico.
No será un hito en la Historia, sino un paso en la cadena evolutiva. Un salto biológico.
Wednesday, October 31, 2007
Yo también lo siento
De niño me preguntaba: “¿cómo saber si lo que yo veo azul ellos también lo ven azul? Ya sé que también lo llaman así, pero ¿cómo estar seguro de que el color al que ellos llaman azul es el mismo al que yo llamo azul?”. Fue al descubrir la lectura cuando me apacigüé en este sentido, al comprobar que quienes escriben sienten lo mismo que yo. Creo que siempre me emocionará constatarlo, especialmente cuando se trata de sentimientos que hasta ese momento creía inexpresables. No puedo olvidar la impresión que me produjo, cuando tenía doce años, leer en una revista un fragmento de poema. Decía así:
Recuerdo
qué poco amé
a quien me amó
y entonces
quisiera marcharme
donde desde siempre
nos esperan
abiertos
puertos sin naves
de regreso.
(Son unos versos de “Coplas a la muerte de mi tía Daniela”, de Vázquez Montalbán.)
En general, creo que ver reflejada nuestra propia emoción es una vivencia placentera. Y esto resulta también predicable de las emociones dolorosas. Aunque no nos gusta el dolor, sí nos gusta que alguien sea capaz de poner en palabras su propio dolor: eso que siente y se asemeja tanto a lo que nosotros, a veces, sentimos.
Recuerdo
qué poco amé
a quien me amó
y entonces
quisiera marcharme
donde desde siempre
nos esperan
abiertos
puertos sin naves
de regreso.
(Son unos versos de “Coplas a la muerte de mi tía Daniela”, de Vázquez Montalbán.)
En general, creo que ver reflejada nuestra propia emoción es una vivencia placentera. Y esto resulta también predicable de las emociones dolorosas. Aunque no nos gusta el dolor, sí nos gusta que alguien sea capaz de poner en palabras su propio dolor: eso que siente y se asemeja tanto a lo que nosotros, a veces, sentimos.
Tuesday, October 30, 2007
Peces
Felicidad era miraros coger peces con la red y echarlos en un cubo.
Entusiasmo era volver por la tarde a la playa y ver que los soltabais.
Entusiasmo era volver por la tarde a la playa y ver que los soltabais.
Sólo yo sobro aquí
Noviembre en el campo. Mosaico en ocre, pardo, castaño. No hay palabras para todos los marrones (o a lo mejor sí y yo no las conozco), para los amarillos, para la gama de verdes. Hojas que se disponen a ser suelo: tierra otra vez. Unas colgando aún de las ramas, otras ya caídas. Rumor del río. Suelo mojado, humedad que trepa cuerpo arriba. Sólo yo desentono. Sólo yo sobro aquí. Me alejo pronto para no estorbar.
Monday, October 29, 2007
Diosa Nación
El nacionalismo étnico no es propiamente una ideología. El nacionalismo étnico está más cerca de ser una religión. Una especie de religión identitaria. De ahí que no pueda explicarse racionalmente, sino sólo por motivos emocionales. De ahí que tenga dogmas. De ahí que la vida (propia-mártires- y ajena -de los infieles-) tenga un valor relativo frente a la Nación o la Patria, tal como sucede con la fe religiosa.
Instintos
Instintos. Impulsos, empujes innatos. Cosa de animales. Qué contraste entre los instintos irracionales y la Inteligencia Racional con mayúsculas. Y sin embargo, ¿quién copularía sin instinto sexual?; ¿quién tendría hijos, quién cuidaría de ellos sin instinto maternal?; ¿quién se defendería de los ataques en vez de dejarse morir, de no ser por el instinto de supervivencia?...
¿Acaso haríamos todo eso por motivos intelectuales: por la pura y fría racionalidad?
Sin instintos no amaríamos. Porque el amor viene del instinto: las paradas nupciales de los pájaros, la leona que lame a sus cachorros, el perro que mueve el rabo, el gato que ronronea…
Puede haber vida sin inteligencia (de hecho, casi todo lo vivo carece de inteligencia), pero no puede haber vida sin instintos.
¿Acaso haríamos todo eso por motivos intelectuales: por la pura y fría racionalidad?
Sin instintos no amaríamos. Porque el amor viene del instinto: las paradas nupciales de los pájaros, la leona que lame a sus cachorros, el perro que mueve el rabo, el gato que ronronea…
Puede haber vida sin inteligencia (de hecho, casi todo lo vivo carece de inteligencia), pero no puede haber vida sin instintos.
Bang y a otra cosa
Leyendo en un periódico una entrevista con el músico Robert Wyatt (obligado a desplazarse de por vida en silla de ruedas, a causa de un accidente) me encontré con estas palabras:
“No veo aquel accidente como algo negativo. Fue un nuevo comienzo. Dado que mi vida es mucho mejor después de aquello, no lo considero una tragedia. Fue sólo un cambio. Y en mi caso, a pesar de las obvias dificultades soy una persona más feliz. La gente que no se ha roto nunca la espalda piensa: vivir así debe ser horrible. Pero es algo que pasa. Bang y a otra cosa. Es parecido a un animal salvaje cuando está en la jungla. Llega un helicóptero, lo atrapa con una red y al rato está en una reserva en Tanzania. Y piensa: ¿dónde están los demás miembros de mi manada, dónde están los árboles en que me subía?... y al final se da cuenta de que está en un sitio mejor y más seguro. En términos religiosos, yo diría que aquel accidente fue un don”.
Y en cuanto lo leí, lo apunté. “Bang y a otra cosa”. Para tenerlo en cuenta, por si alguna vez yo también me rompo la espalda.
“No veo aquel accidente como algo negativo. Fue un nuevo comienzo. Dado que mi vida es mucho mejor después de aquello, no lo considero una tragedia. Fue sólo un cambio. Y en mi caso, a pesar de las obvias dificultades soy una persona más feliz. La gente que no se ha roto nunca la espalda piensa: vivir así debe ser horrible. Pero es algo que pasa. Bang y a otra cosa. Es parecido a un animal salvaje cuando está en la jungla. Llega un helicóptero, lo atrapa con una red y al rato está en una reserva en Tanzania. Y piensa: ¿dónde están los demás miembros de mi manada, dónde están los árboles en que me subía?... y al final se da cuenta de que está en un sitio mejor y más seguro. En términos religiosos, yo diría que aquel accidente fue un don”.
Y en cuanto lo leí, lo apunté. “Bang y a otra cosa”. Para tenerlo en cuenta, por si alguna vez yo también me rompo la espalda.
Friday, October 26, 2007
Fragmento
Los animales que necesitan ver el movimiento (por ejemplo, para cazar) dejan prácticamente de percibir los objetos estáticos, para así detectar mejor las cosas que se mueven. Lo que no interesa a la supervivencia no se percibe.
Los ojos humanos no captan los seres microscópicos. Si pudiéramos ver las bacterias o los ácaros del polvo, entonces las cosas que más necesarias nos resultan para vivir no cabrían en nuestra mirada.
Algo similar debe de ocurrir con el oído. Cada especie percibe la banda acústica que interesa a su supervivencia. Oír más sonidos de los necesarios (ultrasonidos) resultaría perturbador.
Los sentidos no están al servicio del conocimiento, sino de la supervivencia. Nuestra realidad es sólo la parte útil de lo real.
Me pregunto qué porcentaje de realidad hemos renunciado -ha renunciado nuestra mente- a percibir, a cambio de captar mejor la parte que nos interesa.
Me pregunto cuántas cosas existen y ni siquiera intuimos que puedan intuirse.
Los ojos humanos no captan los seres microscópicos. Si pudiéramos ver las bacterias o los ácaros del polvo, entonces las cosas que más necesarias nos resultan para vivir no cabrían en nuestra mirada.
Algo similar debe de ocurrir con el oído. Cada especie percibe la banda acústica que interesa a su supervivencia. Oír más sonidos de los necesarios (ultrasonidos) resultaría perturbador.
Los sentidos no están al servicio del conocimiento, sino de la supervivencia. Nuestra realidad es sólo la parte útil de lo real.
Me pregunto qué porcentaje de realidad hemos renunciado -ha renunciado nuestra mente- a percibir, a cambio de captar mejor la parte que nos interesa.
Me pregunto cuántas cosas existen y ni siquiera intuimos que puedan intuirse.
Thursday, October 25, 2007
Estirados
Antes decíamos ver. Ahora decimos visionar.
Antes oír. Ahora audicionar.
Antes poner. Ahora posicionar.
Antes abrir. Ahora aperturar.
Antes razonar. Ahora racionalizar.
Antes pedir. Ahora peticionar.
Antes recibir. Ahora recepcionar...
¿Por qué, para qué hacemos esto?
Se ve que somos estirados, o sea, engreídos; y ello nos lleva a estirar (a estiracionar) las palabras.
Antes oír. Ahora audicionar.
Antes poner. Ahora posicionar.
Antes abrir. Ahora aperturar.
Antes razonar. Ahora racionalizar.
Antes pedir. Ahora peticionar.
Antes recibir. Ahora recepcionar...
¿Por qué, para qué hacemos esto?
Se ve que somos estirados, o sea, engreídos; y ello nos lleva a estirar (a estiracionar) las palabras.
Wednesday, October 24, 2007
Virtual
Realidad virtual. Del latín virtus, fuerza; aunque con una acepción nueva.
Pero ya mucho antes de nuestro tiempo había lo vivo y lo pintado. Lo real imaginado: bisontes en las paredes de las cuevas, rapsodas, trovadores, cantares de gesta, coplas de ciego, cuentos populares. Fabulaciones, mezclas de realidad y fantasía, leyendas, mitos. Molinos convertidos en gigantes, mesones que son castillos, rebaños tornados en ejércitos…
Y aún antes los juegos infantiles, la escoba que era espada, la planta transformada en bosque, el amigo invisible de todos los niños.
Y siempre la saliva, la baba ajena que nos repugna pero que en cambio tragamos en un beso de amor (como si en ese instante cambiara su naturaleza). O la danza: piernas y brazos moviéndose al compás de unos ruidos. O el temor: el miedo a lo desconocido, a la desgracia o a la muerte, que rechazamos pero que otras veces buscamos: en el cine, en los relatos de suspense…
Lo que está claro es que hace ya mucho que la realidad real se nos quedó pequeña. Y que la realidad no real ahora nos es tan necesaria como la otra. Incluso para subsistir.
Realidad virtual: todo lo nos hace ser más que tubos con patas, algo más que máquinas biológicas sin otro objetivo que la supervivencia.
Sin realidad virtual moriríamos de hastío y tristeza, como le pasó a Don Quijote al salir de su ensueño, o a esos pájaros que mueren cuando se los enjaula.
Pero ya mucho antes de nuestro tiempo había lo vivo y lo pintado. Lo real imaginado: bisontes en las paredes de las cuevas, rapsodas, trovadores, cantares de gesta, coplas de ciego, cuentos populares. Fabulaciones, mezclas de realidad y fantasía, leyendas, mitos. Molinos convertidos en gigantes, mesones que son castillos, rebaños tornados en ejércitos…
Y aún antes los juegos infantiles, la escoba que era espada, la planta transformada en bosque, el amigo invisible de todos los niños.
Y siempre la saliva, la baba ajena que nos repugna pero que en cambio tragamos en un beso de amor (como si en ese instante cambiara su naturaleza). O la danza: piernas y brazos moviéndose al compás de unos ruidos. O el temor: el miedo a lo desconocido, a la desgracia o a la muerte, que rechazamos pero que otras veces buscamos: en el cine, en los relatos de suspense…
Lo que está claro es que hace ya mucho que la realidad real se nos quedó pequeña. Y que la realidad no real ahora nos es tan necesaria como la otra. Incluso para subsistir.
Realidad virtual: todo lo nos hace ser más que tubos con patas, algo más que máquinas biológicas sin otro objetivo que la supervivencia.
Sin realidad virtual moriríamos de hastío y tristeza, como le pasó a Don Quijote al salir de su ensueño, o a esos pájaros que mueren cuando se los enjaula.
Tuesday, October 23, 2007
Metáforas
Metáforas debidas, no a la imaginación de ningún escritor, sino a la espontaneidad del hablar diario. Tan asumidas que ni nos damos cuenta de que lo son. Metáforas reveladoras de lo que sentimos.
Como “roer” o “corroer”. Roer es lo que hacen los ratones cuando cortan con sus dientes la superficie de un objeto. Corroer significa desgastar o pudrir algo lentamente. Pero algunos sentimientos tóxicos (como el odio o la envidia) pueden roernos y corroernos.
Otras emociones nos arden por dentro. Por eso “quemazón” (desazón por el deseo irrealizado) o “resquemor” (sensación penosa que persiste en el ánimo).
Sentimientos que roen como hacen los ratones; que corroen como el óxido o la carcoma; que abrasan como una hoguera. Metáforas.
Como “roer” o “corroer”. Roer es lo que hacen los ratones cuando cortan con sus dientes la superficie de un objeto. Corroer significa desgastar o pudrir algo lentamente. Pero algunos sentimientos tóxicos (como el odio o la envidia) pueden roernos y corroernos.
Otras emociones nos arden por dentro. Por eso “quemazón” (desazón por el deseo irrealizado) o “resquemor” (sensación penosa que persiste en el ánimo).
Sentimientos que roen como hacen los ratones; que corroen como el óxido o la carcoma; que abrasan como una hoguera. Metáforas.
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