El desierto ha modelado camellos, dromedarios, alacranes, lagartos, cactus…
Pacientemente los ha delineado para resistir la sequedad. Ha trazado jorobas para almacenar agua, ha conformado espinas para que otros no los coman…
El desierto los ha ido tallando, esculpiendo, perfilando, dándoles forma.
Todos ellos –camellos, dromedarios, alacranes, lagartos, cactus…- son su obra. Son los frutos vivos del desierto.
Como los trópicos, las montañas escarpadas o los casquetes polares, el desierto es un magnífico alfarero.
Wednesday, April 29, 2009
Monday, April 27, 2009
El tipejo del espejo
¿Puede uno quererse a sí mismo? ¿Puede uno odiarse a sí mismo? ¿Puede uno admirarse a sí mismo?, ¿despreciarse a sí mismo?, ¿aplaudirse a sí mismo?, ¿abroncarse a sí mismo?, ¿temerse a sí mismo?, ¿experimentar asco, o piedad, o perdón de sí mismo?...
¿Tú que opinas? Yo tengo la impresión de que sí se puede.
¿Tú que opinas? Yo tengo la impresión de que sí se puede.
Thursday, April 23, 2009
Lo nunca visto
Nadie ha visto todo. Nadie ha sentido todo. Nadie conoce todo.
Todo (o el todo) nos es invisible, imperceptible, incognoscible.
Aunque nuestros ojos, nuestros sentidos y nuestro cerebro pudieran abarcarlo, todo no cabría en ellos.
Así que de él -del todo- no sabemos nada.
Todo es un extraño, un extranjero. Todo es un tipo muy raro. Todo es un perfecto desconocido.
Todo (o el todo) nos es invisible, imperceptible, incognoscible.
Aunque nuestros ojos, nuestros sentidos y nuestro cerebro pudieran abarcarlo, todo no cabría en ellos.
Así que de él -del todo- no sabemos nada.
Todo es un extraño, un extranjero. Todo es un tipo muy raro. Todo es un perfecto desconocido.
Saturday, April 18, 2009
Los (mis) diez mandamientos del buen leer
1. Leerás sólo lo que te guste, lo que te atrape, lo que te cautive.
2. No leerás lo que no te guste, lo que no te atrape, lo que no te cautive.
3. Si en las primeras diez páginas no te gusta, no te atrapa, no te cautiva…, lo cerrarás y le dirás adiós sin miramientos.
4. Nunca, nunca, nunca leerás nada por obligación. (Leer sin placer no es leer, sino mortificarse.)
5. Si no te respeta –si inserta digresiones sólo para mostrar su erudición, o palabras extranjeras que no traduce, etc-, dejarás de leerlo y lo echarás a reciclar.
6. Aunque parezca un buen libro, si no es “bueno para ti”, cesarás de leerlo inmediatamente.
7. Aun cuando el prestigioso crítico Fulánez lo haya puesto por las nubes, si no te gusta no te gusta, y no lo leerás.
8. Aun cuando el no menos prestigioso crítico Mengánez lo haya puesto a caer de un burro, si te gusta te gusta, y deberás leerlo.
9. No te preguntarás por qué te gusta. No te preguntarás por qué no te gusta. Ni tú ni nadie elige sus gustos.
10. Si te apetece releerlo (o re-releerlo) lo releerás (o lo re-releerás), pues raramente pasa y hay que festejarlo. Y que sigan los demás aguardando su turno.
(Estos mandamientos se encierran en dos: Leerás sólo lo que te apetezca, y te abstendrás de leer lo que no te apetezca.)
2. No leerás lo que no te guste, lo que no te atrape, lo que no te cautive.
3. Si en las primeras diez páginas no te gusta, no te atrapa, no te cautiva…, lo cerrarás y le dirás adiós sin miramientos.
4. Nunca, nunca, nunca leerás nada por obligación. (Leer sin placer no es leer, sino mortificarse.)
5. Si no te respeta –si inserta digresiones sólo para mostrar su erudición, o palabras extranjeras que no traduce, etc-, dejarás de leerlo y lo echarás a reciclar.
6. Aunque parezca un buen libro, si no es “bueno para ti”, cesarás de leerlo inmediatamente.
7. Aun cuando el prestigioso crítico Fulánez lo haya puesto por las nubes, si no te gusta no te gusta, y no lo leerás.
8. Aun cuando el no menos prestigioso crítico Mengánez lo haya puesto a caer de un burro, si te gusta te gusta, y deberás leerlo.
9. No te preguntarás por qué te gusta. No te preguntarás por qué no te gusta. Ni tú ni nadie elige sus gustos.
10. Si te apetece releerlo (o re-releerlo) lo releerás (o lo re-releerás), pues raramente pasa y hay que festejarlo. Y que sigan los demás aguardando su turno.
(Estos mandamientos se encierran en dos: Leerás sólo lo que te apetezca, y te abstendrás de leer lo que no te apetezca.)
Tú sí que sabes
Las máquinas ya nos superan en memoria (almacenan más datos que nuestros cerebros), en rapidez (operan y calculan más deprisa que nosotros), en precisión (miden mejor que nosotros el tiempo, la temperatura, las magnitudes físicas), en habilidad (juegan al ajedrez mejor que nosotros)... Hace mucho que es así, pero con el desarrollo de la informática las distancias se han agrandado. ¿Cuándo empezarán las máquinas a rebasarnos en entendimiento y en raciocinio? ¿Cuándo empezarán a captar lo que no captamos? ¿Cuándo empezarán a percibir lo que no percibimos? ¿Cuándo empezarán a entender lo que nuestros cerebros no comprenden?
Thursday, April 16, 2009
Full time
No sólo somos sensitivos, sino que a lo largo de nuestra vida no podemos dejar de serlo. Podemos cesar de correr, podemos parar de hablar, podemos dejar de escribir… pero (salvo parcialmente durante el sueño) no podemos parar de sentir ni de sentirnos.
De por vida tenemos que sentir. Sentir forzosa y permanentemente.
Somos sensitivos a tiempo completo. Somos sensitivos por obligación, por mandato incesante e ineludible. Somos vitaliciamente sensitivos.
De por vida tenemos que sentir. Sentir forzosa y permanentemente.
Somos sensitivos a tiempo completo. Somos sensitivos por obligación, por mandato incesante e ineludible. Somos vitaliciamente sensitivos.
Diseño de estructuras
Los nidos, con sus ramas entrelazadas y mezcladas con barro, con hojas, con saliva…
Los hormigueros, con sus galerías subterráneas, sus habitáculos, sus pisos, sus entradas principal y accesorias…
Las presas que en los ríos confeccionan los castores con barro, piedras y el tronco o las ramas de árboles que previamente han derribado.
Las colmenas, con sus cámaras, sus panales de cera, sus celdillas perfectamente hexagonales…
Arquitectura animal. Estructuras construidas por pájaros, hormigas, castores, abejas… sin planos, sin proyecto, sin instrucciones, sin dirección de obra.
Grandes diseños de constructores que diseñan sin diseñar.
Los hormigueros, con sus galerías subterráneas, sus habitáculos, sus pisos, sus entradas principal y accesorias…
Las presas que en los ríos confeccionan los castores con barro, piedras y el tronco o las ramas de árboles que previamente han derribado.
Las colmenas, con sus cámaras, sus panales de cera, sus celdillas perfectamente hexagonales…
Arquitectura animal. Estructuras construidas por pájaros, hormigas, castores, abejas… sin planos, sin proyecto, sin instrucciones, sin dirección de obra.
Grandes diseños de constructores que diseñan sin diseñar.
Tuesday, April 07, 2009
Lo fatal
El único límite de la vida, la única limitación al número de seres vivos que puede albergar la Tierra, viene dada por la cantidad de recursos nutritivos de que dispone.
Dado que la vida presenta una tendencia ilimitada a reproducirse pero los recursos alimenticios son limitados, los seres vivos están abocados a una constante lucha entre sí.
Cabe pensar por ello que, de haber vida en otros planetas, este mismo esquema de lucha y depredación también se producirá.
Como quiera que sean (si los hay) los seres vivos que pueblen otros planetas, es probable que también estén obligados a luchar entre sí.
¿Puede decirse, entonces, que la lucha entre especies y entre individuos no es un rasgo específico de la vida en la Tierra, sino de la vida en general? De ser así, nuestra esperanza de encontrar algo mejor ahí fuera se reduciría considerablemente. Qué pena.
Dado que la vida presenta una tendencia ilimitada a reproducirse pero los recursos alimenticios son limitados, los seres vivos están abocados a una constante lucha entre sí.
Cabe pensar por ello que, de haber vida en otros planetas, este mismo esquema de lucha y depredación también se producirá.
Como quiera que sean (si los hay) los seres vivos que pueblen otros planetas, es probable que también estén obligados a luchar entre sí.
¿Puede decirse, entonces, que la lucha entre especies y entre individuos no es un rasgo específico de la vida en la Tierra, sino de la vida en general? De ser así, nuestra esperanza de encontrar algo mejor ahí fuera se reduciría considerablemente. Qué pena.
Friday, April 03, 2009
Pequeño país
A veces quiero alegrarme y no me alegro. Quiero entristecerme y no me entristezco. Quiero creer algo y no lo creo. Quiero que algo me guste y no me gusta. Quiero detestar algo y no lo detesto. Quiero olvidar algo y no lo olvido…
¿Y por qué habrían de obedecer mis emociones, y mis gustos, y mi fe, y mi memoria… a mi voluntad?
¿Quién es esa señora, la voluntad, para creerse tan importante? ¿Quién cree que es para mandar en todo el mundo?
¿Acaso la obedecen el corazón, los riñones, la vesícula, el páncreas…? No, ellos van por su lado (como si adoptaran sus propias decisiones) y mi voluntad por el suyo.
Fuera de mis actos, la voluntad no tiene soberanía. Sólo mis actos (y ni siquiera todos) obedecen sus órdenes.
El reino de mi voluntad es parecido a Liechtenstein o Andorra: una nación pequeña, un estado diminuto.
¿Y por qué habrían de obedecer mis emociones, y mis gustos, y mi fe, y mi memoria… a mi voluntad?
¿Quién es esa señora, la voluntad, para creerse tan importante? ¿Quién cree que es para mandar en todo el mundo?
¿Acaso la obedecen el corazón, los riñones, la vesícula, el páncreas…? No, ellos van por su lado (como si adoptaran sus propias decisiones) y mi voluntad por el suyo.
Fuera de mis actos, la voluntad no tiene soberanía. Sólo mis actos (y ni siquiera todos) obedecen sus órdenes.
El reino de mi voluntad es parecido a Liechtenstein o Andorra: una nación pequeña, un estado diminuto.
Wednesday, March 25, 2009
Verdes campos del edén
Durante los años que Antonio Machado vivió en Baeza disfrutaba a menudo paseando por el campo. A esos paisajes aludió en muchos de sus poemas. En algunos habla de “olivares polvorientos del campo de Andalucía”, “el campo andaluz, peinado por el sol canicular, de loma en loma rayado”, “matorrales, alcaceles, terraplenes, pedregales, olivares, caseríos, praderas y cardizales, montes y valles sombríos…”. En otro poema llega a decir “Campo de Baeza, soñaré contigo cuando no te vea”.
Casualmente ese mismo entorno fue el escenario de mi infancia. Pasé mi niñez en Baeza y, como cualquiera que haya vivido allí, puedo identificar fácilmente los paisajes a que en sus versos aludía Machado.
Tal vez esos paisajes no me emocionen tanto como a don Antonio, pero también me gustan.
Hoy leo, en un artículo del novelista Antonio Muñoz Molina (nacido en Úbeda, a sólo 8 kilómetros de Baeza, y conocedor por tanto del mismo paisaje), que “No me había parado a pensar hasta ahora que este paisaje tan íntimo, tan exclusivo de mi vida, no tiene nada de original: se parece a muchos de los que ha representado durante siglos la pintura y a los que pueden verse en fotografías e ilustraciones de innumerables calendarios. También se parece, estadísticamente, al que aseguran preferir la inmensa mayor parte de los seres humanos. (…)
Lo cuenta Dennis Dutton en The Art Instinct, una investigación sobre las raíces evolutivas. (…) Lo que reconocemos instantáneamente es el hábitat de las sabanas del este de África en el que evolucionó nuestra especie, y antes que ella la de nuestros homínidos antecesores.
En lo más profundo de nuestra memoria genética se fueron imprimiendo los rasgos del paisaje más favorable para nuestra supervivencia.
En mi imaginación, lo mismo que en mi recuerdo, estoy situado a una cierta altura sobre el valle, en un lugar en el que me siento protegido y en el que a la vez puedo distinguir si se aproxima un enemigo o alguna posibilidad de caza. Los árboles ofrecerán sombra, alimento, refugio, pero no se cerrarán sobre mí en una selva o un bosque en el que me perderé fácilmente y seré más vulnerable”.
Con lo cual, creo entender por qué a Machado, a Muñoz Molina, a mí (y, por lo que se ve, a casi todo el mundo) nos gusta el mismo tipo de paisaje. Porque nos evoca el hábitat idóneo: el ancestral y primario paisaje del hombre.
Casualmente ese mismo entorno fue el escenario de mi infancia. Pasé mi niñez en Baeza y, como cualquiera que haya vivido allí, puedo identificar fácilmente los paisajes a que en sus versos aludía Machado.
Tal vez esos paisajes no me emocionen tanto como a don Antonio, pero también me gustan.
Hoy leo, en un artículo del novelista Antonio Muñoz Molina (nacido en Úbeda, a sólo 8 kilómetros de Baeza, y conocedor por tanto del mismo paisaje), que “No me había parado a pensar hasta ahora que este paisaje tan íntimo, tan exclusivo de mi vida, no tiene nada de original: se parece a muchos de los que ha representado durante siglos la pintura y a los que pueden verse en fotografías e ilustraciones de innumerables calendarios. También se parece, estadísticamente, al que aseguran preferir la inmensa mayor parte de los seres humanos. (…)
Lo cuenta Dennis Dutton en The Art Instinct, una investigación sobre las raíces evolutivas. (…) Lo que reconocemos instantáneamente es el hábitat de las sabanas del este de África en el que evolucionó nuestra especie, y antes que ella la de nuestros homínidos antecesores.
En lo más profundo de nuestra memoria genética se fueron imprimiendo los rasgos del paisaje más favorable para nuestra supervivencia.
En mi imaginación, lo mismo que en mi recuerdo, estoy situado a una cierta altura sobre el valle, en un lugar en el que me siento protegido y en el que a la vez puedo distinguir si se aproxima un enemigo o alguna posibilidad de caza. Los árboles ofrecerán sombra, alimento, refugio, pero no se cerrarán sobre mí en una selva o un bosque en el que me perderé fácilmente y seré más vulnerable”.
Con lo cual, creo entender por qué a Machado, a Muñoz Molina, a mí (y, por lo que se ve, a casi todo el mundo) nos gusta el mismo tipo de paisaje. Porque nos evoca el hábitat idóneo: el ancestral y primario paisaje del hombre.
Tuesday, March 24, 2009
La imaginación al poder
Hubo un tiempo en que los humanos, hartos de vivir en una situación de violencia y anarquía permanentes, decidieron renunciar a una parte de su libertad a cambio de obtener cierta seguridad en sus vidas.
Es la génesis del Estado y el Derecho según la tesis del contrato social expuesta por Rousseau.
Pero todos sabemos que es incierto, porque ese contrato social no es, en absoluto, un hecho histórico, ya que los ciudadanos de ningún país se reunieron nunca para firmar un pacto así.
De otro lado, suele decirse que los derechos fundamentales (la integridad física, la igualdad, la dignidad…) están inscritos, como algo inherente, en la naturaleza humana.
Pero también sabemos que esta última afirmación no se cohonesta con la realidad; sino que, antes bien, lo que la naturaleza humana ha demostrado históricamente viene a ser lo contrario: su propensión al abuso y la crueldad.
Lo habitual y tradicional en la historia del hombre ha sido el gobierno despótico de los más depravados.
En su ensayo La pasión del poder J.A. Marina reflexiona sobre el valor e importancia que la ficción tiene en nuestro progreso político:
Necesitamos ficciones jurídicas, políticas y éticas porque la inteligencia humana tiene la capacidad de pensar cosas inexistentes que sería bueno que existieran: por ejemplo, una ciudad justa o una humanidad digna. (…)
Tenemos que ponernos manos a la obra identificando la ciudad sobre un cimiento ficticio que debe, sin embargo, funcionar como real. (…)
Sometidos a las tremendas limitaciones de nuestra finitud, herederos de una historia trágica y grandiosa, hemos alumbrado la idea de que podíamos ir más allá de nosotros mismos. (…) Es una ficción necesaria para sobrevivir. (…) Es, como dicen los lingüistas, una expresión performativa: que crea lo que dice. (…)
Para sobrevivir necesitamos aferrarnos a otra realidad posible y por ahora ficticia, admitir la posibilidad de verificar (hacer veraz) un modelo deseable de vida, y afirmar la superioridad de una racionalidad práctica, dirigida no sólo a conocer, sino a construir. (…)
Lo malo de un acto malo no es sólo el perjuicio real que causa, sino que introduce el poder de la realidad en el mundo de ficción que estamos realizando (haciendo real) … Toda intrusión de la lógica del poder fáctico pone en peligro nuestro Gran Proyecto, es decir, a todos nosotros. De ahí la necesidad de que todos intentemos fortalecerlo, convertirnos en defensores de esa posibilidad salvadora. El proyecto de la dignidad siempre está en precario (basta con leer los periódicos para comprobarlo). Si las sociedades, los grupos, las personas debemos exigir un comportamiento ético, es porque cualquier transgresión resquebraja el mundo que queremos alumbrar. Nos somete a todos a la poderosa tentación de la violencia, del ojo por ojo, del poder sin freno. Nos somete a todos a la tremenda tentación de volver a la realidad, renunciando a la ficción.
Así pues, no ya para la creatividad artística, sino para algo mucho más básico y primario, como es nuestro progreso humano o sociopolítico, necesitamos vitalmente las ficciones.
Es la génesis del Estado y el Derecho según la tesis del contrato social expuesta por Rousseau.
Pero todos sabemos que es incierto, porque ese contrato social no es, en absoluto, un hecho histórico, ya que los ciudadanos de ningún país se reunieron nunca para firmar un pacto así.
De otro lado, suele decirse que los derechos fundamentales (la integridad física, la igualdad, la dignidad…) están inscritos, como algo inherente, en la naturaleza humana.
Pero también sabemos que esta última afirmación no se cohonesta con la realidad; sino que, antes bien, lo que la naturaleza humana ha demostrado históricamente viene a ser lo contrario: su propensión al abuso y la crueldad.
Lo habitual y tradicional en la historia del hombre ha sido el gobierno despótico de los más depravados.
En su ensayo La pasión del poder J.A. Marina reflexiona sobre el valor e importancia que la ficción tiene en nuestro progreso político:
Necesitamos ficciones jurídicas, políticas y éticas porque la inteligencia humana tiene la capacidad de pensar cosas inexistentes que sería bueno que existieran: por ejemplo, una ciudad justa o una humanidad digna. (…)
Tenemos que ponernos manos a la obra identificando la ciudad sobre un cimiento ficticio que debe, sin embargo, funcionar como real. (…)
Sometidos a las tremendas limitaciones de nuestra finitud, herederos de una historia trágica y grandiosa, hemos alumbrado la idea de que podíamos ir más allá de nosotros mismos. (…) Es una ficción necesaria para sobrevivir. (…) Es, como dicen los lingüistas, una expresión performativa: que crea lo que dice. (…)
Para sobrevivir necesitamos aferrarnos a otra realidad posible y por ahora ficticia, admitir la posibilidad de verificar (hacer veraz) un modelo deseable de vida, y afirmar la superioridad de una racionalidad práctica, dirigida no sólo a conocer, sino a construir. (…)
Lo malo de un acto malo no es sólo el perjuicio real que causa, sino que introduce el poder de la realidad en el mundo de ficción que estamos realizando (haciendo real) … Toda intrusión de la lógica del poder fáctico pone en peligro nuestro Gran Proyecto, es decir, a todos nosotros. De ahí la necesidad de que todos intentemos fortalecerlo, convertirnos en defensores de esa posibilidad salvadora. El proyecto de la dignidad siempre está en precario (basta con leer los periódicos para comprobarlo). Si las sociedades, los grupos, las personas debemos exigir un comportamiento ético, es porque cualquier transgresión resquebraja el mundo que queremos alumbrar. Nos somete a todos a la poderosa tentación de la violencia, del ojo por ojo, del poder sin freno. Nos somete a todos a la tremenda tentación de volver a la realidad, renunciando a la ficción.
Así pues, no ya para la creatividad artística, sino para algo mucho más básico y primario, como es nuestro progreso humano o sociopolítico, necesitamos vitalmente las ficciones.
Wednesday, March 18, 2009
Los precios del mal
Mucha gente no es mala porque no le trae cuenta. Muchas personas no son malvadas porque, de alguna forma, hacen inconscientemente un cálculo y llegan a la conclusión de que lo que podrían ganar haciendo el mal no les compensa la desazón que después sentirían.
Comprenden que el precio a pagar en remordimiento iba a ser demasiado alto.
Sus conciencias inclinan la balanza mediante una especie de cálculo de costes: Lo que podrían ganar matando o robando a otros no les compensa la pesadumbre y el autorreproche que después sentirían.
Comprenden que la ventaja de hacer el mal les pasaría después factura. Una factura moral en exceso cara.
Mucha gente no hace el mal en virtud de un cálculo egoísta: porque hacer el mal les haría más infelices.
Pero quienes -por algún motivo- no han de asumir tal coste, quienes no tienen que pagar ningún precio en remordimiento, no efectúan ese cálculo inconsciente.
Para estos últimos, hacer el mal siempre es rentable. No han de pagar ningún peaje ético.
Su cálculo es también egoísta: hacer el mal les da ventajas y, dado que no experimentan remordimiento, no les causa aflicción.
Las preguntas que de inmediato se plantean son:
*¿La capacidad de experimentar remordimiento es voluntaria o involuntaria? Y
*Quienes no sienten remordimiento por el mal causado, ¿son culpables de no sentirlo?
Comprenden que el precio a pagar en remordimiento iba a ser demasiado alto.
Sus conciencias inclinan la balanza mediante una especie de cálculo de costes: Lo que podrían ganar matando o robando a otros no les compensa la pesadumbre y el autorreproche que después sentirían.
Comprenden que la ventaja de hacer el mal les pasaría después factura. Una factura moral en exceso cara.
Mucha gente no hace el mal en virtud de un cálculo egoísta: porque hacer el mal les haría más infelices.
Pero quienes -por algún motivo- no han de asumir tal coste, quienes no tienen que pagar ningún precio en remordimiento, no efectúan ese cálculo inconsciente.
Para estos últimos, hacer el mal siempre es rentable. No han de pagar ningún peaje ético.
Su cálculo es también egoísta: hacer el mal les da ventajas y, dado que no experimentan remordimiento, no les causa aflicción.
Las preguntas que de inmediato se plantean son:
*¿La capacidad de experimentar remordimiento es voluntaria o involuntaria? Y
*Quienes no sienten remordimiento por el mal causado, ¿son culpables de no sentirlo?
Monday, March 16, 2009
Viaje al centro de la Tierra
En www.practiciencia.com leo que bajo la corteza terrestre hay un manto que se extiende hasta una profundidad de 2.900 Km. y está compuesto por una capa de óxidos y sulfuros metálicos).
A esta capa le sucede otra formada por silicatos y óxidos de magnesio (sima) que también se encuentra en estado ígneo, pero a temperaturas más bajas, porque ésta va disminuyendo desde el núcleo hacia el exterior.
Debajo del manto está el núcleo, que probablemente está formado por una parte interna de hierro, mientras que el núcleo externo está compuesto por una mezcla de níquel con hierro en estado incandescente. La parte exterior de dicho núcleo, que parece ser líquido, es la fuente del campo magnético del planeta.
En conjunto, el radio de la Tierra es de algo más de 6.350 kms.
De ellos, sólo una ínfima parte está habitada. (Unos 3 kms., pues se han hallado bacterias vivas a esas profundidades).
El resto de la esfera terrestre, unos 6.350 kms. de radio (12.700 kms. de diámetro), es inerte.
Es decir: que sólo una ínfima parte de la Tierra (su corteza, su cáscara) alberga vida. El resto de la Tierra está tan deshabitado como los demás planetas del sistema.
Decimos que el nuestro es un planeta vivo, pero casi todo en él es inhóspito e invivible.
La Tierra es un planeta predominantemente inerte.
A esta capa le sucede otra formada por silicatos y óxidos de magnesio (sima) que también se encuentra en estado ígneo, pero a temperaturas más bajas, porque ésta va disminuyendo desde el núcleo hacia el exterior.
Debajo del manto está el núcleo, que probablemente está formado por una parte interna de hierro, mientras que el núcleo externo está compuesto por una mezcla de níquel con hierro en estado incandescente. La parte exterior de dicho núcleo, que parece ser líquido, es la fuente del campo magnético del planeta.
En conjunto, el radio de la Tierra es de algo más de 6.350 kms.
De ellos, sólo una ínfima parte está habitada. (Unos 3 kms., pues se han hallado bacterias vivas a esas profundidades).
El resto de la esfera terrestre, unos 6.350 kms. de radio (12.700 kms. de diámetro), es inerte.
Es decir: que sólo una ínfima parte de la Tierra (su corteza, su cáscara) alberga vida. El resto de la Tierra está tan deshabitado como los demás planetas del sistema.
Decimos que el nuestro es un planeta vivo, pero casi todo en él es inhóspito e invivible.
La Tierra es un planeta predominantemente inerte.
Wednesday, March 11, 2009
Todo lo que es yo
Leo en Mi cuerpo y yo, del neurobiólogo Francisco Mora:
“¿Cómo sé yo que mi cuerpo es mío? ¿Qué sabemos de las bases cerebrales de esa conciencia asociada a esa propiedad de pertenencia, constante en nuestras vidas y que me dice que las manos de mi cuerpo son mías, como lo es mi nariz, o mi pierna? Al parecer somos capaces de distinguir nuestro cuerpo de otros objetos porque en nuestro cerebro ocurre una convergencia o acoplamiento entre patrones especiales y diferentes de información polisensorial. Por ejemplo, hay una convergencia en diferentes áreas del cerebro entre lo que es la posición de una determinada parte del cuerpo proporcionada por receptores de las articulaciones (nuestro sentido interno consciente de la posición de los miembros: propiorreceptores) y la información visual y táctil que tenemos de los mismos. Esta convergencia de información sólo ocurre en el cerebro en referencia a partes de nuestro propio cuerpo, pero no a objetos que están en el mundo alrededor y fuera de nosotros. Esto ha llevado a pensar que esa integración visual, táctil y propioceptiva consciente es un elemento esencial en la base neurológica que señala la referencia del cuerpo como de mí mismo… No existe en el cerebro un sistema de localización único y especial en el que se represente el yo físico y en el que se integre el reconocimiento de todas las partes del cuerpo y la posición o dinámica de esas partes. Al contrario, diferentes partes del yo físico parecen estar representadas de modo diferente en áreas diferentes del cerebro. No es el cuerpo en su conjunto la referencia del yo, sino que son partes de ese cuerpo las que ese yo referencia.”
Así que ahora puedo esbozar una definición de mi yo físico o somático: “Dícese de aquella porción de materia que los propiorreceptores sienten como mía”.
Y, al hilo de ello, podría preguntarme:
¿Forma el pelo parte de mí? ¿Son las uñas parte de mi cuerpo?
Y, después de cortados, ¿siguen siendo míos?
Cuando me extraen una pieza dental, ¿deja de ser parte de mí? Y si me anulan (desvitalizan) la enervación de un diente y dejo de sentirlo, ¿seguirá formando parte de mi yo material?
Si me trasplantasen una córnea o una víscera ajena, ¿serían parte de mi cuerpo?
¿Forman parte de mí los implantes? ¿Y las prótesis internas, integradas en mi organismo?
Los tejidos tumorales, esas células hostiles que podrían causarme la muerte, ¿son parte de mí? ¿Son también yo?
¿Soy un ser menguante y amputable? ¿Soy prolongable y expandible?
¿Hasta dónde abarco? ¿Cuáles son mis confines somáticos? ¿Dónde me termino?
“¿Cómo sé yo que mi cuerpo es mío? ¿Qué sabemos de las bases cerebrales de esa conciencia asociada a esa propiedad de pertenencia, constante en nuestras vidas y que me dice que las manos de mi cuerpo son mías, como lo es mi nariz, o mi pierna? Al parecer somos capaces de distinguir nuestro cuerpo de otros objetos porque en nuestro cerebro ocurre una convergencia o acoplamiento entre patrones especiales y diferentes de información polisensorial. Por ejemplo, hay una convergencia en diferentes áreas del cerebro entre lo que es la posición de una determinada parte del cuerpo proporcionada por receptores de las articulaciones (nuestro sentido interno consciente de la posición de los miembros: propiorreceptores) y la información visual y táctil que tenemos de los mismos. Esta convergencia de información sólo ocurre en el cerebro en referencia a partes de nuestro propio cuerpo, pero no a objetos que están en el mundo alrededor y fuera de nosotros. Esto ha llevado a pensar que esa integración visual, táctil y propioceptiva consciente es un elemento esencial en la base neurológica que señala la referencia del cuerpo como de mí mismo… No existe en el cerebro un sistema de localización único y especial en el que se represente el yo físico y en el que se integre el reconocimiento de todas las partes del cuerpo y la posición o dinámica de esas partes. Al contrario, diferentes partes del yo físico parecen estar representadas de modo diferente en áreas diferentes del cerebro. No es el cuerpo en su conjunto la referencia del yo, sino que son partes de ese cuerpo las que ese yo referencia.”
Así que ahora puedo esbozar una definición de mi yo físico o somático: “Dícese de aquella porción de materia que los propiorreceptores sienten como mía”.
Y, al hilo de ello, podría preguntarme:
¿Forma el pelo parte de mí? ¿Son las uñas parte de mi cuerpo?
Y, después de cortados, ¿siguen siendo míos?
Cuando me extraen una pieza dental, ¿deja de ser parte de mí? Y si me anulan (desvitalizan) la enervación de un diente y dejo de sentirlo, ¿seguirá formando parte de mi yo material?
Si me trasplantasen una córnea o una víscera ajena, ¿serían parte de mi cuerpo?
¿Forman parte de mí los implantes? ¿Y las prótesis internas, integradas en mi organismo?
Los tejidos tumorales, esas células hostiles que podrían causarme la muerte, ¿son parte de mí? ¿Son también yo?
¿Soy un ser menguante y amputable? ¿Soy prolongable y expandible?
¿Hasta dónde abarco? ¿Cuáles son mis confines somáticos? ¿Dónde me termino?
Monday, March 09, 2009
Anónimos
¿Cómo sentiríamos nuestra yoidad si no tuviéramos un nombre y unos apellidos, o un apodo, o un número, u otra mención vitalicia que nos identifique?
¿Cómo percibiríamos nuestro yo si no tuviéramos una etiqueta para individualizarnos respecto a los otros, y para acompañarnos de por vida?
¿Cómo asumiríamos nuestra identidad si no tuviéramos identificación?
¿Cómo percibiríamos nuestro yo si no tuviéramos una etiqueta para individualizarnos respecto a los otros, y para acompañarnos de por vida?
¿Cómo asumiríamos nuestra identidad si no tuviéramos identificación?
Wednesday, March 04, 2009
Inconscientemente
Sin conocimiento de geometría, los minerales cristalizan en poliedros (cubos, prismas…) regulares.
Sin verse ni olerse a sí mismas, las flores se colorean y se perfuman.
Sin saber qué es simetría, los ciempiés tienen, a derecha e izquierda, el mismo número de patas.
Sin entender de diseño, los moluscos segregan conchas espirales.
Sin estudiar geografía ni conocer los 4 puntos cardinales, las golondrinas viajan de un continente a otro.
Sin nociones del número pi, el iris de los ojos es un perfecto círculo.
Sin saber qué son aurículas ni ventrículos, late el corazón rítmicamente.
Sin idea de gramática, un niño de tres años dice frases sintácticamente impecables...
Por todo lo cual, cabe concluir que casi todo ocurre sin saber (ni necesitar saber) cómo ocurre.
Sin verse ni olerse a sí mismas, las flores se colorean y se perfuman.
Sin saber qué es simetría, los ciempiés tienen, a derecha e izquierda, el mismo número de patas.
Sin entender de diseño, los moluscos segregan conchas espirales.
Sin estudiar geografía ni conocer los 4 puntos cardinales, las golondrinas viajan de un continente a otro.
Sin nociones del número pi, el iris de los ojos es un perfecto círculo.
Sin saber qué son aurículas ni ventrículos, late el corazón rítmicamente.
Sin idea de gramática, un niño de tres años dice frases sintácticamente impecables...
Por todo lo cual, cabe concluir que casi todo ocurre sin saber (ni necesitar saber) cómo ocurre.
Thursday, February 26, 2009
Jardín prohibido
Si ni siquiera aquéllos -Einstein, Sagan, Hawking…- cuyas mentes logran penetrar mucho más que las nuestras; si ni siquiera ellos han conseguido entrar en territorio vedado (captar los porqués últimos, los fines, el sentido…), ¿cómo podríamos nosotros –todos los demás- con nuestros cerebritos, con nuestras pobres mentes de andar por casa, aspirar mínimamente a rozarlo?
Monday, February 23, 2009
En el siglo 50
En el siglo 50, allá por el año 5000, ¿seguirá habiendo guerras (más sofisticadas, con armas aún más letales)?
¿Seguirá habiendo Estados?
¿Seguirá habiendo fronteras (con alambradas inalámbricas que desintegrarán a quienes las crucen)?
¿Seguirá habiendo nacionalismos?
¿Seguirá habiendo inmigración ilegal?
¿Seguirá muriendo gente en pateras y cayucos (propulsados, tal vez, con motores atómicos)?
¿Seguirá habiendo dictaduras (con un control más férreo gracias a los avances técnicos)?
¿Seguirá el mundo, en el siglo 50, teniendo dos lados: uno del derroche y otro de las privaciones?
¿Actuarán los humanos de modo diferente en el año 5000, o seguirá todo igual –sustancialmente igual- en el siglo 50?
¿Seguirá habiendo Estados?
¿Seguirá habiendo fronteras (con alambradas inalámbricas que desintegrarán a quienes las crucen)?
¿Seguirá habiendo nacionalismos?
¿Seguirá habiendo inmigración ilegal?
¿Seguirá muriendo gente en pateras y cayucos (propulsados, tal vez, con motores atómicos)?
¿Seguirá habiendo dictaduras (con un control más férreo gracias a los avances técnicos)?
¿Seguirá el mundo, en el siglo 50, teniendo dos lados: uno del derroche y otro de las privaciones?
¿Actuarán los humanos de modo diferente en el año 5000, o seguirá todo igual –sustancialmente igual- en el siglo 50?
Sunday, February 22, 2009
Devolvido
Esta mañana la camarera china, al darme el cambio, me ha dicho: “Te he devolvido en monedas porque no tengo billetes”. Y yo he estado a punto de corregirla (“se dice devuelto”) pero me he contenido a tiempo. Menos mal. Me parece que ya ha hecho bastante esfuerzo viniendo desde China a España y sumergiéndose en una cultura y una lengua tan distintas de las suyas. Así que no seré yo quien, encima, la someta al suplicio de los verbos irregulares.
Friday, February 20, 2009
Qué vida tan blanda
Puede que también en eso tengamos suerte. Puede que algunos nos vayamos de aquí sin cuentas pendientes ni heridas abiertas. Y nos habrá sido fácil, porque nuestra vida es blanda. Porque no hemos estado en una balsa compartida, en medio del océano y con alimento sólo para uno. Porque no hemos tenido que echar a nadie por la borda. Porque no hemos debido escoger entre morir o matar, entre dañar o sufrir. Y así es fácil salir limpio, irse de aquí sin demasiadas manchas.
Sí, puede que en eso también tengamos suerte.
Sí, puede que en eso también tengamos suerte.
Friday, February 13, 2009
De ida y vuelta
Los cetáceos (ballenas, delfines…) pasaron inicialmente del mar a la tierra. Se hicieron mamíferos y, como los demás animales terrestres, se desprendieron de su cola, sus aletas, sus escamas… En su lugar desarrollaron rabo, pelo, patas…
Pero después (un después de bastantes millones de años) volvieron de la tierra al mar.
Así que perdieron el pelo, las patas… y se proveyeron -otra vez- de aletas y de cola aptas para nadar (no iguales pero sí parecidas a aquéllas que anteriormente –un anteriormente de varios millones de años- tuvieron).
Todo esto, ¿fue un avance o un retroceso? ¿Fue una progresión o una regresión?
Probablemente ni lo uno ni lo otro.
Es una extraña forma de moverse, sin avanzar ni retroceder. Sin ir hacia delante ni hacia detrás.
Pero después (un después de bastantes millones de años) volvieron de la tierra al mar.
Así que perdieron el pelo, las patas… y se proveyeron -otra vez- de aletas y de cola aptas para nadar (no iguales pero sí parecidas a aquéllas que anteriormente –un anteriormente de varios millones de años- tuvieron).
Todo esto, ¿fue un avance o un retroceso? ¿Fue una progresión o una regresión?
Probablemente ni lo uno ni lo otro.
Es una extraña forma de moverse, sin avanzar ni retroceder. Sin ir hacia delante ni hacia detrás.
Gotas de lluvia
En decir-lo-indecible.blogspot.com leo este poema:
cae
la primera gota
en el parabrisas
atentas...
las otras
le abren camino
ahora
como locas...
corren
se rozan
se acarician
se aman
pequeñas gotas
en el parabrisas
Me entero de que es un poema de Terencio Formenti, un autor que no conocía y del que hasta ahora no había leído nada.
Vuelvo a leer el poema. Me gusta pero ¿por qué me gusta? Supongo que porque es humilde y sencillo. Y porque permite ver la magia de lo real, la poesía oculta en el día a día: en las cosas pequeñas (el cristal, las gotas que caen…).
Poesía de lo ordinario. No de lo inhabitual (o extraordinario) sino de lo intraordinario: lo ordinario por dentro.
Iré en el coche, empezará a llover y, seguramente, a partir de ahora no podré accionar el limpiaparabrisas sin acordarme de este poema.
cae
la primera gota
en el parabrisas
atentas...
las otras
le abren camino
ahora
como locas...
corren
se rozan
se acarician
se aman
pequeñas gotas
en el parabrisas
Me entero de que es un poema de Terencio Formenti, un autor que no conocía y del que hasta ahora no había leído nada.
Vuelvo a leer el poema. Me gusta pero ¿por qué me gusta? Supongo que porque es humilde y sencillo. Y porque permite ver la magia de lo real, la poesía oculta en el día a día: en las cosas pequeñas (el cristal, las gotas que caen…).
Poesía de lo ordinario. No de lo inhabitual (o extraordinario) sino de lo intraordinario: lo ordinario por dentro.
Iré en el coche, empezará a llover y, seguramente, a partir de ahora no podré accionar el limpiaparabrisas sin acordarme de este poema.
Thursday, February 12, 2009
Como en la Tierra
Fuera de la Tierra, en otros planetas, también hay volcanes, tormentas, huracanes, seísmos…
Y es que la Tierra -con su satélite (la Luna), sus rocas, sus minerales, sus viejos cráteres, sus dunas, su arena…- no es, salvo por la presencia en ella de seres vivos, muy diferente de otros planetas.
Fuera de la Tierra, en otros planetas, también hay fenómenos tectónicos, cataclismos, meteoros… Pero allí no causan daño a nadie, porque fuera de la Tierra no hay nadie a quien dañar.
Y es que la Tierra -con su satélite (la Luna), sus rocas, sus minerales, sus viejos cráteres, sus dunas, su arena…- no es, salvo por la presencia en ella de seres vivos, muy diferente de otros planetas.
Fuera de la Tierra, en otros planetas, también hay fenómenos tectónicos, cataclismos, meteoros… Pero allí no causan daño a nadie, porque fuera de la Tierra no hay nadie a quien dañar.
Monday, February 02, 2009
Para lo único que sirven
Para la único que sirve el dolor, para lo único que sirven la desolación, la angustia, el desconsuelo… es para la creación artística.
Pensemos en alguna obra de arte (de pronto se me ocurren el Guernica de Picasso, las Nanas de la cebolla de Miguel Hernández, La vida es bella de Benigni, Hamlet de Shakespeare, El proceso de Kafka, Yerma de Lorca, Crimen y Castigo de Dostoievski, Apocalypse Now de Coppola…) y muy difícilmente no estarán presentes el dolor, la angustia, el desconsuelo…
Si no hubiera tormento y pesar, esas obras no habrían sido creadas.
Así que para lo único que sirve el sufrimiento es para el arte y la creatividad. Sólo para eso. Nada más que para eso.
Pues bien, yo renunciaría muy gustosamente a todas las expresiones artísticas del mundo a cambio de que la angustia y el dolor humanos también desaparecieran.
Pensemos en alguna obra de arte (de pronto se me ocurren el Guernica de Picasso, las Nanas de la cebolla de Miguel Hernández, La vida es bella de Benigni, Hamlet de Shakespeare, El proceso de Kafka, Yerma de Lorca, Crimen y Castigo de Dostoievski, Apocalypse Now de Coppola…) y muy difícilmente no estarán presentes el dolor, la angustia, el desconsuelo…
Si no hubiera tormento y pesar, esas obras no habrían sido creadas.
Así que para lo único que sirve el sufrimiento es para el arte y la creatividad. Sólo para eso. Nada más que para eso.
Pues bien, yo renunciaría muy gustosamente a todas las expresiones artísticas del mundo a cambio de que la angustia y el dolor humanos también desaparecieran.
Tuesday, January 27, 2009
¿Cómo era no ser?
¿Qué sabemos del inexistir?
¿Qué sabemos acerca de cómo era no haber nacido?
Sabemos que antes de nacer no estábamos. Que en el mundo (al parecer) pasaban cosas pero no las sentíamos. Que ocurrían hechos pero no nos afectaban.
Leemos lo sucedido (lo que se nos dice que pasó) en la prehistoria, en el medioevo, hace dos siglos y… bueno, entonces no estábamos (aquí). No existíamos todavía. Aún no habíamos nacido.
¿Es eso inexistir: que, aunque en el mundo pasan cosas, no se sienten?
Pero, ¿y si no es eso? ¿Y si es distinto y lo hemos olvidado?
Dado que nadie recuerda su venida al mundo, dado que nadie tiene memoria para el instante de nacer, ¿por qué habría de tenerla para algo anterior, para algo más lejano y remoto aún que el nacimiento?
¿Qué sabemos acerca de cómo era no haber nacido?
Sabemos que antes de nacer no estábamos. Que en el mundo (al parecer) pasaban cosas pero no las sentíamos. Que ocurrían hechos pero no nos afectaban.
Leemos lo sucedido (lo que se nos dice que pasó) en la prehistoria, en el medioevo, hace dos siglos y… bueno, entonces no estábamos (aquí). No existíamos todavía. Aún no habíamos nacido.
¿Es eso inexistir: que, aunque en el mundo pasan cosas, no se sienten?
Pero, ¿y si no es eso? ¿Y si es distinto y lo hemos olvidado?
Dado que nadie recuerda su venida al mundo, dado que nadie tiene memoria para el instante de nacer, ¿por qué habría de tenerla para algo anterior, para algo más lejano y remoto aún que el nacimiento?
Sunday, January 25, 2009
Nunca me salí de un sueño
No abdicamos, no desertamos de lo onírico.
Los sueños que tenemos mientras dormimos se acaban cuando ellos quieren (¿cómo se extinguen, cómo se agotan los sueños de los que no somos despertados?) o bien se nos expulsa de ellos si algo nos despierta en medio del sueño.
Pero nunca auto-interrumpimos nuestro propio soñar.
Nunca dimitimos, nunca nos bajamos de un sueño en marcha.
Los sueños que tenemos mientras dormimos se acaban cuando ellos quieren (¿cómo se extinguen, cómo se agotan los sueños de los que no somos despertados?) o bien se nos expulsa de ellos si algo nos despierta en medio del sueño.
Pero nunca auto-interrumpimos nuestro propio soñar.
Nunca dimitimos, nunca nos bajamos de un sueño en marcha.
Wednesday, January 21, 2009
Mientras dormimos
En los sueños pasan cosas. No hay en ellos un guión preconcebido, pero sí hay una trama, un flujo narrativo, un hilo argumental.
El subconsciente es un tejedor de ficciones. Nuestro cerebro, mientras duerme, es un novelista prolífico.
El subconsciente es un tejedor de ficciones. Nuestro cerebro, mientras duerme, es un novelista prolífico.
Tuesday, January 20, 2009
Adiós, libros, adiós
Pronto desaparecerán los libros. Al menos tal como los hemos conocido: los libros de papel.
Otros formatos, otros soportes vienen a sustituirlos.
Lo mismo pasó antes con las inscripciones en piedra, las tablillas, los manuscritos, los papiros, los pergaminos, los códices…
Todo es distinto pero nada es distinto.
En una pantalla luminiscente leeremos (leemos ya) las tribulaciones de Antígona, las andanzas de Don Quijote, los lamentos de Hamlet… sin importarnos que ni Sófocles ni Cervantes ni Shakespeare imaginaran nunca algo parecido a un ordenador.
(Novedad de lo antiguo; antigüedad de lo nuevo. Ray Bradbury o Paul Auster escribiendo con pluma de pavo y tintero. Homero, Platón o Séneca publicando en un blog...)
Desaparecerán los libros pero no la literatura.
Porque todo aquél que probó la lectura, como quien experimentó alguna vez la libertad, no podrá ya vivir (sentirse vivo) sin ella.
Otros formatos, otros soportes vienen a sustituirlos.
Lo mismo pasó antes con las inscripciones en piedra, las tablillas, los manuscritos, los papiros, los pergaminos, los códices…
Todo es distinto pero nada es distinto.
En una pantalla luminiscente leeremos (leemos ya) las tribulaciones de Antígona, las andanzas de Don Quijote, los lamentos de Hamlet… sin importarnos que ni Sófocles ni Cervantes ni Shakespeare imaginaran nunca algo parecido a un ordenador.
(Novedad de lo antiguo; antigüedad de lo nuevo. Ray Bradbury o Paul Auster escribiendo con pluma de pavo y tintero. Homero, Platón o Séneca publicando en un blog...)
Desaparecerán los libros pero no la literatura.
Porque todo aquél que probó la lectura, como quien experimentó alguna vez la libertad, no podrá ya vivir (sentirse vivo) sin ella.
Monday, January 19, 2009
Memoria selectiva
El simio del que procedemos debía de tener muchos enemigos, depredadores dispuestos a darle caza.
Por eso le era imprescindible recordar los sitios donde había sido atacado o perseguido, retener las zonas en que fue más vulnerable, no olvidar los lugares donde había depredadores y memorizar las circunstancias en que le hirieron o dañaron.
Le era vital recordar todo eso para, en adelante, evitar esos sitios o circunstancias.
Y ésta es posiblemente la razón por la que nuestra memoria sigue grabando, con la máxima persistencia, el daño o la afrenta que otros humanos nos causan.
Ésta puede ser la razón por la que nuestra memoria guarda mejor, selectivamente retiene con más intensidad, el recuerdo del mal que otras personas nos infligieron que el del bien que nos dispensaron.
Por eso le era imprescindible recordar los sitios donde había sido atacado o perseguido, retener las zonas en que fue más vulnerable, no olvidar los lugares donde había depredadores y memorizar las circunstancias en que le hirieron o dañaron.
Le era vital recordar todo eso para, en adelante, evitar esos sitios o circunstancias.
Y ésta es posiblemente la razón por la que nuestra memoria sigue grabando, con la máxima persistencia, el daño o la afrenta que otros humanos nos causan.
Ésta puede ser la razón por la que nuestra memoria guarda mejor, selectivamente retiene con más intensidad, el recuerdo del mal que otras personas nos infligieron que el del bien que nos dispensaron.
Wednesday, January 14, 2009
Cartas de Pessoa
Según sus biógrafos, el escritor portugués Fernando Pessoa (1888-1935) sólo tuvo una novia: Ofelia Queiroz. Pero no se casó ni convivió con ella. Prefirió consagrar su vida a otra novia no física: la literatura. En una carta a Ofelia le escribió:
"Llegué a la edad en que se tiene el propio dominio de las propias cualidades... Es pues la ocasión de realizar mi obra literaria... Para realizar esa obra, necesito sosiego y un cierto aislamiento... Toda mi vida futura depende de poder o no hacer esto, y pronto. Además, mi vida gira en torno a mi obra literaria... Todo lo demás en la vida tiene para mí un interés secundario... Es preciso que todos, los que se tratan conmigo, se convenzan de que soy así, y que exigirme los sentimientos, muy dignos por cierto, de un hombre vulgar y banal, es como exigirme que tenga ojos azules y pelo rubio. Y estar tratándome como si yo fuera otra persona no es la mejor manera de mantener mi afecto... Me gusta mucho -pero mucho- usted, Ofeliña. Aprecio mucho -muchísimo- su índole y su carácter. Si me caso, no me casaré sino con usted. Resta saber si el matrimonio, el hogar (o como quiera que le llamen) son cosas que se concilien con mi vida de pensamiento. Lo dudo. Por ahora, y pronto, quiero organizar esa vida de pensamiento y de trabajo mío. Si no consigo organizarla, claro está que nunca siquiera pensaré en pensar en casarme. Si la organizo en términos de ver que el matrimonio sería un estorbo, claro que no me casaré. Pero es probable que no sea así. El futuro -y es un futuro próximo- lo dirá... Su muy afecto, Fernando."
Pessoa nunca se casó con Ofelia.
En el ensayo “Algunas ideas sobre la verdad, el amor, la voluntad y la ética del “Libro del Desasosiego de Bernardo Soares”, de Fernando Pessoa” (por Nubia Posada) leo que “poco antes de la muerte de Pessoa, Carlos, sobrino de Ofelia, se encontró con el autor, que le dijo: “¿Cómo está Ofelia?”. Le estrechó las manos con mucha fuerza y, con los ojos anegados de lágrimas, le dijo: “Hermosa alma, hermosa alma”. Pessoa murió el 30 de noviembre de 1935; su hermana lo cuidó en los últimos días”.
Pocos días después de este encuentro, y a punto ya de morir, Pessoa escribió el celebrado poema Todas las cartas de amor:
Todas las cartas de amor son
ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
ridículas.
También escribí en mi tiempo cartas de amor,
como las demás,
ridículas.
Las cartas de amor,
si hay amor,
tienen que ser
ridículas.
Pero, al fin y al cabo,
sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor
sí que son
ridículas.
Quién me diera el tiempo en que escribía
sin darme cuenta
cartas de amor
ridículas.
La verdad es que hoy mis recuerdos
de esas cartas de amor
sí que son
ridículos.
(Todas las palabras esdrújulas,
como los sentimientos esdrújulos,
son naturalmente
ridículas).
No sé si Pessoa, al afirmar que “al fin y al cabo, sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor sí que son ridículas”, estaba llamándose a sí mismo "ridículo" y arrepintiéndose de no haberse casado con Ofelia. Pero, de ser así, su arrepentimiento (como siempre, como todos los arrepentimientos del mundo) llegó demasiado tarde.
"Llegué a la edad en que se tiene el propio dominio de las propias cualidades... Es pues la ocasión de realizar mi obra literaria... Para realizar esa obra, necesito sosiego y un cierto aislamiento... Toda mi vida futura depende de poder o no hacer esto, y pronto. Además, mi vida gira en torno a mi obra literaria... Todo lo demás en la vida tiene para mí un interés secundario... Es preciso que todos, los que se tratan conmigo, se convenzan de que soy así, y que exigirme los sentimientos, muy dignos por cierto, de un hombre vulgar y banal, es como exigirme que tenga ojos azules y pelo rubio. Y estar tratándome como si yo fuera otra persona no es la mejor manera de mantener mi afecto... Me gusta mucho -pero mucho- usted, Ofeliña. Aprecio mucho -muchísimo- su índole y su carácter. Si me caso, no me casaré sino con usted. Resta saber si el matrimonio, el hogar (o como quiera que le llamen) son cosas que se concilien con mi vida de pensamiento. Lo dudo. Por ahora, y pronto, quiero organizar esa vida de pensamiento y de trabajo mío. Si no consigo organizarla, claro está que nunca siquiera pensaré en pensar en casarme. Si la organizo en términos de ver que el matrimonio sería un estorbo, claro que no me casaré. Pero es probable que no sea así. El futuro -y es un futuro próximo- lo dirá... Su muy afecto, Fernando."
Pessoa nunca se casó con Ofelia.
En el ensayo “Algunas ideas sobre la verdad, el amor, la voluntad y la ética del “Libro del Desasosiego de Bernardo Soares”, de Fernando Pessoa” (por Nubia Posada) leo que “poco antes de la muerte de Pessoa, Carlos, sobrino de Ofelia, se encontró con el autor, que le dijo: “¿Cómo está Ofelia?”. Le estrechó las manos con mucha fuerza y, con los ojos anegados de lágrimas, le dijo: “Hermosa alma, hermosa alma”. Pessoa murió el 30 de noviembre de 1935; su hermana lo cuidó en los últimos días”.
Pocos días después de este encuentro, y a punto ya de morir, Pessoa escribió el celebrado poema Todas las cartas de amor:
Todas las cartas de amor son
ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
ridículas.
También escribí en mi tiempo cartas de amor,
como las demás,
ridículas.
Las cartas de amor,
si hay amor,
tienen que ser
ridículas.
Pero, al fin y al cabo,
sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor
sí que son
ridículas.
Quién me diera el tiempo en que escribía
sin darme cuenta
cartas de amor
ridículas.
La verdad es que hoy mis recuerdos
de esas cartas de amor
sí que son
ridículos.
(Todas las palabras esdrújulas,
como los sentimientos esdrújulos,
son naturalmente
ridículas).
No sé si Pessoa, al afirmar que “al fin y al cabo, sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor sí que son ridículas”, estaba llamándose a sí mismo "ridículo" y arrepintiéndose de no haberse casado con Ofelia. Pero, de ser así, su arrepentimiento (como siempre, como todos los arrepentimientos del mundo) llegó demasiado tarde.
Tuesday, January 13, 2009
Cuajar
Miro por la ventana y está nevando. Pero la nieve no cuaja. No cuaja. Y es una de esas ocasiones en que me viene la idea de “qué palabra más rara, cuajar. ¿De donde vendrá?”
Busco en un diccionario etimológico y descubro que cuajar viene del latín “coagulare”, coagular. O sea, que cuajar es coagular.
Igual que la sangre cuando deja de circular se solidifica, los copos al caer se vuelven nieve.
Es una de esas veces en que la misma palabra latina, al pasar al español, se bifurca en varias: una culta, coagular, “solidificar lo líquido, especialmente referido a la sangre”; y otra vulgar o coloquial, cuajar, “transformar una sustancia líquida en algo sólido y pastoso”.
Qué curioso y a la vez qué poético, imaginar la nieve como una sangre blanca que, al contacto con el suelo, coagulase. Qué onírico pensar en copos de sangre, o en coágulos de nieve.
Pero no. De momento la nieve que está cayendo no cuaja. No coagula.
Busco en un diccionario etimológico y descubro que cuajar viene del latín “coagulare”, coagular. O sea, que cuajar es coagular.
Igual que la sangre cuando deja de circular se solidifica, los copos al caer se vuelven nieve.
Es una de esas veces en que la misma palabra latina, al pasar al español, se bifurca en varias: una culta, coagular, “solidificar lo líquido, especialmente referido a la sangre”; y otra vulgar o coloquial, cuajar, “transformar una sustancia líquida en algo sólido y pastoso”.
Qué curioso y a la vez qué poético, imaginar la nieve como una sangre blanca que, al contacto con el suelo, coagulase. Qué onírico pensar en copos de sangre, o en coágulos de nieve.
Pero no. De momento la nieve que está cayendo no cuaja. No coagula.
Monday, January 12, 2009
Tiempo de la ignorancia
Ya no lo recordamos pero hubo un tiempo en que no sabíamos andar. Y estos pasos que damos maquinalmente hubimos de aprenderlos: agarrándonos a algo, soltándonos, avanzando un pie y después otro…
Ya no lo recordamos pero hubo un tiempo en que no sabíamos hablar. Veíamos cosas e ignorábamos sus nombres.
Hubo un tiempo en que no sabíamos vestirnos, ni manejar los cubiertos, ni atarnos los cordones, ni leer, ni escribir, ni contar hasta diez…
Todas estas acciones que hoy hacemos sin pensar (casi tan automática e inconscientemente como parpadear o respirar) hubimos de aprenderlas.
Aunque no nos acordemos -aunque ni siquiera nos imaginemos sin saber hablar o siendo analfabetos-, hubo un tiempo en que no sabíamos nada. En que nuestras mentes estaban en blanco.
Pero, como si no quisiéramos admitirlo, hemos olvidado aquel mundo de ignorancia e, incluso, el proceso como adquirimos los aprendizajes primarios de la vida.
Ya no lo recordamos pero hubo un tiempo en que no sabíamos hablar. Veíamos cosas e ignorábamos sus nombres.
Hubo un tiempo en que no sabíamos vestirnos, ni manejar los cubiertos, ni atarnos los cordones, ni leer, ni escribir, ni contar hasta diez…
Todas estas acciones que hoy hacemos sin pensar (casi tan automática e inconscientemente como parpadear o respirar) hubimos de aprenderlas.
Aunque no nos acordemos -aunque ni siquiera nos imaginemos sin saber hablar o siendo analfabetos-, hubo un tiempo en que no sabíamos nada. En que nuestras mentes estaban en blanco.
Pero, como si no quisiéramos admitirlo, hemos olvidado aquel mundo de ignorancia e, incluso, el proceso como adquirimos los aprendizajes primarios de la vida.
Thursday, January 08, 2009
Lo que les molestaba
No pensaban que Galileo, al situar el sol en el centro, estuviera mintiendo.
No pensaban que Darwin, al explicar la evolución del hombre, estuviera mintiendo.
En su fuero interno comprendían que lo que aquellos hombres decían era coherente, razonable y, probablemente, cierto. (Por eso no rebatían sus argumentos: sólo les amenazaban o intentaban ridiculizarles.)
Y es que lo que les irritaba no era que aquellos hombres mintieran. (De hecho intuían que no estaban mintiendo.)
Lo que les irritaba era lo contrario: que no mentían, ni parecían estar equivocados.
Lo que les enojaba era la solidez y el rigor de sus afirmaciones.
Lo que les enojaba era la verdad.
No pensaban que Darwin, al explicar la evolución del hombre, estuviera mintiendo.
En su fuero interno comprendían que lo que aquellos hombres decían era coherente, razonable y, probablemente, cierto. (Por eso no rebatían sus argumentos: sólo les amenazaban o intentaban ridiculizarles.)
Y es que lo que les irritaba no era que aquellos hombres mintieran. (De hecho intuían que no estaban mintiendo.)
Lo que les irritaba era lo contrario: que no mentían, ni parecían estar equivocados.
Lo que les enojaba era la solidez y el rigor de sus afirmaciones.
Lo que les enojaba era la verdad.
Wednesday, January 07, 2009
Por qué Adán se resiste
El sentimiento religioso (espiritualidad, creencia en una o varias deidades, fe en un más allá), tan presente en todos los grupos humanos, puede tener una base evolutiva.
Puede que la selección natural haya favorecido a aquellos individuos o grupos en que el sentido espiritualista o religioso estaba presente.
Es posible, a este respecto, que la autoafirmación religiosa favorezca la cohesión del grupo y la entereza o resistencia individual de sus miembros. Y de ahí su arraigo en la estructura mental del hombre.
En tal caso, existiría una explicación evolutiva para la actitud de quienes, por motivos religiosos (de respeto al texto bíblico), niegan la evolución del hombre y se aferran al creacionismo.
El rechazo a la evolución puede deberse, paradójicamente, a razones evolutivas.
Puede que la selección natural haya favorecido a aquellos individuos o grupos en que el sentido espiritualista o religioso estaba presente.
Es posible, a este respecto, que la autoafirmación religiosa favorezca la cohesión del grupo y la entereza o resistencia individual de sus miembros. Y de ahí su arraigo en la estructura mental del hombre.
En tal caso, existiría una explicación evolutiva para la actitud de quienes, por motivos religiosos (de respeto al texto bíblico), niegan la evolución del hombre y se aferran al creacionismo.
El rechazo a la evolución puede deberse, paradójicamente, a razones evolutivas.
Monday, January 05, 2009
Sumisos
Reyes,
emperadores,
príncipes,
mandarines,
zares,
sultanes,
jeques,
faraones,
califas,
emires,
dictadores,
caudillos vitalicios,
comandantes eternos de la revolución,
¿habrían sido posibles sin una inclinación, una proclividad, un poderoso instinto, una pulsión innata, una humana tendencia hacia el sometimiento?
emperadores,
príncipes,
mandarines,
zares,
sultanes,
jeques,
faraones,
califas,
emires,
dictadores,
caudillos vitalicios,
comandantes eternos de la revolución,
¿habrían sido posibles sin una inclinación, una proclividad, un poderoso instinto, una pulsión innata, una humana tendencia hacia el sometimiento?
Friday, January 02, 2009
Ahora mismo
Lo que percibo en este instante no sería apenas nada sin lo que he percibido en los momentos previos, sin el conocimiento acumulado de lo que percibí anteriormente. El ahora no es posible sin el antes que guardo en mi memoria, sin el recuerdo y la experiencia sumergidos.
Me cuesta imaginar qué sería lo que veo ahora (una mesa, unos platos...) si nunca antes hubiera visto esos objetos: si desconociera sus nombres, su función y el motivo por el que están aquí. Y más aún me cuesta imaginar cómo me autopercibiría sin memoria, ni conocimiento, ni resonancia de mí mismo.
Lo que llamamos ahora viene a ser la envoltura, la superficie que flota del antes.
No es mucho, pero al menos sobre esa superficie (ese plano que emerge y sobresale) tenemos alguna capacidad de decidir.
Feliz 2009.
Me cuesta imaginar qué sería lo que veo ahora (una mesa, unos platos...) si nunca antes hubiera visto esos objetos: si desconociera sus nombres, su función y el motivo por el que están aquí. Y más aún me cuesta imaginar cómo me autopercibiría sin memoria, ni conocimiento, ni resonancia de mí mismo.
Lo que llamamos ahora viene a ser la envoltura, la superficie que flota del antes.
No es mucho, pero al menos sobre esa superficie (ese plano que emerge y sobresale) tenemos alguna capacidad de decidir.
Feliz 2009.
Wednesday, December 31, 2008
Babel
Está históricamente comprobado. Si a un conjunto de humanos que hablan el mismo idioma se les divide en varios grupos y se les separa de forma que no se relacionen entre sí, al cabo de unos cientos de años hablarán idiomas distintos.
Cuando se realza el idioma como seña de identidad de los pueblos, conviene recordar que hubo un tiempo en que no existían el castellano, el catalán, el portugués, el francés... y no pasaba nada.
(Séneca nació en España -posiblemente en la actual Córdoba- pero nunca conoció el español, porque cuando él vivió el idioma español no existía aún. Ovidio nació en Italia pero nunca podría haber hablado italiano. Ambos escribieron en latín, y gracias a eso pudieron ser leídos en media Europa.)
Pero bastaron la caída de Roma y unos pocos siglos de división territorial para que la lengua evolucionase por separado en cada sitio (en cada grupo). De modo que, ahora, unos y otros no pueden entenderse entre sí.
Así que eso es un idioma: gente hablando por su cuenta, palabras que evolucionan por separado.
Eso es todo, no hay más.
Nos gustan los idiomas porque son formas distintas de traducir la realidad a palabras. Pero no deberíamos olvidar lo que de arbitrario y artificioso tienen todos ellos. Ni tampoco que, al final, la realidad es la misma se diga en el idioma que se diga.
Cuando se realza el idioma como seña de identidad de los pueblos, conviene recordar que hubo un tiempo en que no existían el castellano, el catalán, el portugués, el francés... y no pasaba nada.
(Séneca nació en España -posiblemente en la actual Córdoba- pero nunca conoció el español, porque cuando él vivió el idioma español no existía aún. Ovidio nació en Italia pero nunca podría haber hablado italiano. Ambos escribieron en latín, y gracias a eso pudieron ser leídos en media Europa.)
Pero bastaron la caída de Roma y unos pocos siglos de división territorial para que la lengua evolucionase por separado en cada sitio (en cada grupo). De modo que, ahora, unos y otros no pueden entenderse entre sí.
Así que eso es un idioma: gente hablando por su cuenta, palabras que evolucionan por separado.
Eso es todo, no hay más.
Nos gustan los idiomas porque son formas distintas de traducir la realidad a palabras. Pero no deberíamos olvidar lo que de arbitrario y artificioso tienen todos ellos. Ni tampoco que, al final, la realidad es la misma se diga en el idioma que se diga.
Monday, December 22, 2008
Por algo será
En el blog yahairavalverde.blogspot.com leo, entre otras frases de Facundo Cabral, la siguiente:
“Bienaventurado sea el Mahatma Gandhi, que fue el que dijo que hace casi dos mil años que estamos festejando el amor: o sea, el nacimiento de Jesús, y no el de Herodes.”
Ante lo cual, caigo en la cuenta de que, aunque la humanidad no siempre sea buena ni amable ni pacífica, lo cierto es que lleva 2008 años celebrando el bien, y no el mal; la paz, y no la guerra; el amor, y no el odio.
Por algo será.
FELIZ NAVIDAD A TODOS
(NOTA: Este blog no tendrá actualizaciones hasta enero de 2009.)
“Bienaventurado sea el Mahatma Gandhi, que fue el que dijo que hace casi dos mil años que estamos festejando el amor: o sea, el nacimiento de Jesús, y no el de Herodes.”
Ante lo cual, caigo en la cuenta de que, aunque la humanidad no siempre sea buena ni amable ni pacífica, lo cierto es que lleva 2008 años celebrando el bien, y no el mal; la paz, y no la guerra; el amor, y no el odio.
Por algo será.
FELIZ NAVIDAD A TODOS
(NOTA: Este blog no tendrá actualizaciones hasta enero de 2009.)
Friday, December 19, 2008
Por un lado tan grandes, por otro tan pequeños
En relación con una entrada anterior me han enviado dos comentarios que, por su interés (y con agradecimiento a sus remitentes), los pongo aquí, formando parte del texto principal. Las historias que cuentan hablan por sí solas, así que no voy a añadir nada:
1.
Albert Einstein, tan admirado por sus hallazgos científicos, no fue precisamente una buena persona, por lo menos en su vida íntima. En la Internet puede hallarse una conocida carta que le dirigió a su primera esposa, Mileva Maric (quien inicialmente colaboró con él en sus investigaciones físicas y matemáticas, pues ella también tenía conocimientos científicos).
En el año 1902 Mileva se quedó embarazada de Einstein cuando aún no estaban casados. Cuando la niña nació, Einstein no fue a verla.
A pesar de todo, Einstein accedió a casarse con Mileva en 1903. Pero la convivencia fue deteriorándose y Einstein se relacionó con su prima Elsa. No obstante, aceptó seguir viviendo con Mileva hasta que se divorciaron en 1919.
En una carta a su prima, Einstein le dice que trata a Mileva como "a una empleada a la que no puedo despedir" Y añade: "Tengo mi propio dormitorio y evito estar solo con ella. De esta manera puedo tolerar bastante bien el tener que vivir juntos".
Pero eso no es todo. Lo más duro es que Einstein estableció unas reglas por escrito que Mileva debía cumplir si esperaba quedarse a compartir la vida con él:
"No esperes muestras de afecto y responde de inmediato cuando te hable.
A. Te encargarás de que:
1. mi ropa esté en orden
2. se me sirvan tres comidas regulares al día en mi habitación.
3. que mi dormitorio y mi estudio estén siempre en orden y que mi escritorio no sea tocado por nadie, excepto yo.
B. Renunciarás a tus relaciones personales conmigo, excepto cuando éstas se requieran por apariencias sociales.
C. En especial no solicitarás:
1. que me siente junto a ti en casa.
2. que viaje contigo.
D. Prometerás explícitamente observar los siguientes puntos cuanto estés en contacto conmigo:
1. no deberás esperar ninguna muestra de afecto mía ni me reprocharás por ello,
2. deberás responder de inmediato cuando te hable,
3. deberás abandonar el dormitorio o el estudio de inmediato y sin protestar cuanto te lo diga.
E. Prometerás no denigrarme a los ojos de los niños, ya sea de palabra o de hecho".
Éste era el Einstein de la intimidad, o al menos una faceta suya, no precisamente admirable ni digna de elogio.
2.
Pablo Neruda, tan admirado por su obra literaria, tuvo una hija, Malva Marina, fallecida a los nueve años de edad en 1943 por hidrocefalia y cuya tumba se encuentra en el cementerio de la ciudad holandesa de Gouda.
Nacida en Madrid en 1934, Malva Marina fue fruto del matrimonio entre Pablo Neruda y la holandesa María Antonieta Hagenaar, de la que Neruda se separó en 1936.
La niña Malva Marina nació con una enfermedad congénita e incurable (hidrocefalia), que le impidió desarrollarse normalmente.
La madre de la niña, María Antonieta, al estallar la guerra civil española en 1936 y ser abandonada por Neruda, regresó a Holanda con su hija.
En Holanda, María Antonieta no tenía parientes directos, pues en realidad era de origen javanés. Envió varias cartas a Neruda pidiéndole recursos para la manutención de la niña. Se sabe que vivió en precarias condiciones económicas y tenía muchas dificultades para cobrar una pensión de cien dólares que Neruda le mandaba. En una carta que María Antonieta (a la que Neruda llamaba Maruca) envió a Neruda le decía:“Es realmente imperdonable tu negligencia hacia nosotras, especialmente hacia tu bebé. Hoy 18 del mes no he recibido tu dinero. El 1 de este mes tuve que pagar los gastos de alojamiento de Malva Marina por el mes de octubre. Con mi salario sólo pude pagar una parte de ello. Qué vergüenza realmente. Ellos son tan buenas personas... Nunca encontraré gente tan buena otra vez. Malva es muy apegada a ellos... Ella ha progresado mucho mentalmente. Ahora ni siquiera puedo ir a verla porque no tengo un centavo. Mi último dinero será gastado en enviar esta carta”.
Finalmente María Antonieta entregó a la niña en adopción a una familia (el matrimonio Julsing).
Durante todo el tiempo en que la niña estuvo en casa de los Julsing, Neruda no fue a verla.
Cuando finalmente la hija de Neruda murió, éste era cónsul en México.
La madre de la niña le envió un telegrama:“Para cónsul Neftalí Reyes [éste era el verdadero nombre de Pablo Neruda].- Se ha recibido de Berna el siguiente telegrama: ‘Señora Neruda avisa desde Holanda que su hijita falleció 2 de marzo sin sufrimientos. Desea reunirse con su marido a la brevedad posible’. Ruego a US. comunicar resolución interesado para trasmitirle a su esposa y hacer los trámites necesarios”.
Neruda no contestó el telegrama ni viajó a Holanda. Tampoco volvió a hablar de su hija y, como si buscara borrar sus huellas, la omitió de su libro de memorias “Confieso que he vivido”.
Lo que queda claro es la absoluta indiferencia de Pablo Neruda por su hija Malva Marina, nacida enferma de hidrocefalia.
Y ello aun cuando Neruda haya tenido grandes sentimientos humanos que vertió en su poesía o en su conducta como ciudadano e intelectual.
Al parecer, Neruda fue un gran hombre para todos, menos para su hija.
1.
Albert Einstein, tan admirado por sus hallazgos científicos, no fue precisamente una buena persona, por lo menos en su vida íntima. En la Internet puede hallarse una conocida carta que le dirigió a su primera esposa, Mileva Maric (quien inicialmente colaboró con él en sus investigaciones físicas y matemáticas, pues ella también tenía conocimientos científicos).
En el año 1902 Mileva se quedó embarazada de Einstein cuando aún no estaban casados. Cuando la niña nació, Einstein no fue a verla.
A pesar de todo, Einstein accedió a casarse con Mileva en 1903. Pero la convivencia fue deteriorándose y Einstein se relacionó con su prima Elsa. No obstante, aceptó seguir viviendo con Mileva hasta que se divorciaron en 1919.
En una carta a su prima, Einstein le dice que trata a Mileva como "a una empleada a la que no puedo despedir" Y añade: "Tengo mi propio dormitorio y evito estar solo con ella. De esta manera puedo tolerar bastante bien el tener que vivir juntos".
Pero eso no es todo. Lo más duro es que Einstein estableció unas reglas por escrito que Mileva debía cumplir si esperaba quedarse a compartir la vida con él:
"No esperes muestras de afecto y responde de inmediato cuando te hable.
A. Te encargarás de que:
1. mi ropa esté en orden
2. se me sirvan tres comidas regulares al día en mi habitación.
3. que mi dormitorio y mi estudio estén siempre en orden y que mi escritorio no sea tocado por nadie, excepto yo.
B. Renunciarás a tus relaciones personales conmigo, excepto cuando éstas se requieran por apariencias sociales.
C. En especial no solicitarás:
1. que me siente junto a ti en casa.
2. que viaje contigo.
D. Prometerás explícitamente observar los siguientes puntos cuanto estés en contacto conmigo:
1. no deberás esperar ninguna muestra de afecto mía ni me reprocharás por ello,
2. deberás responder de inmediato cuando te hable,
3. deberás abandonar el dormitorio o el estudio de inmediato y sin protestar cuanto te lo diga.
E. Prometerás no denigrarme a los ojos de los niños, ya sea de palabra o de hecho".
Éste era el Einstein de la intimidad, o al menos una faceta suya, no precisamente admirable ni digna de elogio.
2.
Pablo Neruda, tan admirado por su obra literaria, tuvo una hija, Malva Marina, fallecida a los nueve años de edad en 1943 por hidrocefalia y cuya tumba se encuentra en el cementerio de la ciudad holandesa de Gouda.
Nacida en Madrid en 1934, Malva Marina fue fruto del matrimonio entre Pablo Neruda y la holandesa María Antonieta Hagenaar, de la que Neruda se separó en 1936.
La niña Malva Marina nació con una enfermedad congénita e incurable (hidrocefalia), que le impidió desarrollarse normalmente.
La madre de la niña, María Antonieta, al estallar la guerra civil española en 1936 y ser abandonada por Neruda, regresó a Holanda con su hija.
En Holanda, María Antonieta no tenía parientes directos, pues en realidad era de origen javanés. Envió varias cartas a Neruda pidiéndole recursos para la manutención de la niña. Se sabe que vivió en precarias condiciones económicas y tenía muchas dificultades para cobrar una pensión de cien dólares que Neruda le mandaba. En una carta que María Antonieta (a la que Neruda llamaba Maruca) envió a Neruda le decía:“Es realmente imperdonable tu negligencia hacia nosotras, especialmente hacia tu bebé. Hoy 18 del mes no he recibido tu dinero. El 1 de este mes tuve que pagar los gastos de alojamiento de Malva Marina por el mes de octubre. Con mi salario sólo pude pagar una parte de ello. Qué vergüenza realmente. Ellos son tan buenas personas... Nunca encontraré gente tan buena otra vez. Malva es muy apegada a ellos... Ella ha progresado mucho mentalmente. Ahora ni siquiera puedo ir a verla porque no tengo un centavo. Mi último dinero será gastado en enviar esta carta”.
Finalmente María Antonieta entregó a la niña en adopción a una familia (el matrimonio Julsing).
Durante todo el tiempo en que la niña estuvo en casa de los Julsing, Neruda no fue a verla.
Cuando finalmente la hija de Neruda murió, éste era cónsul en México.
La madre de la niña le envió un telegrama:“Para cónsul Neftalí Reyes [éste era el verdadero nombre de Pablo Neruda].- Se ha recibido de Berna el siguiente telegrama: ‘Señora Neruda avisa desde Holanda que su hijita falleció 2 de marzo sin sufrimientos. Desea reunirse con su marido a la brevedad posible’. Ruego a US. comunicar resolución interesado para trasmitirle a su esposa y hacer los trámites necesarios”.
Neruda no contestó el telegrama ni viajó a Holanda. Tampoco volvió a hablar de su hija y, como si buscara borrar sus huellas, la omitió de su libro de memorias “Confieso que he vivido”.
Lo que queda claro es la absoluta indiferencia de Pablo Neruda por su hija Malva Marina, nacida enferma de hidrocefalia.
Y ello aun cuando Neruda haya tenido grandes sentimientos humanos que vertió en su poesía o en su conducta como ciudadano e intelectual.
Al parecer, Neruda fue un gran hombre para todos, menos para su hija.
Friday, December 12, 2008
Aprendí de...
En el arranque de sus Meditaciones Marco Aurelio (121-180 d. C.) dice “Aprendí de…” y a continuación enumera todo lo bueno que, a lo largo de su vida, aprendió de las personas a quienes trató: de sus padres, de su abuelo, de su bisabuelo, de su hermano, de su preceptor y de otros conocidos como Diogneto, Rústico, Apolonio, Sexto, Alejandro, Catulo, Máximo…
Me emociona leer el listado, la detallada recapitulación de todo lo que, a lo largo de su vida, una persona dice haber aprendido de las demás.
Y me entran ganas de escribir, yo también, mi propia lista: de relacionar todo lo positivo que, con sus palabras o su ejemplo, me han aportado otros humanos.
Sin embargo también sé que, si decidiera confeccionar esa lista, tendría que hacer además otra relación paralela: la de enseñanzas y ejemplos que debí aprender de mis semejantes pero no los aprendí.
Me emociona leer el listado, la detallada recapitulación de todo lo que, a lo largo de su vida, una persona dice haber aprendido de las demás.
Y me entran ganas de escribir, yo también, mi propia lista: de relacionar todo lo positivo que, con sus palabras o su ejemplo, me han aportado otros humanos.
Sin embargo también sé que, si decidiera confeccionar esa lista, tendría que hacer además otra relación paralela: la de enseñanzas y ejemplos que debí aprender de mis semejantes pero no los aprendí.
Thursday, December 11, 2008
Detrás
Tras el E= mc2 está el barrendero que se lleva la basura de Einstein.
Tras los inventos de Da Vinci está la mujer que lava sus calzoncillos.
Detrás de cada banquete de seis platos hay un mendrugo de pan.
Tras la pirámide de Keops hay un esclavo desangrándose.
Tras la catedral de Reims hay un chamizo con goteras.
Tras el Taj Mahal hay un paria durmiendo en el suelo.
Detrás de cada esplendor hay un acúmulo de mugre.
Tras los inventos de Da Vinci está la mujer que lava sus calzoncillos.
Detrás de cada banquete de seis platos hay un mendrugo de pan.
Tras la pirámide de Keops hay un esclavo desangrándose.
Tras la catedral de Reims hay un chamizo con goteras.
Tras el Taj Mahal hay un paria durmiendo en el suelo.
Detrás de cada esplendor hay un acúmulo de mugre.
Friday, December 05, 2008
Si se pudiera
El final sería más asumible si se pudiera no morir. Si se pudiera, simplemente, dejar de vivir:
Sin expiración ni agonía ni apagamiento. Sin parada cardiorrespiratoria ni electroencefalograma plano. Sin cadáver.
Sin certificado de defunción. Sin incineración ni enterramiento.
Sin esos expedientes. Sin esas formalidades. Sin esos ritos.
Sólo dejar de vivir (desaparecer, desintegrarse, volatilizarse) y ya está.
Sería más llevadero y natural si se pudiera dejar de vivir sin pasar por ese negociado, por ese trámite, por ese engorro que es morirse.
Sin expiración ni agonía ni apagamiento. Sin parada cardiorrespiratoria ni electroencefalograma plano. Sin cadáver.
Sin certificado de defunción. Sin incineración ni enterramiento.
Sin esos expedientes. Sin esas formalidades. Sin esos ritos.
Sólo dejar de vivir (desaparecer, desintegrarse, volatilizarse) y ya está.
Sería más llevadero y natural si se pudiera dejar de vivir sin pasar por ese negociado, por ese trámite, por ese engorro que es morirse.
Wednesday, December 03, 2008
Que aún no soy yo
No tuvo demasiado éxito. Ninguna de sus canciones fue la más oída ni valorada (salvo, quizá, una hermosa y triste composición llamada Clara). Pero a mí me emocionaban sus letras y melodías.
Escribía poesía y le añadía música (¿o era al revés?: siempre me ha intrigado, en el caso de los llamados cantautores, qué hacen antes).
Hoy oigo en la radio que Joan Baptista Humet ha muerto.
Decir que un trocito de mí se va con él resulta (supongo) sensiblero. Pero lo digo.
Busco y copio ahora la letra de una de sus canciones, quizá la que más me gusta: Que aún no soy yo.
Y, al hilo de su título, me pregunto: ¿cuándo se es, por fin, uno mismo?
QUE AÚN NO SOY YO
A veces pienso que tengo suerte, sin una perra y aún me divierte mi profesión, desde una noche en la que Dios quiso comprometerme con el hechizo de una canción.
Y ahora acabemos de ser sinceros, que a mí también me mueve el dinero y la vanidad, pa no ser menos que mis amigos, que se conforman con un suspiro de libertad.
Y una lucecita que apenas se ve, cuando estoy a solas va diciéndome que no soy yo, que aún no soy yo.
A veces pienso que lo más grande de que dispone el hombre es el hambre de conocer, que abrir un libro es abrir las alas sobre las cosas que nunca acabas de poseer.
Y empiezas a edificar tu mundo de las ideas en un segundo de intuición, para acabar bajo los cimientos, esclavizando tus sentimientos a la razón.
Y una lucecita que apenas se ve, cuando estoy a solas va diciéndome que no soy yo, que aún no soy yo.
A veces vibro con cualquier cosa. Una mirada se me hace hermosa si mira en paz. Por un cachorro que se extravía. Que así yo entiendo a mis alegrías: vaivén fugaz.
Y porque sufro, hoy me pongo al lado del oprimido y amordazado que se echa a andar, porque él ha hecho que el mundo gire y hay que cantarle pa que no olvide su malestar.
Y una lucecita que apenas se ve, cuando estoy a solas va diciéndome que no soy yo, que aún no soy yo.
Escribía poesía y le añadía música (¿o era al revés?: siempre me ha intrigado, en el caso de los llamados cantautores, qué hacen antes).
Hoy oigo en la radio que Joan Baptista Humet ha muerto.
Decir que un trocito de mí se va con él resulta (supongo) sensiblero. Pero lo digo.
Busco y copio ahora la letra de una de sus canciones, quizá la que más me gusta: Que aún no soy yo.
Y, al hilo de su título, me pregunto: ¿cuándo se es, por fin, uno mismo?
QUE AÚN NO SOY YO
A veces pienso que tengo suerte, sin una perra y aún me divierte mi profesión, desde una noche en la que Dios quiso comprometerme con el hechizo de una canción.
Y ahora acabemos de ser sinceros, que a mí también me mueve el dinero y la vanidad, pa no ser menos que mis amigos, que se conforman con un suspiro de libertad.
Y una lucecita que apenas se ve, cuando estoy a solas va diciéndome que no soy yo, que aún no soy yo.
A veces pienso que lo más grande de que dispone el hombre es el hambre de conocer, que abrir un libro es abrir las alas sobre las cosas que nunca acabas de poseer.
Y empiezas a edificar tu mundo de las ideas en un segundo de intuición, para acabar bajo los cimientos, esclavizando tus sentimientos a la razón.
Y una lucecita que apenas se ve, cuando estoy a solas va diciéndome que no soy yo, que aún no soy yo.
A veces vibro con cualquier cosa. Una mirada se me hace hermosa si mira en paz. Por un cachorro que se extravía. Que así yo entiendo a mis alegrías: vaivén fugaz.
Y porque sufro, hoy me pongo al lado del oprimido y amordazado que se echa a andar, porque él ha hecho que el mundo gire y hay que cantarle pa que no olvide su malestar.
Y una lucecita que apenas se ve, cuando estoy a solas va diciéndome que no soy yo, que aún no soy yo.
Monday, December 01, 2008
Maneras de vivir
Marcel Proust (1871-1922), Franz Kafka (1883-1924) y Fernando Pessoa (1888-1935) son, tal vez, mis autores preferidos.
Los tres fueron contemporáneos (así, en el año 1920 Proust cumplió 59 años, Kafka 37 y Pessoa 32). Pero no me consta que se conocieran entre ellos, ni siquiera que se leyesen.
En el plano personal, ninguno de los tres se casó ni tuvo pareja estable.
Ninguno de los tres tuvo descendencia.
Sus vidas, según se dice, fueron tristes y atormentadas.
Pero, en mi opinión, no fue exactamente así: Yo creo más bien que cada uno de ellos tuvo una pareja llamada Literatura. Y los tres, en cierto modo, tuvieron hijos: las obras que crearon.
Finalmente, no me parece que sus vidas fueran tristes. Por el contrario, experimentaron el gozo, la dicha, la -para ellos suprema- alegría de crear.
Los tres fueron contemporáneos (así, en el año 1920 Proust cumplió 59 años, Kafka 37 y Pessoa 32). Pero no me consta que se conocieran entre ellos, ni siquiera que se leyesen.
En el plano personal, ninguno de los tres se casó ni tuvo pareja estable.
Ninguno de los tres tuvo descendencia.
Sus vidas, según se dice, fueron tristes y atormentadas.
Pero, en mi opinión, no fue exactamente así: Yo creo más bien que cada uno de ellos tuvo una pareja llamada Literatura. Y los tres, en cierto modo, tuvieron hijos: las obras que crearon.
Finalmente, no me parece que sus vidas fueran tristes. Por el contrario, experimentaron el gozo, la dicha, la -para ellos suprema- alegría de crear.
Gusto vs. Asco
Es casi seguro que lo que más nos repugna, lo que más asco y repulsión nos produce, puede agradar a otros. Tal vez a alguien muy diferente a nosotros, tal vez a un ser de distinta especie.
¿Qué es, por ejemplo, lo que más nos repugna sensorialmente? Quizá los detritus orgánicos, las deyecciones fecales, la corrupción o descomposición cadavérica.
(Debido a sus efectos perniciosos para la salud, la evolución ha hecho que nos repela la visión o el olor de esas sustancias, para así disuadirnos de su contacto y, sobre todo, su ingestión.)
Y sin embargo, esas sustancias putrefactas son atrayentes para las moscas, para los buitres y para otras especies necrófagas o carroñeras (para las cuales no son perjudiciales, sino alimenticias).
Aunque nos sea imposible de entender, es probable que estos animales experimenten, al percibir u olfatear estas sustancias, una sensación muy parecida a la que nosotros experimentamos en presencia de un alimento apetitoso.
Como todo (o casi todo) lo demás, el gusto y el asco son subjetividades relativas, artificiosas y condicionadas.
Sí: decididamente lo que para unos es repugnante, nauseabundo y fétido, para otros puede ser apetecible.
¿Qué es, por ejemplo, lo que más nos repugna sensorialmente? Quizá los detritus orgánicos, las deyecciones fecales, la corrupción o descomposición cadavérica.
(Debido a sus efectos perniciosos para la salud, la evolución ha hecho que nos repela la visión o el olor de esas sustancias, para así disuadirnos de su contacto y, sobre todo, su ingestión.)
Y sin embargo, esas sustancias putrefactas son atrayentes para las moscas, para los buitres y para otras especies necrófagas o carroñeras (para las cuales no son perjudiciales, sino alimenticias).
Aunque nos sea imposible de entender, es probable que estos animales experimenten, al percibir u olfatear estas sustancias, una sensación muy parecida a la que nosotros experimentamos en presencia de un alimento apetitoso.
Como todo (o casi todo) lo demás, el gusto y el asco son subjetividades relativas, artificiosas y condicionadas.
Sí: decididamente lo que para unos es repugnante, nauseabundo y fétido, para otros puede ser apetecible.
Friday, November 28, 2008
Xenofilia
Ñu viene del idioma de los hotentotes (aborígenes del cabo de Buena Esperanza).
Tucán viene del idioma de los indígenas de Brasil.
Koala, Canguro y Bumerán vienen del idioma de los aborígenes de Australia.
Baobab viene del árabe.
Iglú viene del idioma de los esquimales.
Cóndor viene del quechua.
Cacahuete y Mapache vienen del nahua.
Guayaba viene del araucano.
Papaya viene del idioma de los indígenas del Caribe.
Cobaya viene del tupí.
Oasis viene del egipcio.
Géiser viene del islandés…
Soy xenófilo verbal. Me gustan estas palabras foráneas y exóticas, incrustadas (pero con una sonoridad propia y distinta) en nuestro idioma. Palabras que no podían ser originarias de esta zona del mundo, porque aquí no hay ñúes, ni tucanes, ni koalas, ni baobabs, ni iglúes, ni cóndores, ni mapaches, ni guayabas, ni géiseres… Palabras que, como hijas adoptivas, ahora son –también- nuestras palabras.
Tucán viene del idioma de los indígenas de Brasil.
Koala, Canguro y Bumerán vienen del idioma de los aborígenes de Australia.
Baobab viene del árabe.
Iglú viene del idioma de los esquimales.
Cóndor viene del quechua.
Cacahuete y Mapache vienen del nahua.
Guayaba viene del araucano.
Papaya viene del idioma de los indígenas del Caribe.
Cobaya viene del tupí.
Oasis viene del egipcio.
Géiser viene del islandés…
Soy xenófilo verbal. Me gustan estas palabras foráneas y exóticas, incrustadas (pero con una sonoridad propia y distinta) en nuestro idioma. Palabras que no podían ser originarias de esta zona del mundo, porque aquí no hay ñúes, ni tucanes, ni koalas, ni baobabs, ni iglúes, ni cóndores, ni mapaches, ni guayabas, ni géiseres… Palabras que, como hijas adoptivas, ahora son –también- nuestras palabras.
Monday, November 24, 2008
Un gran diseñador
Nadie, según parece, ha diseñado las estrellas, los planetas, los satélites, los cráteres, las rocas…
Nadie, según parece, ha trazado el musgo, los árboles, las esporas, las algas, los arbustos…
Nadie, según parece, ha delineado el pingüino, el lagarto, el camello, la rana, el pez espada…
Nadie, según parece, ha perfilado el corazón, el hígado, el páncreas, la rótula, el cerebro…
Nadie hizo un bosquejo, un plano o un esbozo de ellos. Fueron formándose a sí mismos, merced a la dinámica, el autoempuje y la mutabilidad del existir. Nadie los ha diseñado.
Nadie, según parece, es un gran diseñador.
Nadie, según parece, ha trazado el musgo, los árboles, las esporas, las algas, los arbustos…
Nadie, según parece, ha delineado el pingüino, el lagarto, el camello, la rana, el pez espada…
Nadie, según parece, ha perfilado el corazón, el hígado, el páncreas, la rótula, el cerebro…
Nadie hizo un bosquejo, un plano o un esbozo de ellos. Fueron formándose a sí mismos, merced a la dinámica, el autoempuje y la mutabilidad del existir. Nadie los ha diseñado.
Nadie, según parece, es un gran diseñador.
Tuesday, November 18, 2008
Tan pequeños
Tan pequeño Franz delante de la Metamorfosis.
Tan pequeño Marcel delante del Tiempo Perdido.
Tan pequeño Dámaso ante la Mujer con Alcuza.
Tan pequeñitos puestos al lado de sus criaturas. Tan diminutos comparados con lo que escribieron.
Tan pequeño Marcel delante del Tiempo Perdido.
Tan pequeño Dámaso ante la Mujer con Alcuza.
Tan pequeñitos puestos al lado de sus criaturas. Tan diminutos comparados con lo que escribieron.
Thursday, November 13, 2008
Qué fuerza
Qué poder, qué fuerza tienen lo estático, lo vegetal, lo inanimado, lo inerte.
Qué poder tienen el hielo y la nieve, que vuelven blancos a los osos, los armiños…
Qué poder tienen las flores, que confieren sus tonos (y hasta su forma) a las mariposas…
Qué poder tiene la sabana, que hace marrones o pardos a los leones, los antílopes…
Qué poder tiene lo frondoso, que tiñe de verde a las iguanas, las serpientes…
Qué poder tiene la noche, que ennegrece u oscurece a los grillos, las lechuzas, los murciélagos…
Qué fuerza y qué poder tienen lo estático, lo vegetal, lo inanimado, lo inerte.
Qué poder tienen el hielo y la nieve, que vuelven blancos a los osos, los armiños…
Qué poder tienen las flores, que confieren sus tonos (y hasta su forma) a las mariposas…
Qué poder tiene la sabana, que hace marrones o pardos a los leones, los antílopes…
Qué poder tiene lo frondoso, que tiñe de verde a las iguanas, las serpientes…
Qué poder tiene la noche, que ennegrece u oscurece a los grillos, las lechuzas, los murciélagos…
Qué fuerza y qué poder tienen lo estático, lo vegetal, lo inanimado, lo inerte.
Tuesday, November 11, 2008
Sentir con los pulmones
Para el lenguaje las emociones suelen residenciarse en el corazón, probablemente como órgano motor de nuestra vida (de ahí, por ejemplo, cordial, coraje, descorazonador…).
Pero no siempre es así. Los pulmones también reclaman su parte.
En La Selva del Lenguaje, de J. A. Marina, leo lo siguiente:
Las dificultades respiratorias han servido como base figurativa para algunas palabras que expresan sentimientos: congoja, anhelo, ansia, agobio, angustia. María Moliner define ansia como un malestar físico que se manifiesta principalmente como respiración jadeante. Anhelo guarda la huella de su antepasado latino an-helare, respirar con dificultad… Angustia deriva del latín angustia, estrechez, opresión. También agobio significa sofocación, y la congoja es un sentimiento que ahoga. Procede del latín congustia, angostura (estrechamiento).
Así que no sólo sentimos con el corazón. También con los pulmones.
Pero no siempre es así. Los pulmones también reclaman su parte.
En La Selva del Lenguaje, de J. A. Marina, leo lo siguiente:
Las dificultades respiratorias han servido como base figurativa para algunas palabras que expresan sentimientos: congoja, anhelo, ansia, agobio, angustia. María Moliner define ansia como un malestar físico que se manifiesta principalmente como respiración jadeante. Anhelo guarda la huella de su antepasado latino an-helare, respirar con dificultad… Angustia deriva del latín angustia, estrechez, opresión. También agobio significa sofocación, y la congoja es un sentimiento que ahoga. Procede del latín congustia, angostura (estrechamiento).
Así que no sólo sentimos con el corazón. También con los pulmones.
Monday, November 10, 2008
El circuito del odio
Algunas informaciones científicas se diluyen en la vorágine de la actualidad social. Y sin embargo, a mí se me hacen más interesantes que las noticias políticas o económicas. Es el caso de ésta:
“Científicos del University Collage de Londres detectaron el circuito del odio que se dispara en diversas partes del cerebro cuando, por ejemplo, una persona muestra un profundo desagrado hacia otra. En un informe indican que el circuito del odio es diferente al de otras sensaciones como el miedo, la amenaza y el peligro. También es diferente al vinculado al amor, aun cuando comparte al menos dos de sus estructuras.
Específicamente los investigadores estudiaron el odio dirigido contra un individuo.
En su estudio participaron 17 voluntarios, hombres y mujeres, cuyos cerebros fueron puestos bajo un escáner mientras visionaban imágenes de la persona a la que odiaban así como otras neutrales y de amigos.
Cuando veían a la persona odiada se iniciaban actividades en diferentes partes del cerebro, las cuales, en conjunto, pueden ser consideradas como el circuito del odio.
Lo más interesante es que, cuando una persona miró la cara de una persona rechazada, la actividad en el circuito del odio fue proporcional a la intensidad de esa aversión”.
Así que parece que vamos a saber qué extensión (¿en qué unidad: en milímetros?) tienen las áreas cerebrales del odio. Vamos a medir el rencor, vamos a hacer odiometrías. Vamos a conocer qué parcela, longitud o volumen abarca nuestro odiar.
Ojalá que, en mi caso, ocupe muy poco. Lo mínimo posible.
“Científicos del University Collage de Londres detectaron el circuito del odio que se dispara en diversas partes del cerebro cuando, por ejemplo, una persona muestra un profundo desagrado hacia otra. En un informe indican que el circuito del odio es diferente al de otras sensaciones como el miedo, la amenaza y el peligro. También es diferente al vinculado al amor, aun cuando comparte al menos dos de sus estructuras.
Específicamente los investigadores estudiaron el odio dirigido contra un individuo.
En su estudio participaron 17 voluntarios, hombres y mujeres, cuyos cerebros fueron puestos bajo un escáner mientras visionaban imágenes de la persona a la que odiaban así como otras neutrales y de amigos.
Cuando veían a la persona odiada se iniciaban actividades en diferentes partes del cerebro, las cuales, en conjunto, pueden ser consideradas como el circuito del odio.
Lo más interesante es que, cuando una persona miró la cara de una persona rechazada, la actividad en el circuito del odio fue proporcional a la intensidad de esa aversión”.
Así que parece que vamos a saber qué extensión (¿en qué unidad: en milímetros?) tienen las áreas cerebrales del odio. Vamos a medir el rencor, vamos a hacer odiometrías. Vamos a conocer qué parcela, longitud o volumen abarca nuestro odiar.
Ojalá que, en mi caso, ocupe muy poco. Lo mínimo posible.
Saturday, November 08, 2008
Te revivo, Amanda
Lo leo en el periódico:
“Los científicos han grabado por primera vez células cerebrales humanas durante la invocación de un recuerdo, y han observado de este modo no sólo dónde se registra una experiencia recordada sino también, en parte, cómo puede recrearla el cerebro. Las grabaciones prueban que estos recuerdos espontáneos residen en las mismas neuronas que se dispararon con más fuerza cuando se experimentó el suceso recordado.
El estudio prácticamente ha cerrado el caso: para el cerebro, recordar es muy parecido a hacer.
El experimento, publicado en la revista Science, indica que al menos algunas de las neuronas que se disparan cuando se recupera un recuerdo lejano son aquéllas que se activaron con más fuerza cuando ocurrió lo recordado, por mucho tiempo que haya transcurrido”.
Así que ahora está claro: para el cerebro, recordar una acción es muy parecido a hacerla. Rememorar algo equivale, neuronalmente, a revivirlo. Recordar es reexperimentar.
¿Por qué decimos recuerdo cuando queremos decir revivencia?
“Los científicos han grabado por primera vez células cerebrales humanas durante la invocación de un recuerdo, y han observado de este modo no sólo dónde se registra una experiencia recordada sino también, en parte, cómo puede recrearla el cerebro. Las grabaciones prueban que estos recuerdos espontáneos residen en las mismas neuronas que se dispararon con más fuerza cuando se experimentó el suceso recordado.
El estudio prácticamente ha cerrado el caso: para el cerebro, recordar es muy parecido a hacer.
El experimento, publicado en la revista Science, indica que al menos algunas de las neuronas que se disparan cuando se recupera un recuerdo lejano son aquéllas que se activaron con más fuerza cuando ocurrió lo recordado, por mucho tiempo que haya transcurrido”.
Así que ahora está claro: para el cerebro, recordar una acción es muy parecido a hacerla. Rememorar algo equivale, neuronalmente, a revivirlo. Recordar es reexperimentar.
¿Por qué decimos recuerdo cuando queremos decir revivencia?
Tuesday, November 04, 2008
Mi materia
Antes de que yo fuera concebido, el mundo no pesaba menos que después de que fui concebido. Mi materia ya estaba en el mundo (de otra forma, en otro estado).
Cuando yo me extinga, el mundo no pesará menos de lo que pesa ahora. Mi materia seguirá presente en el mundo (de otra forma, en otro estado).
Mi masa corporal es materia del mundo. Mi cuerpo es materia cósmica.
(Por eso, aunque digo "mi materia" pongo en cursiva el mi: porque no es mía indefinidamente, sino más bien un alquiler o un préstamo con vencimiento.)
Así pues, soy una fase provisional de una materia imperecedera.
Puede que no eternamente, pero al menos mientras exista el cosmos mi materia seguirá aquí.
Cuando yo me extinga, el mundo no pesará menos de lo que pesa ahora. Mi materia seguirá presente en el mundo (de otra forma, en otro estado).
Mi masa corporal es materia del mundo. Mi cuerpo es materia cósmica.
(Por eso, aunque digo "mi materia" pongo en cursiva el mi: porque no es mía indefinidamente, sino más bien un alquiler o un préstamo con vencimiento.)
Así pues, soy una fase provisional de una materia imperecedera.
Puede que no eternamente, pero al menos mientras exista el cosmos mi materia seguirá aquí.
Monday, November 03, 2008
¿Quiénes son ésos?
Casi nadie ha conocido a sus bisabuelos pero, de haberlos conocido, serían (entre bisabuelos y bisabuelas) ocho personas. El número de tatarabuelos-as es de dieciséis. No hay (que yo sepa) una palabra para llamar a los padres de los tatarabuelos, pero su número es de 32. Y el de los padres de éstos, 64. Sí: sesenta y cuatro.
Cada escalón que retrocedemos en el árbol genealógico, hay que multiplicar por 2 nuestro número de ascendientes. Tomando dos generaciones por centuria, en el siglo XVI vivían unos 1.000 antepasados nuestros.
(Sí: la “cadena” sería:
Siglo XX… 2 - 4
Siglo XIX… 8 – 16
Siglo XVIII… 32 - 64
Siglo XVII… 128 – 256
Siglo XVI… 512 – 1.024)
Parece increíble pero es así. En los últimos cinco siglos hemos tenido, calculando por lo bajo, unos 1.000 antepasados.
¿Y cómo fue la vida de esas personas?
Sabemos que nacieron, que tuvieron infancia y juventud: que fueron niños y niñas, muchachos y muchachas.
Sabemos que, en épocas de gran mortandad infantil, tuvieron la suerte de no morir antes de procrear. (De lo contrario, no existiríamos.)
Sabemos que, por los acontecimientos que les tocó vivir, muchos de ellos debieron sufrir privaciones, epidemias, guerras…
Pero, aparte de estas generalidades, no sabemos nada en concreto de ellos.
Lo probable es que, entre tantos antepasados, haya habido de todo: altos y bajos, delgados y gruesos, honestos y deshonestos, felices y desdichados…
Esa inmensidad de hombres y mujeres de los que venimos, cuyos genes portamos y a los que cada uno de nosotros debe su existencia nos resultan (para bien o para mal) unos perfectos desconocidos.
Cada escalón que retrocedemos en el árbol genealógico, hay que multiplicar por 2 nuestro número de ascendientes. Tomando dos generaciones por centuria, en el siglo XVI vivían unos 1.000 antepasados nuestros.
(Sí: la “cadena” sería:
Siglo XX… 2 - 4
Siglo XIX… 8 – 16
Siglo XVIII… 32 - 64
Siglo XVII… 128 – 256
Siglo XVI… 512 – 1.024)
Parece increíble pero es así. En los últimos cinco siglos hemos tenido, calculando por lo bajo, unos 1.000 antepasados.
¿Y cómo fue la vida de esas personas?
Sabemos que nacieron, que tuvieron infancia y juventud: que fueron niños y niñas, muchachos y muchachas.
Sabemos que, en épocas de gran mortandad infantil, tuvieron la suerte de no morir antes de procrear. (De lo contrario, no existiríamos.)
Sabemos que, por los acontecimientos que les tocó vivir, muchos de ellos debieron sufrir privaciones, epidemias, guerras…
Pero, aparte de estas generalidades, no sabemos nada en concreto de ellos.
Lo probable es que, entre tantos antepasados, haya habido de todo: altos y bajos, delgados y gruesos, honestos y deshonestos, felices y desdichados…
Esa inmensidad de hombres y mujeres de los que venimos, cuyos genes portamos y a los que cada uno de nosotros debe su existencia nos resultan (para bien o para mal) unos perfectos desconocidos.
Friday, October 31, 2008
¿Y tú qué tal te caes?
¿Te caes bien o te caes mal?
¿Te pareces simpático o antipático?, ¿agradable o desagradable?
¿Aceptarías una invitación para pasar contigo un fin de semana, unas vacaciones?
Si pudieras tratarte o relacionarte igual que lo haces con los otros, ¿cómo te llevarías contigo?
¿Te pareces simpático o antipático?, ¿agradable o desagradable?
¿Aceptarías una invitación para pasar contigo un fin de semana, unas vacaciones?
Si pudieras tratarte o relacionarte igual que lo haces con los otros, ¿cómo te llevarías contigo?
Thursday, October 30, 2008
El apocalipsis según Gaarder
En un relato de Jostein Gaarder (El catálogo) encontré el siguiente párrafo:
La aniquilación técnica de la vida marcha por sí sola. Con una meticulosidad sistemática, los humanos han empezado a acabar con la biosfera. Estamos recorriendo el último trecho. Ya sólo queda llevar a buen término esta última tarea, ya sólo queda el suicidio colectivo en el escenario del mundo antes de que baje el telón entre los aplausos ciegos y sordos del espacio.
Somos victoriosos actores del ars moriendi. Aunque fallaran uno o dos intentos de suicidio, habrá muchos otros que actúen independientemente de los que fracasan. Aunque no celebremos la última nochevieja con los fuegos artificiales de las armas nucleares, seguramente nos ahogaremos los unos a los otros como un cultivo de bacterias en una solución de glucosa. Y si de esta manera se tarda demasiado en conseguir erradicar todo lo que es vida, antes o después correremos las cortinas de la capa de ozono para que los rayos ultravioletas entren en el salón de la Tierra.
Y me quedé con ganas de decirle: -Enhorabuena, Jostein, me gustaron tus metáforas: la exhibición pirotécnica nuclear, el telón que baja, los aplausos (ciegos y sordos) del espacio… Pero, al mismo tiempo, ¡ deseo tanto que te equivoques !
La aniquilación técnica de la vida marcha por sí sola. Con una meticulosidad sistemática, los humanos han empezado a acabar con la biosfera. Estamos recorriendo el último trecho. Ya sólo queda llevar a buen término esta última tarea, ya sólo queda el suicidio colectivo en el escenario del mundo antes de que baje el telón entre los aplausos ciegos y sordos del espacio.
Somos victoriosos actores del ars moriendi. Aunque fallaran uno o dos intentos de suicidio, habrá muchos otros que actúen independientemente de los que fracasan. Aunque no celebremos la última nochevieja con los fuegos artificiales de las armas nucleares, seguramente nos ahogaremos los unos a los otros como un cultivo de bacterias en una solución de glucosa. Y si de esta manera se tarda demasiado en conseguir erradicar todo lo que es vida, antes o después correremos las cortinas de la capa de ozono para que los rayos ultravioletas entren en el salón de la Tierra.
Y me quedé con ganas de decirle: -Enhorabuena, Jostein, me gustaron tus metáforas: la exhibición pirotécnica nuclear, el telón que baja, los aplausos (ciegos y sordos) del espacio… Pero, al mismo tiempo, ¡ deseo tanto que te equivoques !
Monday, October 27, 2008
Como confesar un crimen
Hay que ser valientes para admitir los propios errores. Y más aún si esas equivocaciones las hemos defendido, en el pasado, con ahínco.
Hay que ser valientes para no enrocarse en el “de aquí no me muevo”.
Hay que ser valientes para aguantar el “ya te decíamos” y el “por fin has abrazado nuestra fe”.
Hay que ser valientes para encajar el “eres un inconstante”, “un renegado”.
Hay que ser valientes para anteponer la verdad al orgullo.
Hay que ser valientes para asumir que casi nadie comprende el valor de reconocer los propios errores.
En una carta a un amigo, Charles Darwin, que durante años había defendido tenazmente la inmutabilidad de las especies, escribía que admitir este error y pasar a defender lo contrario fue para él “como confesar un crimen”.
Darwin no era ningún criminal, pero reconocer y exhibir un error propio genera un rechazo parecido al de los delincuentes confesos: personas que, pese a su arrepentimiento, no dejan de haber sido delincuentes. Y que, además, lo reconocen.
(Pero no: el auténtico delito no es desdecirse. El delito de lesa honestidad es empecinarse.)
Aunque el proverbio afirme que “rectificar es de sabios”, debería más bien decir que “rectificar es de intrépidos”.
Hay que ser valientes para no enrocarse en el “de aquí no me muevo”.
Hay que ser valientes para aguantar el “ya te decíamos” y el “por fin has abrazado nuestra fe”.
Hay que ser valientes para encajar el “eres un inconstante”, “un renegado”.
Hay que ser valientes para anteponer la verdad al orgullo.
Hay que ser valientes para asumir que casi nadie comprende el valor de reconocer los propios errores.
En una carta a un amigo, Charles Darwin, que durante años había defendido tenazmente la inmutabilidad de las especies, escribía que admitir este error y pasar a defender lo contrario fue para él “como confesar un crimen”.
Darwin no era ningún criminal, pero reconocer y exhibir un error propio genera un rechazo parecido al de los delincuentes confesos: personas que, pese a su arrepentimiento, no dejan de haber sido delincuentes. Y que, además, lo reconocen.
(Pero no: el auténtico delito no es desdecirse. El delito de lesa honestidad es empecinarse.)
Aunque el proverbio afirme que “rectificar es de sabios”, debería más bien decir que “rectificar es de intrépidos”.
Friday, October 24, 2008
Todo lo que siempre quisimos olvidar
“Experiencias traumáticas o dolorosas podrían desaparecer de nuestro cerebro gracias a una pequeña molécula que eliminaría las evocaciones dolorosas dejando el resto de nuestra memoria ilesa. De momento, se ha logrado con ratones. Puede ser un primer paso para obtener medicamentos antirrecuerdos.
Científicos de Estados Unidos y China experimentaron con ratones con una leve modificación genética. La revista “Neurocon” explica cómo este grupo de científicos les añadieron una enzima y les realizaron varias pruebas de memoria. Tras varios experimentos comprobaron que los ratones eran capaces de aprender y memorizar, pero la actividad excesiva de la molécula provocaba que no pudieran recuperar recuerdos.
El año pasado, científicos canadienses afirmaron que era posible poner fin a los malos recuerdos, en particular a los que causan el llamado "trastorno por estrés postraumático". Los traumas, temores y ansiedades asociados a un recuerdo en particular podrían ser eliminados con la intervención de medicamentos. El betabloqueador propanolol podría interferir en la forma en la que el cerebro almacena los recuerdos. El estudio, publicado en la revista “Nature”, se llevó a cabo con ratas que habían aprendido a temer a un sonido que precedía los choques eléctricos. La investigación demostró que las ratas perdían ese miedo si se les suministraba propanolol cuando se iniciaba el sonido...”
Así pues, quizá debiéramos ir haciendo una lista de todos los recuerdos que deseamos extirpar de nosotros: traiciones, crisis, traumas, frustraciones, disgustos, fracasos, separaciones, derrotas, accidentes, pérdidas…
No será fácil hacer un listado. Porque, además, ¿quién no almacena recuerdos agridulces: episodios de la vida en los que el júbilo y la tristeza, el dolor y el placer, vinieron inseparablemente unidos?
¿Querremos borrar esos recuerdos, esas vivencias dignas de ser conservadas pero también suprimidas: memorables y a la vez olvidables?
No, decididamente no será fácil confeccionar una lista.
Científicos de Estados Unidos y China experimentaron con ratones con una leve modificación genética. La revista “Neurocon” explica cómo este grupo de científicos les añadieron una enzima y les realizaron varias pruebas de memoria. Tras varios experimentos comprobaron que los ratones eran capaces de aprender y memorizar, pero la actividad excesiva de la molécula provocaba que no pudieran recuperar recuerdos.
El año pasado, científicos canadienses afirmaron que era posible poner fin a los malos recuerdos, en particular a los que causan el llamado "trastorno por estrés postraumático". Los traumas, temores y ansiedades asociados a un recuerdo en particular podrían ser eliminados con la intervención de medicamentos. El betabloqueador propanolol podría interferir en la forma en la que el cerebro almacena los recuerdos. El estudio, publicado en la revista “Nature”, se llevó a cabo con ratas que habían aprendido a temer a un sonido que precedía los choques eléctricos. La investigación demostró que las ratas perdían ese miedo si se les suministraba propanolol cuando se iniciaba el sonido...”
Así pues, quizá debiéramos ir haciendo una lista de todos los recuerdos que deseamos extirpar de nosotros: traiciones, crisis, traumas, frustraciones, disgustos, fracasos, separaciones, derrotas, accidentes, pérdidas…
No será fácil hacer un listado. Porque, además, ¿quién no almacena recuerdos agridulces: episodios de la vida en los que el júbilo y la tristeza, el dolor y el placer, vinieron inseparablemente unidos?
¿Querremos borrar esos recuerdos, esas vivencias dignas de ser conservadas pero también suprimidas: memorables y a la vez olvidables?
No, decididamente no será fácil confeccionar una lista.
Monday, October 20, 2008
Sobremorir
La luz no precisa que alguien la vea. Las vibraciones no requieren que alguien las capte. La materia no necesita que alguien la palpe. Se las arreglan bien sin ser sentidas. En general todo lo inerte subsiste, sobremuere perfectamente sin lo vivo.
Resignación
Mantenemos centros de acogida porque sabemos que habrá maltratadores. Mantenemos cárceles (y, en algunos sitios, pena de muerte) porque sabemos que habrá crímenes. Mantenemos ejércitos porque sabemos que habrá guerras…
Nuestros fracasos son empíricamente previsibles. Nuestros fallos se hallan estadísticamente asumidos. Nuestros errores son aceptados con resignación, con naturalidad. Nuestros defectos están institucionalizados.
Nuestros fracasos son empíricamente previsibles. Nuestros fallos se hallan estadísticamente asumidos. Nuestros errores son aceptados con resignación, con naturalidad. Nuestros defectos están institucionalizados.
Friday, October 17, 2008
ELLOS duelen a mí.
Decimos
Me duele el estómago.
Me duele la garganta.
Me duele la cabeza
Me duele todo el cuerpo.
O sea,
El estómago duele a mí.
La garganta duele a mí.
La cabeza duele a mí.
Todo el cuerpo duele a mí.
Los que duelen son ellos.
Como si fuesen algo distinto de mí. Como si fuesen ajenos. Como si fuesen cosas de fuera.
Como si no fuesen yo mismo.
Si el idioma usa esta construcción, es porque considera que eso que duele es diferente de mí. Es otra cosa.
No soy yo quien duelo. Es mi cuerpo (él: esa cosa) quien me duele.
Pero, si mis órganos o el conjunto de éstos (mi cuerpo) no soy yo, ¿qué soy yo entonces?
O, dicho de otra manera: ¿Dónde tendría que dolerme para hacerme decir me duelo yo?
Me duele el estómago.
Me duele la garganta.
Me duele la cabeza
Me duele todo el cuerpo.
O sea,
El estómago duele a mí.
La garganta duele a mí.
La cabeza duele a mí.
Todo el cuerpo duele a mí.
Los que duelen son ellos.
Como si fuesen algo distinto de mí. Como si fuesen ajenos. Como si fuesen cosas de fuera.
Como si no fuesen yo mismo.
Si el idioma usa esta construcción, es porque considera que eso que duele es diferente de mí. Es otra cosa.
No soy yo quien duelo. Es mi cuerpo (él: esa cosa) quien me duele.
Pero, si mis órganos o el conjunto de éstos (mi cuerpo) no soy yo, ¿qué soy yo entonces?
O, dicho de otra manera: ¿Dónde tendría que dolerme para hacerme decir me duelo yo?
¿Cómo puede (no) gustarles?
Para unos es apasionante lo que para otros es tedioso.
Para unos es tedioso lo que para otros es apasionante.
(¿Cómo es posible que algo tan fascinante les aburra? ¿Cómo es posible que algo tan aburrido les fascine?)
Y aunque quieran entenderlo, no pueden. Porque, por mucho que se esfuercen, no logran que les aburra lo que les fascina, ni que les fascine lo que les aburre.
Para entenderlo, para entender de verdad a los otros, necesitarían ser ellos.
Para unos es tedioso lo que para otros es apasionante.
(¿Cómo es posible que algo tan fascinante les aburra? ¿Cómo es posible que algo tan aburrido les fascine?)
Y aunque quieran entenderlo, no pueden. Porque, por mucho que se esfuercen, no logran que les aburra lo que les fascina, ni que les fascine lo que les aburre.
Para entenderlo, para entender de verdad a los otros, necesitarían ser ellos.
Thursday, October 16, 2008
Afortunados
Si escribo esto, y tú lo lees, es porque tenemos ordenador. Y conexión a internet. Y líneas o cables de fibra óptica. Y fluido eléctrico…
Y alfabetización.
Y libertad para leer, escribir, opinar y publicar lo que queramos.
No le concedemos importancia pero, durante la mayor parte de la Historia, los humanos carecieron de todo eso. Y todavía hay quienes siguen sin tenerlo.
Está claro que somos gente muy afortunada. Somos tipos con suerte.
Y alfabetización.
Y libertad para leer, escribir, opinar y publicar lo que queramos.
No le concedemos importancia pero, durante la mayor parte de la Historia, los humanos carecieron de todo eso. Y todavía hay quienes siguen sin tenerlo.
Está claro que somos gente muy afortunada. Somos tipos con suerte.
Monday, October 13, 2008
Sin palabras
Ya no lo recordamos, pero hubo un tiempo en que veíamos una tabla con patas y no sabíamos que se llamaba mesa; en que nuestro abdomen pedía comer y no sabíamos que se llamaba hambre; en que algo alegre nos sacudía la cara y no sabíamos que era reírse.
Ya no lo recordamos, pero hubo un tiempo en que no habíamos llegado a las palabras, ni las palabras a nosotros.
En la vida de cada uno hubo un tiempo en que las cosas eran las cosas: sólo las cosas y no unas palabras que las designan.
Ya no lo recordamos, pero hubo un tiempo en que no habíamos llegado a las palabras, ni las palabras a nosotros.
En la vida de cada uno hubo un tiempo en que las cosas eran las cosas: sólo las cosas y no unas palabras que las designan.
Pasados
Pasado perfecto (ha pasado), pluscuamperfecto (había pasado), anterior (hubo pasado), imperfecto (pasaba), indefinido (pasó)…
¡ Cuántas fases, cuántas secuencias, cuántos estadíos tiene el pasado !
¿Será por eso que cuesta tanto dejarlo atrás, zafarse de él, relegarlo, olvidarlo, conseguir que el pasado pase del todo?
¡ Cuántas fases, cuántas secuencias, cuántos estadíos tiene el pasado !
¿Será por eso que cuesta tanto dejarlo atrás, zafarse de él, relegarlo, olvidarlo, conseguir que el pasado pase del todo?
Autodocilidad
Autodisciplina. Autoobediencia. Autoacatamiento. Autosumisión.
Lo que cuenta no es la fuerza o reciedumbre de la voluntad, sino la capacidad de sumisión: de doblegarse a ella, de obedecer a la propia voluntad.
Ser voluntarioso es ser autodócil.
Ser débil de voluntad es ser autorrebelde, autoinsumiso.
Lo que cuenta no es la fuerza o reciedumbre de la voluntad, sino la capacidad de sumisión: de doblegarse a ella, de obedecer a la propia voluntad.
Ser voluntarioso es ser autodócil.
Ser débil de voluntad es ser autorrebelde, autoinsumiso.
Friday, October 10, 2008
Guirigay
Ahí dentro oímos al altruismo (-Ayúdale) y al egoísmo (-Pasa de largo); a la fuerza (-Sé capaz) y a la debilidad (-Abandona); al temor (-Huye) y al valor (-Resiste)...
¡ Menudo guirigay tienen formado !
Dentro de nosotros habla todo el mundo. Están, todos ahí dentro, hablando a la vez.
¡ Menudo guirigay tienen formado !
Dentro de nosotros habla todo el mundo. Están, todos ahí dentro, hablando a la vez.
Wednesday, October 08, 2008
Coloquialmente
Tertulia interior. Acalorado debate dentro de mí mismo. Voces que dialogan entre ellas:
-Hazlo.
-No lo hagas
-Mejor no hacerlo.
-Mejor sí...
-Levántate.
-Sigue tumbado.
-Ponte de pie ya.
-"Ya" no; dentro de unos minutos...
Yoes hablando conmigo. Conmigos.
Miniyoes en plena disputa, aspirando a que el Yo-Jefe les dé la razón.
-Hazlo.
-No lo hagas
-Mejor no hacerlo.
-Mejor sí...
-Levántate.
-Sigue tumbado.
-Ponte de pie ya.
-"Ya" no; dentro de unos minutos...
Yoes hablando conmigo. Conmigos.
Miniyoes en plena disputa, aspirando a que el Yo-Jefe les dé la razón.
Monday, October 06, 2008
Innombrables
Lo leo en La Selva del Lenguaje, de José Antonio Marina:
"El léxico de la tristeza se ha ido ampliando. El abatimiento aparece en 1460, la congoja en 1465, la consternación a mediados del XVII, la depresión en 1580, el desconsuelo hacia 1520, la melancolía (palabra de origen griego) cambia su significado parcialmente en el siglo XVII, morriña es documentada por primera vez en 1726, murria en 1611, y, como tristezas recientísimas, aparecen nostalgia en 1825 y añoranza en 1895".
Por supuesto, antes de que esas palabras aparecieran, los humanos de aquel tiempo ya sentían todo aquello. Pero no habían puesto etiquetas a esas emociones. Eran sentimientos anónimos, innominados. Existía el significado, pero no el significante.
Por eso mismo parece lícito preguntarse: ¿Cuántas emociones experimentamos actualmente y carecemos de nombres para identificarlas?
¿Cómo se llama esto que a veces sentimos?
"El léxico de la tristeza se ha ido ampliando. El abatimiento aparece en 1460, la congoja en 1465, la consternación a mediados del XVII, la depresión en 1580, el desconsuelo hacia 1520, la melancolía (palabra de origen griego) cambia su significado parcialmente en el siglo XVII, morriña es documentada por primera vez en 1726, murria en 1611, y, como tristezas recientísimas, aparecen nostalgia en 1825 y añoranza en 1895".
Por supuesto, antes de que esas palabras aparecieran, los humanos de aquel tiempo ya sentían todo aquello. Pero no habían puesto etiquetas a esas emociones. Eran sentimientos anónimos, innominados. Existía el significado, pero no el significante.
Por eso mismo parece lícito preguntarse: ¿Cuántas emociones experimentamos actualmente y carecemos de nombres para identificarlas?
¿Cómo se llama esto que a veces sentimos?
Monday, September 29, 2008
Conviven
Aún y Todavía llevan siglos conviviendo. Cientos de años compartiendo el mismo terreno, y ninguna le ha dicho a la otra: -Una de las dos sobra.
Nunca se disputaron el espacio. Y es probable que sigan así, bien avenidas, todavía (o aún) por mucho tiempo.
Nunca se disputaron el espacio. Y es probable que sigan así, bien avenidas, todavía (o aún) por mucho tiempo.
Tuesday, September 23, 2008
Tener razón
A raíz de leer algunos poemas de Fernando Pessoa en decir-lo-indecible.blogspot.com, me intereso por este autor, quien no sólo escribió poesía. Entre sus textos en prosa (pero no prosaicos) encuentro esta (para mí) pequeña joya, que explica bien lo poco que a menudo significa “tener razón”:
Me encontré hoy en la calle, por separado, a dos amigos míos que se habían peleado el uno con el otro. Cada uno de ellos me contó la historia de por qué se habían pelado. Cada uno de ellos me dijo la verdad. Cada uno de ellos me expuso sus razones. Los dos tenían razón. Los dos tenían toda la razón. No era que uno viera una cosa y el otro viera otra, o que uno viera un lado de las cosas y el otro un lado diferente. No: cada uno veía las cosas exactamente como habían pasado, cada uno las veía con idéntico criterio, pero cada uno veía una cosa diferente, y cada uno, por lo tanto, tenía razón.
Me encontré hoy en la calle, por separado, a dos amigos míos que se habían peleado el uno con el otro. Cada uno de ellos me contó la historia de por qué se habían pelado. Cada uno de ellos me dijo la verdad. Cada uno de ellos me expuso sus razones. Los dos tenían razón. Los dos tenían toda la razón. No era que uno viera una cosa y el otro viera otra, o que uno viera un lado de las cosas y el otro un lado diferente. No: cada uno veía las cosas exactamente como habían pasado, cada uno las veía con idéntico criterio, pero cada uno veía una cosa diferente, y cada uno, por lo tanto, tenía razón.
Monday, September 22, 2008
Adiós, silencio, adiós
La organización ETA ha asesinado a casi 1.000 personas (hoy, otra más), ha secuestrado y mutilado a otras muchas y ha llenado de dolor a una inmensidad de familias. En algunos casos, la crueldad empleada sólo puede compararse con los actos más aberrantes de la historia de la humanidad: así, Ortega Lara fue secuestrado y recluido en un pequeño habitáculo subterráneo durante 532 días, y si no permaneció más tiempo es porque fue rescatado por la Policía. En el caso de Miguel Ángel Blanco, tras secuestrarle advirtieron de que sería ejecutado en 48 horas si el Gobierno no cedía a las exigencias de ETA. Finalmente fue asesinado después de terribles horas de espanto vividas por su familia y por el conjunto de la sociedad.
Supuestamente ETA pretende la independencia del País Vasco. Desea también la anexión de Navarra y de una zona del sur de Francia, que considera vascas. Parece ser que, en sus orígenes, pretendía asimismo la instauración de un Estado marxista-leninista en esos territorios, aunque este objetivo ideológico parece haberlo abandonado últimamente.
Pero, mientras todo esto ocurre, los ciudadanos vascos votan libremente desde hace treinta años en todos los ámbitos electorales: local, autonómico, estatal, europeo.
A esas elecciones pueden concurrir también los partidos independentistas, salvo aquéllos que de modo patente apoyen el terrorismo. Éstos últimos no están vedados por su ideología independentista, sino por su complicidad con la violencia.
Se da la circunstancia de que el partido nacionalista mayoritario no se presenta a las elecciones con un programa netamente independentista, con lo que es casi imposible saber qué parte de la población está a favor de la independencia. Pero podría hacerlo, es decir, podría concurrir a las elecciones con esa consigna independentista, de modo que los votantes supieran claramente lo que apoyan.En los casos de Álava y Navarra, los resultados electorales vienen poniendo de manifiesto que estas provincias no desean la independencia. Los navarros ni siquiera desean mayoritariamente formar parte (al menos en la actualidad) de la Comunidad Autónoma vasca, según han puesto de manifiesto de modo reiterado en todas las elecciones.
Pero estas últimas cuestiones no son lo más importante. Lo fundamental es que la sociedad vasca dispone de un camino recorrible, pacífico y democrático, para conseguir (si lo quisiera) un objetivo independentista. Sin necesidad de usar la violencia, sin tener que matar a nadie.
Los independentistas podrían también defender su postura en el Parlamento Europeo y otras instituciones de la U.E., dado que, además, existen otros territorios de Europa en donde hay planteado igualmente un debate soberanista (Escocia, Córcega, Flandes…).
Por todo ello, la utilización del homicidio como instrumento político es, en estas condiciones, radicalmente obscena.
Pero la organización ETA continúa asesinando personas. Miembros de las fuerzas de seguridad, políticos de otros partidos, profesionales e intelectuales siguen siendo asesinados en una macabra orgía de terror.
Quienes apoyan la independencia del País Vasco no temen que nadie los asesine por defender sus convicciones, pero en cambio los que discrepan de esas ideas tienen miedo a exponer opiniones críticas, y en particular a condenar abiertamente a la organización ETA. En el País Vasco se vive diariamente en un clima de forzada autorrestricción: temor a expresar en público las propias opiniones.
La irrupción de internet puede hacer quebrar esta indeseable tiranía de silencio.
A través de los blogs, foros, chats y demás ámbitos de debate que la Red nos permite, todos podemos -debemos- hablar sin miedo, exponer críticamente nuestras opiniones y expresarnos con libertad.
La organización ETA tiene reservado un sitio en las páginas más tenebrosas de la historia. La esperanza es que hoy, con internet, con el conocimiento acumulado y la tecnología disponible, podemos romper el miedoso silencio y hacer que otras voces (las que hasta ahora han callado: o sea, las nuestras) se oigan.
Supuestamente ETA pretende la independencia del País Vasco. Desea también la anexión de Navarra y de una zona del sur de Francia, que considera vascas. Parece ser que, en sus orígenes, pretendía asimismo la instauración de un Estado marxista-leninista en esos territorios, aunque este objetivo ideológico parece haberlo abandonado últimamente.
Pero, mientras todo esto ocurre, los ciudadanos vascos votan libremente desde hace treinta años en todos los ámbitos electorales: local, autonómico, estatal, europeo.
A esas elecciones pueden concurrir también los partidos independentistas, salvo aquéllos que de modo patente apoyen el terrorismo. Éstos últimos no están vedados por su ideología independentista, sino por su complicidad con la violencia.
Se da la circunstancia de que el partido nacionalista mayoritario no se presenta a las elecciones con un programa netamente independentista, con lo que es casi imposible saber qué parte de la población está a favor de la independencia. Pero podría hacerlo, es decir, podría concurrir a las elecciones con esa consigna independentista, de modo que los votantes supieran claramente lo que apoyan.En los casos de Álava y Navarra, los resultados electorales vienen poniendo de manifiesto que estas provincias no desean la independencia. Los navarros ni siquiera desean mayoritariamente formar parte (al menos en la actualidad) de la Comunidad Autónoma vasca, según han puesto de manifiesto de modo reiterado en todas las elecciones.
Pero estas últimas cuestiones no son lo más importante. Lo fundamental es que la sociedad vasca dispone de un camino recorrible, pacífico y democrático, para conseguir (si lo quisiera) un objetivo independentista. Sin necesidad de usar la violencia, sin tener que matar a nadie.
Los independentistas podrían también defender su postura en el Parlamento Europeo y otras instituciones de la U.E., dado que, además, existen otros territorios de Europa en donde hay planteado igualmente un debate soberanista (Escocia, Córcega, Flandes…).
Por todo ello, la utilización del homicidio como instrumento político es, en estas condiciones, radicalmente obscena.
Pero la organización ETA continúa asesinando personas. Miembros de las fuerzas de seguridad, políticos de otros partidos, profesionales e intelectuales siguen siendo asesinados en una macabra orgía de terror.
Quienes apoyan la independencia del País Vasco no temen que nadie los asesine por defender sus convicciones, pero en cambio los que discrepan de esas ideas tienen miedo a exponer opiniones críticas, y en particular a condenar abiertamente a la organización ETA. En el País Vasco se vive diariamente en un clima de forzada autorrestricción: temor a expresar en público las propias opiniones.
La irrupción de internet puede hacer quebrar esta indeseable tiranía de silencio.
A través de los blogs, foros, chats y demás ámbitos de debate que la Red nos permite, todos podemos -debemos- hablar sin miedo, exponer críticamente nuestras opiniones y expresarnos con libertad.
La organización ETA tiene reservado un sitio en las páginas más tenebrosas de la historia. La esperanza es que hoy, con internet, con el conocimiento acumulado y la tecnología disponible, podemos romper el miedoso silencio y hacer que otras voces (las que hasta ahora han callado: o sea, las nuestras) se oigan.
Monday, September 15, 2008
Pregunta
Y quien no desee ser ciudadano de "este municipio", de "esta comarca", de "esta provincia", de "esta región", de "este estado"..., sino sólo y meramente ciudadano de la Tierra, ¿en qué censo o padrón puede darse de alta?
Friday, September 05, 2008
192
192 es, según he leído, el número de Estados que hay actualmente en el planeta. Puede que ya haya algunos más (¿Kosovo?, ¿Osetia? ...).
192 Estados: grandes y pequeños, pero todos ellos movidos por su particular interés. No por el interés de la humanidad, no por el interés del planeta..., sino sólo por el interés de ellos mismos.
El bien de la humanidad en su conjunto sólo les importa en tanto afecte a su interés nacional.
Unos Estados son más ricos que otros, unos tienen mejor clima o mayores recursos naturales (igual que pasa con las personas dentro de cada país), pero no existe ningún proyecto global para la redistribución de la riqueza ni para la reducción mundial de las desigualdades.
Y, mientras tanto, nadie piensa en la supresión de fronteras, que es lo que haría posible el equilibrio interterritorial del mundo. Al contrario: sólo se piensa en crear nuevos Estados, nuevas divisiones, nuevas fronteras.
Sólo en Europa, hay actualmente movimientos independentistas en Escocia, Flandes, Córcega, Cataluña, Euskadi… En Asia, tras la caída del sistema soviético han surgido multitud de nuevos Estados.
En cambio, sólo se atisba un movimiento parcialmente favorable a la supresión de fronteras en el Tratado de la Unión Europea, aunque está aún muy lejana su integración como un Estado único.
De modo que los humanos seguimos casi igual que en los albores de la civilización: divididos en tribus o clanes que sólo buscan su propio beneficio grupal y que, si es necesario, recurren a la guerra para dirimir las disputas.
Es, por lo demás, pintoresco que personas que dicen ser solidarias y de izquierdas se declaren, al mismo tiempo, nacionalistas. Resulta curioso porque “nacionalismo” e “izquierda” con conceptos antitéticos e incompatibles entre sí.
Si incluso los llamados progresistas caen en la trampa del nacionalismo (o sea: tribalismo), ¿quién defenderá entonces la supresión de fronteras en el mundo? ¿Quién propugnará la constitución de un único Estado democrático y universal (de un Estado mundial en el que, si no la supresión total de los desequilibrios, sí podría conseguirse a corto plazo la erradicación del hambre y la miseria extrema)?.
Hasta que eso ocurra, 192 Estados-tribu exhiben la minoría de edad del ser humano.
192 Estados: grandes y pequeños, pero todos ellos movidos por su particular interés. No por el interés de la humanidad, no por el interés del planeta..., sino sólo por el interés de ellos mismos.
El bien de la humanidad en su conjunto sólo les importa en tanto afecte a su interés nacional.
Unos Estados son más ricos que otros, unos tienen mejor clima o mayores recursos naturales (igual que pasa con las personas dentro de cada país), pero no existe ningún proyecto global para la redistribución de la riqueza ni para la reducción mundial de las desigualdades.
Y, mientras tanto, nadie piensa en la supresión de fronteras, que es lo que haría posible el equilibrio interterritorial del mundo. Al contrario: sólo se piensa en crear nuevos Estados, nuevas divisiones, nuevas fronteras.
Sólo en Europa, hay actualmente movimientos independentistas en Escocia, Flandes, Córcega, Cataluña, Euskadi… En Asia, tras la caída del sistema soviético han surgido multitud de nuevos Estados.
En cambio, sólo se atisba un movimiento parcialmente favorable a la supresión de fronteras en el Tratado de la Unión Europea, aunque está aún muy lejana su integración como un Estado único.
De modo que los humanos seguimos casi igual que en los albores de la civilización: divididos en tribus o clanes que sólo buscan su propio beneficio grupal y que, si es necesario, recurren a la guerra para dirimir las disputas.
Es, por lo demás, pintoresco que personas que dicen ser solidarias y de izquierdas se declaren, al mismo tiempo, nacionalistas. Resulta curioso porque “nacionalismo” e “izquierda” con conceptos antitéticos e incompatibles entre sí.
Si incluso los llamados progresistas caen en la trampa del nacionalismo (o sea: tribalismo), ¿quién defenderá entonces la supresión de fronteras en el mundo? ¿Quién propugnará la constitución de un único Estado democrático y universal (de un Estado mundial en el que, si no la supresión total de los desequilibrios, sí podría conseguirse a corto plazo la erradicación del hambre y la miseria extrema)?.
Hasta que eso ocurra, 192 Estados-tribu exhiben la minoría de edad del ser humano.
Tuesday, July 29, 2008
Cómo pesa esta Historia
Muchas ciudades europeas están situadas en las faldas de cerros y colinas, alrededor de un castillo. Fueron construidas así en la Edad Media, cuando era básico disponer de una fortaleza amurallada. Pero esto en la actualidad es un inconveniente, ya que las calles en cuesta son difíciles de recorrer. Son, además, calles estrechas y tortuosas, aptas para desplazarse a pie o a caballo, pero imposibles para los medios de transporte actuales.
Es el peso de la Historia.
Hasta hace poco en Europa había decenas de monedas oficiales: el franco, el marco, la peseta, el escudo, la lira, etc. Esto dificultaba considerablemente las transacciones internacionales.
Es el peso de la Historia.
Todavía hoy es difícil la comunicación verbal entre europeos de distintos países. Pese al avance del inglés como lengua internacional, aún son muchos (seguramente la mayoría) los europeos que no pueden conversar fluidamente entre sí.
Es el peso de la Historia.
Qué contraste –por ejemplo- con los Estados Unidos: donde las ciudades, al ser modernas, poseen anchas calles trazadas en cuadrícula; donde siempre ha habido una moneda común (el dólar); y donde el idioma inglés permite comunicarse desde la costa del Atlántico hasta la del Pacífico. Es la ventaja de no tener (apenas) Historia.
A los países viejos, la Historia nos legó una rémora de división, de guerras, de fronteras… Qué pesadez.
Nuestra Historia es una carga muy gravosa. Es un lastre que tenemos que soltar.
Es el peso de la Historia.
Hasta hace poco en Europa había decenas de monedas oficiales: el franco, el marco, la peseta, el escudo, la lira, etc. Esto dificultaba considerablemente las transacciones internacionales.
Es el peso de la Historia.
Todavía hoy es difícil la comunicación verbal entre europeos de distintos países. Pese al avance del inglés como lengua internacional, aún son muchos (seguramente la mayoría) los europeos que no pueden conversar fluidamente entre sí.
Es el peso de la Historia.
Qué contraste –por ejemplo- con los Estados Unidos: donde las ciudades, al ser modernas, poseen anchas calles trazadas en cuadrícula; donde siempre ha habido una moneda común (el dólar); y donde el idioma inglés permite comunicarse desde la costa del Atlántico hasta la del Pacífico. Es la ventaja de no tener (apenas) Historia.
A los países viejos, la Historia nos legó una rémora de división, de guerras, de fronteras… Qué pesadez.
Nuestra Historia es una carga muy gravosa. Es un lastre que tenemos que soltar.
Monday, July 28, 2008
El Dr. J.
En el libro al que ya me he referido (El hombre en busca de sentido), Viktor Frankl cuenta la historia del Dr. J.:
“El Dr. J. es el único hombre con el que me he cruzado en mi vida al que me atrevería a calificar como un ser diabólico. En aquella época se le conocía con el sobrenombre del “asesino de masas de Steinhof”, el gigantesco hospital psiquiátrico de Viena. Fue el encargado de poner en práctica el programa de eutanasia iniciado por los nazis. Lo desempeñó con un fanatismo tal que hizo todo lo posible para que ni un solo enfermo mental escapara a la cámara de gas. Cuando regresé a Viena, después de la guerra, me interesé por la suerte del Dr. J. “Los rusos lo mantenían prisionero en una de las celdas de aislamiento de Steinhof”, me informaron. “Pero al día siguiente la puerta de su celda apareció abierta y nunca se volvió a saber nada de él”.
Años después, visitó mi consulta un antiguo diplomático austriaco, prisionero tras el telón de acero durante muchos años, primero en Siberia y después en la famosa prisión Lubianka de Moscú. Mientras cumplimentaba su examen neurológico, me preguntó, de pronto, si conocía al Dr. J. Tras mi respuesta afirmativa, continuó: “Yo coincidí con él en Lubianka. Murió allí de cáncer de próstata, a los 40 años. Pero antes de morir fue el mejor compañero, casi ejemplar. Consolaba a todo el mundo. Mantenía un comportamiento impecable. Era el mejor amigo que encontré en mis largos años de cautiverio”.
Ésta es la historia del Dr. J., el “asesino de masas de Steinhof”.
O sea que, aunque cueste creerlo, en el mismo ser humano -el Dr. J.- cupieron la crueldad extrema y la solidaridad. Y es que ¡ caben tantas personas dentro de una persona !
“El Dr. J. es el único hombre con el que me he cruzado en mi vida al que me atrevería a calificar como un ser diabólico. En aquella época se le conocía con el sobrenombre del “asesino de masas de Steinhof”, el gigantesco hospital psiquiátrico de Viena. Fue el encargado de poner en práctica el programa de eutanasia iniciado por los nazis. Lo desempeñó con un fanatismo tal que hizo todo lo posible para que ni un solo enfermo mental escapara a la cámara de gas. Cuando regresé a Viena, después de la guerra, me interesé por la suerte del Dr. J. “Los rusos lo mantenían prisionero en una de las celdas de aislamiento de Steinhof”, me informaron. “Pero al día siguiente la puerta de su celda apareció abierta y nunca se volvió a saber nada de él”.
Años después, visitó mi consulta un antiguo diplomático austriaco, prisionero tras el telón de acero durante muchos años, primero en Siberia y después en la famosa prisión Lubianka de Moscú. Mientras cumplimentaba su examen neurológico, me preguntó, de pronto, si conocía al Dr. J. Tras mi respuesta afirmativa, continuó: “Yo coincidí con él en Lubianka. Murió allí de cáncer de próstata, a los 40 años. Pero antes de morir fue el mejor compañero, casi ejemplar. Consolaba a todo el mundo. Mantenía un comportamiento impecable. Era el mejor amigo que encontré en mis largos años de cautiverio”.
Ésta es la historia del Dr. J., el “asesino de masas de Steinhof”.
O sea que, aunque cueste creerlo, en el mismo ser humano -el Dr. J.- cupieron la crueldad extrema y la solidaridad. Y es que ¡ caben tantas personas dentro de una persona !
Sunday, July 20, 2008
El espanto por dentro
Viktor Frankl fue un psiquiatra austriaco que, debido a su origen judío, permaneció durante años recluido en varios campos de concentración nazis. En su libro El hombre en busca de sentido recoge algunas de las vivencias que experimentó. No es, seguramente, el libro que mejor describe la vida en los campos de concentración, pero sí el que mejor retrata la actitud de sus protagonistas.
Gracias a este libro podemos saber que:
-No todos los prisioneros eran buenos. Entre ellos también había canallas. Precisamente los más depravados solían ser nombrados Kapos o capataces por los miembros de las SS que dirigían el campo.
-Entre los prisioneros eran frecuentes las intrigas y maquinaciones para influir sobre las autoridades a la hora de seleccionar los presos que periódicamente eran enviados a otros campos (de trabajo o de exterminio).
-Los presos que no participaron en traiciones e intrigas no sobrevivieron. Textualmente dice el autor que los mejores de entre nosotros no regresaron a casa.
-La solidaridad y comprensión entre los presos no siempre estuvo presente. El autor cuenta que, con ocasión de un traslado, el tren en que eran llevados pasó junto a la calle donde él había nacido. Les supliqué un huequecito para acercarme a la mirilla durante un instante. Intenté explicarles cuánto significaba para mí. Rechazaron mi petición con rudeza: “Así que has vivido ahí tantos años… Entonces ya lo tienes muy visto".
-Los prisioneros eran conscientes de que la cámara de gas era el destino de los no productivos. De ahí su afán en mantenerse útiles. El autor relata cómo, tras ser trasladado de campo con otros presos, todos festejaron el hecho de que de las duchas saliera… agua.
-No obstante, los suicidios entre los prisioneros eran frecuentes. Bastaba, para ello, lanzarse contra las vallas electrificadas del campo.
-No todos los dirigentes de los campos de concentración eran malvados. El autor alude a un vigilante que daba pan a los presos quitándoselo de su propia comida, e incluso a un comandante alemán que compraba de su bolsillo medicinas para los prisioneros. Y es que, como concluye Frankl, hay dos razas de hombres en el mundo y nada más que dos: la raza de los hombres decentes y la raza de los hombres indecentes. Ambas se entremezclan en todas partes y en todas las capas sociales. Ningún grupo se compone exclusivamente de hombres decentes o indecentes. Ningún grupo es de pura raza.
................................
Tras la lectura de este libro queda claro que el nazismo consiguió sacar de las personas (y no sólo de quienes se vieron obligados a colaborar con él, sino incluso de sus víctimas) lo peor que llevaban dentro.
El problema, entonces, no es que Hitler y otros dirigentes nazis fueran unos monstruos, sino que lograron monstruizar a una ingente cantidad de personas.
Y es que, por desgracia y a la vista de lo que la Historia nos enseña, monstruizar a otros parece algo relativamente fácil.
Gracias a este libro podemos saber que:
-No todos los prisioneros eran buenos. Entre ellos también había canallas. Precisamente los más depravados solían ser nombrados Kapos o capataces por los miembros de las SS que dirigían el campo.
-Entre los prisioneros eran frecuentes las intrigas y maquinaciones para influir sobre las autoridades a la hora de seleccionar los presos que periódicamente eran enviados a otros campos (de trabajo o de exterminio).
-Los presos que no participaron en traiciones e intrigas no sobrevivieron. Textualmente dice el autor que los mejores de entre nosotros no regresaron a casa.
-La solidaridad y comprensión entre los presos no siempre estuvo presente. El autor cuenta que, con ocasión de un traslado, el tren en que eran llevados pasó junto a la calle donde él había nacido. Les supliqué un huequecito para acercarme a la mirilla durante un instante. Intenté explicarles cuánto significaba para mí. Rechazaron mi petición con rudeza: “Así que has vivido ahí tantos años… Entonces ya lo tienes muy visto".
-Los prisioneros eran conscientes de que la cámara de gas era el destino de los no productivos. De ahí su afán en mantenerse útiles. El autor relata cómo, tras ser trasladado de campo con otros presos, todos festejaron el hecho de que de las duchas saliera… agua.
-No obstante, los suicidios entre los prisioneros eran frecuentes. Bastaba, para ello, lanzarse contra las vallas electrificadas del campo.
-No todos los dirigentes de los campos de concentración eran malvados. El autor alude a un vigilante que daba pan a los presos quitándoselo de su propia comida, e incluso a un comandante alemán que compraba de su bolsillo medicinas para los prisioneros. Y es que, como concluye Frankl, hay dos razas de hombres en el mundo y nada más que dos: la raza de los hombres decentes y la raza de los hombres indecentes. Ambas se entremezclan en todas partes y en todas las capas sociales. Ningún grupo se compone exclusivamente de hombres decentes o indecentes. Ningún grupo es de pura raza.
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Tras la lectura de este libro queda claro que el nazismo consiguió sacar de las personas (y no sólo de quienes se vieron obligados a colaborar con él, sino incluso de sus víctimas) lo peor que llevaban dentro.
El problema, entonces, no es que Hitler y otros dirigentes nazis fueran unos monstruos, sino que lograron monstruizar a una ingente cantidad de personas.
Y es que, por desgracia y a la vista de lo que la Historia nos enseña, monstruizar a otros parece algo relativamente fácil.
Friday, July 04, 2008
Natural o no
Desde distintos ámbitos se postula lo natural y se reprueba lo antinatural. Quienes así se pronuncian no sólo defienden su particular opción ideológica, sino que atribuyen a una parte de la realidad la condición de “natural”, y a otra parte la de “antinatural”.
Algunas personas consideran antinaturales (desde su personal perspectiva) la fecundación asistida, los alimentos transgénicos, los métodos anticonceptivos, la energía nuclear, la eutanasia, etc.
E históricamente han sido consideradas antinaturales otras conductas o actuaciones.
En nuestro tiempo la esclavitud nos parece lo más antinatural que puede existir, pero Aristóteles sostuvo que la esclavitud es conforme con la naturaleza, pues unos hombres nacen libres y otros nacen esclavos. (Casualmente, él nació libre: ¡ qué cara más dura !)
Desde ciertas instancias religiosas se afirma que el matrimonio es una institución “de derecho natural”. Pero todos sabemos que la monogamia es más bien excepcional en la naturaleza.
Ningún animal fríe ni cuece sus alimentos. Según eso, cocinar sería antinatural.
Ningún animal se viste. Según eso, llevar ropa sería antinatural.
Hasta hace poco en las facultades de Derecho había una asignatura llamada Derecho Natural. Tras cursarla, la conclusión que obtenían los alumnos es que el Derecho Natural no existe.
En la Naturaleza lo normal es que los animales fuertes den muerte a los débiles. Los carnívoros suelen escoger como víctimas a las hembras embarazadas o a los cachorros de otras especies. No hay solidaridad ni clemencia en este punto. La naturaleza es cruel y despiadada.
Los animales que nacen débiles están abocados a morir, ya que nadie acude en su auxilio. Si un animal enferma, lo habitual es que ningún otro (ni siquiera sus congéneres) le ayuden.
Si un animal pierde la vista o el oído, es rápidamente devorado por los depredadores, o muere de hambre en poco tiempo. No creo que nadie haya visto un león ni un antílope llevando gafas o audífono. Por tanto, “lo natural” sería que, cuando una persona queda sorda o miope, muera en cuestión de días.
Los antibióticos, los analgésicos, la anestesia, las prótesis, los trasplantes de órganos, las transfusiones sanguíneas, las intervenciones quirúrgicas… serían, desde este punto de vista, antinaturales.
Obviamente se replicará: “-Pero la inteligencia humana nos ha permitido desarrollar técnicas para curar enfermedades y evitar muertes. Y nuestra inteligencia también es natural. Por tanto, lo que la inteligencia puede conocer y producir forma también parte de la naturaleza; no es antinatural. Y asimismo la mente humana (que es natural) ha desarrollado un sentido de la ética, de la solidaridad, de la empatía, etc; que por tanto también son naturales”.
Lo anterior es suscribible. Pero entonces habría que ser coherentes. Y aceptar que esas otras realidades que algunos repudian por antinaturales (la anticoncepción, la fecundación in vitro, la muerte digna, los alimentos transgénicos, las clonaciones…) son también naturales, porque las ha desarrollado el cerebro humano, que es natural.
En medio de todo esto, lo único que parece claro es que los conceptos “natural” y “antinatural” no tienen utilidad alguna. Deberíamos evitar usarlos, pues sólo generan confusión. Podrán emplearse otros calificativos (solidario / insolidario, justo / injusto, humano / inhumano, egoísta / generoso…), pero en todo caso ganaríamos mucho desterrando de cualquier exposición los vocablos “natural” y “antinatural”.
Algunas personas consideran antinaturales (desde su personal perspectiva) la fecundación asistida, los alimentos transgénicos, los métodos anticonceptivos, la energía nuclear, la eutanasia, etc.
E históricamente han sido consideradas antinaturales otras conductas o actuaciones.
En nuestro tiempo la esclavitud nos parece lo más antinatural que puede existir, pero Aristóteles sostuvo que la esclavitud es conforme con la naturaleza, pues unos hombres nacen libres y otros nacen esclavos. (Casualmente, él nació libre: ¡ qué cara más dura !)
Desde ciertas instancias religiosas se afirma que el matrimonio es una institución “de derecho natural”. Pero todos sabemos que la monogamia es más bien excepcional en la naturaleza.
Ningún animal fríe ni cuece sus alimentos. Según eso, cocinar sería antinatural.
Ningún animal se viste. Según eso, llevar ropa sería antinatural.
Hasta hace poco en las facultades de Derecho había una asignatura llamada Derecho Natural. Tras cursarla, la conclusión que obtenían los alumnos es que el Derecho Natural no existe.
En la Naturaleza lo normal es que los animales fuertes den muerte a los débiles. Los carnívoros suelen escoger como víctimas a las hembras embarazadas o a los cachorros de otras especies. No hay solidaridad ni clemencia en este punto. La naturaleza es cruel y despiadada.
Los animales que nacen débiles están abocados a morir, ya que nadie acude en su auxilio. Si un animal enferma, lo habitual es que ningún otro (ni siquiera sus congéneres) le ayuden.
Si un animal pierde la vista o el oído, es rápidamente devorado por los depredadores, o muere de hambre en poco tiempo. No creo que nadie haya visto un león ni un antílope llevando gafas o audífono. Por tanto, “lo natural” sería que, cuando una persona queda sorda o miope, muera en cuestión de días.
Los antibióticos, los analgésicos, la anestesia, las prótesis, los trasplantes de órganos, las transfusiones sanguíneas, las intervenciones quirúrgicas… serían, desde este punto de vista, antinaturales.
Obviamente se replicará: “-Pero la inteligencia humana nos ha permitido desarrollar técnicas para curar enfermedades y evitar muertes. Y nuestra inteligencia también es natural. Por tanto, lo que la inteligencia puede conocer y producir forma también parte de la naturaleza; no es antinatural. Y asimismo la mente humana (que es natural) ha desarrollado un sentido de la ética, de la solidaridad, de la empatía, etc; que por tanto también son naturales”.
Lo anterior es suscribible. Pero entonces habría que ser coherentes. Y aceptar que esas otras realidades que algunos repudian por antinaturales (la anticoncepción, la fecundación in vitro, la muerte digna, los alimentos transgénicos, las clonaciones…) son también naturales, porque las ha desarrollado el cerebro humano, que es natural.
En medio de todo esto, lo único que parece claro es que los conceptos “natural” y “antinatural” no tienen utilidad alguna. Deberíamos evitar usarlos, pues sólo generan confusión. Podrán emplearse otros calificativos (solidario / insolidario, justo / injusto, humano / inhumano, egoísta / generoso…), pero en todo caso ganaríamos mucho desterrando de cualquier exposición los vocablos “natural” y “antinatural”.
Tuesday, July 01, 2008
Hiperactivos
La gravedad atrae. Los planetas giran. El aire se mueve y entonces hace viento. El agua se evapora y entonces forma nubes. Las nubes se condensan y entonces llueve o nieva. Su rozamiento causa, a veces, relámpagos. Los minerales cristalizan. Los volcanes erupcionan...
Y hacen todo eso sin necesidad de saber ni de saberse. Sin necesidad de vida ni conciencia. (Porque, para accionar, ni la conciencia ni la vida son necesarias.)
Son seres inertes: ni están vivos ni aspiran a estarlo. Pero no están quietos. Al contrario: siempre, o casi siempre, están haciendo algo.
Son inertemente hiperactivos.
Y hacen todo eso sin necesidad de saber ni de saberse. Sin necesidad de vida ni conciencia. (Porque, para accionar, ni la conciencia ni la vida son necesarias.)
Son seres inertes: ni están vivos ni aspiran a estarlo. Pero no están quietos. Al contrario: siempre, o casi siempre, están haciendo algo.
Son inertemente hiperactivos.
Wednesday, June 25, 2008
Lo llamamos Internet pero su verdadero nombre es Utopía
Internet no es sólo un invento.
Internet puede ser lo mejor que le ha pasado a la humanidad desde su inicio como especie.
Internet puede salvar al mundo.
Con internet la gente (la humanidad interconectada) puede tomar el control de la Tierra.
Con internet la población mundial puede dejar de estar sometida a unos pocos.
Con internet puede acabar el control de la información, su filtrado por unos cuantos.
Con internet puede acabar la manipulación a gran escala.
Con internet cada persona puede disponer de su propio periódico (o web, o página, o blog) y su propio medio audiovisual, para que nadie acalle sus opiniones y denuncias, ni tergiverse la realidad.
Con internet pueden hacerse inviables los grandes engaños, las colosales ocultaciones de otros tiempos.
Con internet pueden desaparecer las tiranías y arbitrariedades.
Con internet pueden desaparecer los fanatismos religiosos.
Con internet pueden desaparecer los integrismos nacionalistas.
Con internet pueden desaparecer los oscurantismos de toda índole.
Con internet pueden desaparecer las fronteras (físicas y mentales).
Con internet pueden desaparecer las guerras.
Con internet puede desaparecer el terrorismo.
Con internet puede venir la paz.
Con internet (con el messenger, las redes sociales, los foros, los chats…), los habitantes de los Estados en conflicto pueden comunicarse entre ellos; decirse: “si yo no te hice nada y tú a mí tampoco, ¿por qué nuestros países han de estar en guerra?”. “Echemos a estos gobernantes estúpidos: que cada cual expulse a los suyos”.
Con internet, posiblemente, no habrá más Calígulas, Nerones, Napoleones Bonapartes, Sabinos Aranas, Hitlers, Stálines, Mussolinis, Francos, Trujillos, Somozas, Pinochéts, Castros… No habrá más sátrapas, dictadores, ni caudillos.
Al paso de la libertad y la transparencia, caerán, una a una, todas las viejas lacras del hombre.
Con internet puede llegar la verdadera democracia universal, la soberanía del género humano conectado a una Red.
Con internet la humanidad puede tomar las riendas; ser, al fin, dueña de sí misma.
Por todo eso, Internet puede salvar al mundo.
(Me gustaría tanto no equivocarme…)
Internet puede ser lo mejor que le ha pasado a la humanidad desde su inicio como especie.
Internet puede salvar al mundo.
Con internet la gente (la humanidad interconectada) puede tomar el control de la Tierra.
Con internet la población mundial puede dejar de estar sometida a unos pocos.
Con internet puede acabar el control de la información, su filtrado por unos cuantos.
Con internet puede acabar la manipulación a gran escala.
Con internet cada persona puede disponer de su propio periódico (o web, o página, o blog) y su propio medio audiovisual, para que nadie acalle sus opiniones y denuncias, ni tergiverse la realidad.
Con internet pueden hacerse inviables los grandes engaños, las colosales ocultaciones de otros tiempos.
Con internet pueden desaparecer las tiranías y arbitrariedades.
Con internet pueden desaparecer los fanatismos religiosos.
Con internet pueden desaparecer los integrismos nacionalistas.
Con internet pueden desaparecer los oscurantismos de toda índole.
Con internet pueden desaparecer las fronteras (físicas y mentales).
Con internet pueden desaparecer las guerras.
Con internet puede desaparecer el terrorismo.
Con internet puede venir la paz.
Con internet (con el messenger, las redes sociales, los foros, los chats…), los habitantes de los Estados en conflicto pueden comunicarse entre ellos; decirse: “si yo no te hice nada y tú a mí tampoco, ¿por qué nuestros países han de estar en guerra?”. “Echemos a estos gobernantes estúpidos: que cada cual expulse a los suyos”.
Con internet, posiblemente, no habrá más Calígulas, Nerones, Napoleones Bonapartes, Sabinos Aranas, Hitlers, Stálines, Mussolinis, Francos, Trujillos, Somozas, Pinochéts, Castros… No habrá más sátrapas, dictadores, ni caudillos.
Al paso de la libertad y la transparencia, caerán, una a una, todas las viejas lacras del hombre.
Con internet puede llegar la verdadera democracia universal, la soberanía del género humano conectado a una Red.
Con internet la humanidad puede tomar las riendas; ser, al fin, dueña de sí misma.
Por todo eso, Internet puede salvar al mundo.
(Me gustaría tanto no equivocarme…)
Thursday, June 19, 2008
Estética de insectos
Lo leo en un libro de biología: “Las flores huelen porque producen sustancias químicas volátiles, esto es, que se evaporan fácilmente. Estas sustancias se generan en los pétalos y sobre todo en los nectarios, que se encuentran en la base de la flor, entre los pétalos y el pistilo. Los nectarios segregan azúcares y otras sustancias. Su finalidad es atraer a los animales polinizadores (abejas, colibríes, mariposas, polillas, etc), quienes dispersarán el polen de una flor a otra y así permitirán la fecundación.
Ésta es también la función de los colores vistosos de las flores: la atracción de los insectos polinizadores”.
Así que, siempre que nos acerquemos a una flor para contemplarla u olerla, deberíamos recordar que su color y su perfume no se hicieron para nosotros, sino para los insectos.
Lo más llamativo de esto quizá sea la coincidencia entre nuestro gusto olfativo y visual, y el de los invertebrados. Los mismos colores y aromas que atraen a los insectos nos atraen a nosotros. De ahí que las flores nos huelan “bien”. De ahí que en nuestras calles haya floristerías, regalemos rosas, cultivemos geranios en el balcón y fabriquemos agua de colonia con aromas florales.
Porque, en este punto, nuestro sentido de la estética es igual que el de las polillas.
Ésta es también la función de los colores vistosos de las flores: la atracción de los insectos polinizadores”.
Así que, siempre que nos acerquemos a una flor para contemplarla u olerla, deberíamos recordar que su color y su perfume no se hicieron para nosotros, sino para los insectos.
Lo más llamativo de esto quizá sea la coincidencia entre nuestro gusto olfativo y visual, y el de los invertebrados. Los mismos colores y aromas que atraen a los insectos nos atraen a nosotros. De ahí que las flores nos huelan “bien”. De ahí que en nuestras calles haya floristerías, regalemos rosas, cultivemos geranios en el balcón y fabriquemos agua de colonia con aromas florales.
Porque, en este punto, nuestro sentido de la estética es igual que el de las polillas.
Monday, June 09, 2008
Palabras como balas
Algunas formas de dañar por medio de las palabras:
El engaño.
La humillación.
La ironía.
La sátira.
La insinuación.
La burla.
El insulto.
La amenaza.
El rumor.
El sarcasmo.
El grito.
El desprecio.
La difamación.
El embaucamiento.
La demagogia.
La manipulación.
El apodo.
La insidia…
Con las palabras se puede injuriar, mentir, tergiversar, herir, vejar, escarnecer, humillar, retorcer, difamar…
“Tristes armas, si no son las palabras”, decía Miguel Hernández. Pero también las palabras pueden ser tristes. También ellas pueden ser cruentas.
Hay palabras que explosionan como bombas. Hay palabras que se incrustan como metralla. Hay palabras que destruyen como obuses.
Hay palabras hirientes como balas. Hay frases tristes y dañinas como un arma de fuego.
El engaño.
La humillación.
La ironía.
La sátira.
La insinuación.
La burla.
El insulto.
La amenaza.
El rumor.
El sarcasmo.
El grito.
El desprecio.
La difamación.
El embaucamiento.
La demagogia.
La manipulación.
El apodo.
La insidia…
Con las palabras se puede injuriar, mentir, tergiversar, herir, vejar, escarnecer, humillar, retorcer, difamar…
“Tristes armas, si no son las palabras”, decía Miguel Hernández. Pero también las palabras pueden ser tristes. También ellas pueden ser cruentas.
Hay palabras que explosionan como bombas. Hay palabras que se incrustan como metralla. Hay palabras que destruyen como obuses.
Hay palabras hirientes como balas. Hay frases tristes y dañinas como un arma de fuego.
Wednesday, June 04, 2008
Una maravillosa anomalía
No tenemos miedo a que alguien más fuerte que nosotros nos esclavice.
No tenemos miedo a que nos recluyan en un campo de concentración a causa de nuestra raza, origen, orientación sexual…
No tenemos miedo a que se nos detenga arbitrariamente, se nos encarcele sin juicio ni garantías, se nos torture, se nos ejecute.
No tenemos miedo a que nos prohíban ser creyentes, o agnósticos, o ateos.
No tenemos miedo a que nos sancionen por defender una ideología, o por editar un libro o un periódico, o por leerlos.
No tenemos miedo a nada de eso. Al menos en nuestro país y en nuestro tiempo, no tenemos miedo. Y no temer nos parece lo normal.
Pero no es así. Lo normal, lo habitual y cotidiano en la historia de la humanidad ha sido (y en buena parte del mundo sigue siendo) lo contrario.
La democracia es una rareza geográfica e histórica, una pequeña isla en el mar de la crueldad, la ignominia y la opresión.
A lo largo de la historia de la humanidad lo normal no ha sido la democracia, sino la tiranía. Lo normal no ha sido que quienes gobiernan fuesen elegidos por el pueblo, sino que gobierne el más atroz y sanguinario. Lo normal no ha sido la tolerancia, sino el fanatismo. Lo normal no ha sido la igualdad de derechos, sino el dominio de unos sobre otros. Lo normal no ha sido la seguridad jurídica, sino el abuso de poder.
La aparición de la democracia constituyó una excepción, una maravillosa anomalía en medio de un mundo regido por la fuerza bruta, el despotismo y la arbitrariedad.
No tenemos miedo a que nos recluyan en un campo de concentración a causa de nuestra raza, origen, orientación sexual…
No tenemos miedo a que se nos detenga arbitrariamente, se nos encarcele sin juicio ni garantías, se nos torture, se nos ejecute.
No tenemos miedo a que nos prohíban ser creyentes, o agnósticos, o ateos.
No tenemos miedo a que nos sancionen por defender una ideología, o por editar un libro o un periódico, o por leerlos.
No tenemos miedo a nada de eso. Al menos en nuestro país y en nuestro tiempo, no tenemos miedo. Y no temer nos parece lo normal.
Pero no es así. Lo normal, lo habitual y cotidiano en la historia de la humanidad ha sido (y en buena parte del mundo sigue siendo) lo contrario.
La democracia es una rareza geográfica e histórica, una pequeña isla en el mar de la crueldad, la ignominia y la opresión.
A lo largo de la historia de la humanidad lo normal no ha sido la democracia, sino la tiranía. Lo normal no ha sido que quienes gobiernan fuesen elegidos por el pueblo, sino que gobierne el más atroz y sanguinario. Lo normal no ha sido la tolerancia, sino el fanatismo. Lo normal no ha sido la igualdad de derechos, sino el dominio de unos sobre otros. Lo normal no ha sido la seguridad jurídica, sino el abuso de poder.
La aparición de la democracia constituyó una excepción, una maravillosa anomalía en medio de un mundo regido por la fuerza bruta, el despotismo y la arbitrariedad.
Tuesday, June 03, 2008
Cuéntame un cuento
Lo relata José Antonio Marina, refiriéndose a una anécdota del novelista inglés Charles Dickens (1812-1870). Como otros muchos autores de su época, algunas de sus novelas se iban editando por capítulos en periódicos o folletines. Tras la publicación de un capítulo en que la protagonista quedaba en peligro de muerte, una multitud de personas aguardaba expectante en el muelle de Nueva York la llegada del barco que traía la nueva entrega. Embargado de la misma emoción que el público, el capitán se asomó a la borda y gritó: "¡ Nelly se ha salvado ! ¡ Nelly se ha salvado !".
Al hilo de ello me pregunto: ¿qué hace que nos atraigan tanto las historias de ficción? Narraciones de no-hechos que nunca pasaron, de no-vivencias de gente que nunca existió, ¿por qué nos gusta oírlas, leerlas, verlas en imágenes?
No es porque sean divertidas: muchas de esas historias ficticias son duras y tristes (como lo eran las novelas de Dickens). No es tampoco porque la realidad carezca de tramas: por desgracia la vida real está repleta de argumentos enrevesados.
Entonces, ¿por qué nos gustan las historias inventadas?
Quizá sea por mera atracción de lo imaginario y lo irreal, de esos mundos alternativos en los que viven otras personas y pasan otras cosas, igual que de niños nos gustaba oír (a sabiendas de que eran mentira, o precisamente por eso) los cuentos que nos contaban.
Al hilo de ello me pregunto: ¿qué hace que nos atraigan tanto las historias de ficción? Narraciones de no-hechos que nunca pasaron, de no-vivencias de gente que nunca existió, ¿por qué nos gusta oírlas, leerlas, verlas en imágenes?
No es porque sean divertidas: muchas de esas historias ficticias son duras y tristes (como lo eran las novelas de Dickens). No es tampoco porque la realidad carezca de tramas: por desgracia la vida real está repleta de argumentos enrevesados.
Entonces, ¿por qué nos gustan las historias inventadas?
Quizá sea por mera atracción de lo imaginario y lo irreal, de esos mundos alternativos en los que viven otras personas y pasan otras cosas, igual que de niños nos gustaba oír (a sabiendas de que eran mentira, o precisamente por eso) los cuentos que nos contaban.
Monday, June 02, 2008
Hiperrealidad
Si al acariciar una piel tocáramos tejido celular formado por capas con poros y folículos... Si al mirar unos ojos viéramos órganos compuestos de iris, cristalino, células fotosensibles... Si al besar unos labios percibiéramos repliegues musculares con piel y con mucosas..., entonces sufriríamos un exceso de cordura, una hiper-lucidez, una específica variedad de la demencia.
Saturday, May 31, 2008
Ineternos
Suele decirse que el ser humano es el único que se plantea la eventualidad de una vida eterna. Pero posiblemente sea al contrario. Puede que el hombre sea el único ser que se plantea la finitud de la vida. Para los animales la vida (su vida) es eterna, porque no son conscientes de su propia mortalidad: desconocen que están abocados a morir. Aunque algunos animales puedan percibir la muerte de sus congéneres, es muy dudoso que lleguen a extrapolar ese hecho y a colegir que también ellos han de morir un día. Pero, en el caso del hombre, esta deducción es inevitable. Desde muy temprano nuestros antecesores debieron cobrar conciencia de su no-eternidad (y de ahí, tal vez, el surgimiento de ideas religiosas sobre otra vida posterior, futura y… eterna).
A lo largo de su evolución, los homínidos se fueron topando con múltiples sorpresas. Se incide mucho en la adquisición del lenguaje, la fabricación de instrumentos y el sentido estético. Pero, desde el punto de vista de su propia percepción como ser, el acontecimiento más trascendente debió ser la conciencia anticipada de su propia muerte: la sensación de fugacidad, de ese inevitable partir para no volver nunca; la convicción de que la vida (la única vida real y tangible) no es eterna.
A lo largo de su evolución, los homínidos se fueron topando con múltiples sorpresas. Se incide mucho en la adquisición del lenguaje, la fabricación de instrumentos y el sentido estético. Pero, desde el punto de vista de su propia percepción como ser, el acontecimiento más trascendente debió ser la conciencia anticipada de su propia muerte: la sensación de fugacidad, de ese inevitable partir para no volver nunca; la convicción de que la vida (la única vida real y tangible) no es eterna.
Friday, May 30, 2008
La forma
La forma del cuerpo. La figura que crece o decrece, pero no cambia.
Ancianos que, tras fracturarse la cadera, reaprenden a caminar con un andador. Con uno de esos aparatos ortopédicos, similares al taca-taca de los niños.
Pañales de celulosa para incontinencias. Similares a los de los bebés. Dodotis de un solo uso, pañales de lactante para ancianos de ochenta.
Y el decrecer (des-crecer) del cuerpo. Los huesos y ligamentos que, con la edad, encogen. De pronto uno es más bajo: deja de llegar a los cajones y estantes a que antes alcanzaba. Ahora la ropa empieza a venir grande, igual que en la infancia se iba quedando pequeña.
A lo largo de la vida cambian las facciones y el tamaño. Nuestro volumen, nuestra estatura aumentan o disminuyen. Pero la forma no.
Nuestra figura, nuestro trazado esencial es, quizás, lo único que permanece.
Ancianos que, tras fracturarse la cadera, reaprenden a caminar con un andador. Con uno de esos aparatos ortopédicos, similares al taca-taca de los niños.
Pañales de celulosa para incontinencias. Similares a los de los bebés. Dodotis de un solo uso, pañales de lactante para ancianos de ochenta.
Y el decrecer (des-crecer) del cuerpo. Los huesos y ligamentos que, con la edad, encogen. De pronto uno es más bajo: deja de llegar a los cajones y estantes a que antes alcanzaba. Ahora la ropa empieza a venir grande, igual que en la infancia se iba quedando pequeña.
A lo largo de la vida cambian las facciones y el tamaño. Nuestro volumen, nuestra estatura aumentan o disminuyen. Pero la forma no.
Nuestra figura, nuestro trazado esencial es, quizás, lo único que permanece.
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